| ¿Cómo recordar la Segunda Guerra Mundial? |
| Escrito por Carlos Balladares C. | X: @Profeballa |
| Jueves, 09 de Abril de 2026 00:00 |
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Desde el 2024 en ciertos momentos pasamos a una frecuencia quincenal, la cual mantendremos en la nueva serie sobre su centenario (2039-2045) que iniciaremos a partir de nuestra próxima entrega. Hoy queremos seguir lo planteado por el último episodio de la serie documental The World at war (Jeremy Isaacs/ David Elstein, 1973-74) titulado “Remember”. Nos causó un gran impacto cuando lo vimos por primera vez, no solo por su significado sino especialmente porque fue el final de una experiencia que nunca habíamos tenido: el ver una larguísima serie documental desde el principio hasta el fin de forma ordenada. El apego fue tal que 40 años después escribimos sobre esta emoción, sobre el impacto que generó en nuestras vidas. Todo ser humano en algún momento de su historia personal y colectiva debe preguntarse: ¿cómo recordar las tragedias que padeció? Una reacción inicial como medida de protección es el olvido, siendo el mejor ejemplo el del pueblo alemán. En el episodio final de The World at war/ Mundo en guerra; serie que vi tantas veces en mi niñez y adolescencia en el canal 8 Venezolana de Televisión, y cuya banda sonora compuesta por Carl Davis quedó grabada en mi memoria; está repleto de testimonios sobre diversos protagonistas: un sobreviviente de un campo de exterminio, civiles que sufrieron la destrucción, combatientes que perdieron a sus “hermanos de trincheras”. Una civil alemana (Christable Bielenberg) dice: “Caminábamos entre las ruinas de nuestras ciudades, pero las ruinas en nuestras mentes eran mucho peores. Habíamos perdido no solo la guerra, sino nuestra propia humanidad y la confianza en todo lo que nos habían dicho que era correcto”. Todos concuerdan que cuando llegó el final de la guerra no estaban exultantes o aliviados porque sentían un peso en su espíritu. Era una especie de deuda con los que no vieron ese momento, pero sobretodo era como si su humanidad se había perdido. Las ruinas y la devastación no era solo material, no solo estaba a la vista; porque las peores heridas eran las que no se podían ver. Muchos hablan de un anhelo de silencio, paz y normalidad. Todos querían escuchar sus historias pero los que sufrieron no querían hablar. En el episodio 10 “Home” de la serie The Pacific (Tom Hanks & Steven Spielberg, 2010) basada en las memorias del marine Eugene Sledge (1981): “With the Old Breed: At Peleliu and Okinawa”, este pasa un tiempo sin hacer nada en una actitud de silente contemplación en medio del estrés posbélico. Su madre se preocupa pero su padre, un médico que conoció los traumas de la pos-primera guerra mundial, lo comprende y lo deja tranquilo para que descanse y pueda “digerir” sus vivencias de la guerra pero “Sledgehammer” ya no puede ver la muerte de la misma forma. En anteriores entregas explicamos cómo después de firmar la paz la guerra siguió de alguna forma en la tragedia de la destrucción e incluso varios países desarrollaron guerras civiles. El cine fue dominado en los años inmediatos a las capitulaciones del Eje principalmente por películas que hacían de los aliados héroes que libraron al mundo de los peores monstruos, y en las batallas había muertos (muy pocos del lado aliado) pero no había sangre. El documental no deja de repetir: “recuerden los muertos” señalando las estadísticas de fallecidos y heridos de los principales países involucrados y describiendo los diversos sentimientos que generó la vida en la guerra, como una forma de señalar lo importante: el sacrificio y la pérdida de tantos. ¿Qué quedará en la memoria después de la primera reacción? ¿qué quedará en la memoria de los que no la vivieron? El documental muestra muchas formas de conmemoración, desde los honores que la familia real británica rinde a los fallecidos hasta reuniones de veteranos entre ellas una del “Deutsches Afrika Korps”. En esta última, entrevistan soldados ya algo viejos los cuales afirman que la memoria tiende a olvidar lo malo y recordar solo lo bueno. No es del todo cierto porque existen los traumas e incluso colectivos. Alemania a diferencia del Japón o Italia, carga con el peso del Holocausto, pero al menos su cinematografía comenzó desde los 80 a representar la guerra de una forma más apegada a lo vivencial (a los hechos) y con menos culpa. Las nuevas generaciones, a diferencia de toda la historia anterior al cine y la fotografía, cuentan con la posibilidad de ver el rostro real (no virtual) de los protagonistas; pero incluso la extensión de la longevidad humana ha permitido que muchos de estos todavía puedan dar su testimonio de forma presencial. Claro, queda poco tiempo para que mueran los últimos. ¿Los olvidaremos cuando esto pase? La respuesta está en el cine, en el buen cine bélico que nos sigue transmitiendo emociones. Esta es la razón por la cual dedicamos estos 6 años a estudiar la relación entre cine e historiografía a medida que se iban cumpliendo sus 80 años; y que ahora seguiremos con su centenario ampliando la investigación a sus antecedentes en torno a la Primera Guerra Mundial. Mis estudiantes más jóvenes siguen descubriendo el peso de la Segunda Guerra en nuestro presente, cada vez que son atrapados por la trama de un buen filme. Y otra forma para recordarla es con el fortalecimiento de la memoria colectiva a través de la historia oral familiar. Todos los que conocieron una persona de esos tiempos debe seguir transmitiendo de generación en generación su testimonio. Es esto lo que están haciendo especialmente los hijos de los sobrevivientes de la Shoa. Recordar es honrar el sufrimiento y sacrificio de tantos, en especial los que fueron héroes porque lucharon contra la amenaza del totalitarismo. Honrar es también aprender de la experiencia de la humanidad y construir una historia diferente. Y finalmente reconocer que el dolor de aquella guerra tiene algo que decirle al dolor que nosotros padezcamos hoy. Porque en los tiempos terribles inevitablemente tenemos que asumir la tarea de vivir y seguir buscando la felicidad y el logro de la trascendencia centrada en un Dios que es Amor. Muchos me dicen: “¡pero fue una tragedia!” Sí, en especial si fuimos víctimas, pero también fueron momentos que pudimos contemplar la belleza de la naturaleza y de la bondad en medio de las condiciones que parecían exigir la sola supervivencia. Si te enamoraste, tuviste sueños y luchaste por ellos, si tuviste hijos y los amastes dándoles cariño y protección; esos tiempos aunque fueron una tragedia y una catástrofe no fueron catastróficos del todo. Nos dejaron aprendizajes que nos hicieron valorar una vida más sencilla y humilde. En la nueva serie que iniciaremos en nuestra siguiente entrega, anhelamos ir más allá en lo que respecta al tema sobre la relación entre el cine, la historiografía y la memoria del gran conflicto mundial. Prepararemos su centenario (2039-2045) dedicando como es lógico varios años a sus antecedentes y comenzando la cuenta de sus 100 años desde el 2031, siguiendo la tesis del historiador británico Richard Overy (2021) en su libro: Blood and Ruins. The Great Imperial War, 1931-1945, en el cual señala que fue una guerra imperial y por tanto: “la cronología convencional de la guerra ya no es útil. Los combates comenzaron a principios de la década de 1930 en China y terminaron en China, el Sudeste Asiático, Europa del Este y Oriente Medio sólo en la década posterior a 1945”. El fin es lograr una mayor capacidad para comprender el presente, teniendo en el horizonte las grandes preguntas que toda persona se hace hoy y siempre: ¿quién soy? ¿de dónde vengo? ¿para qué estoy aquí? y ¿a donde voy? El episodio 26 comienza y termina con la historia del pueblito agrícola de Oradur-sur-glane en la Francia ocupada por la Alemania nazi. Dicho pueblo no pasaba de 700 habitantes el 10 de junio de 1944 cuando la unidad “Das Reich” de las Waffen SS llegó y reunió a sus pobladores (entre ellos muchos niños, mujeres y ancianos) para asesinarlos a todos, y después saquear sus edificios y destruirlos. Solo unos pocos pudieron esconderse y sobrevivir para contar la tragedia. El general Charles De Gaulle estableció en marzo de 1945 que dicho pueblo no sería reconstruido de modo que quedara como testimonio del horror de la ocupación, y así se ha mantenido hasta hoy. El documental señala que como ese pueblo miles padecieron el mismo destino de destrucción a lo largo de Europa y Asia en “un mundo en guerra”. La Segunda Guerra Mundial se había hecho parte de mi vida como ejemplo del mal que somos capaces de hacer los seres humanos, pero también de la capacidad que tenemos de amar en medio de las peores circunstancias. La decisión estará siempre en nuestra conciencia y en nuestras manos.
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