| Venezuela patria y fortuna |
| Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio |
| Domingo, 05 de Abril de 2026 03:38 |
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la que con más amor nos une, es la que tenemos los hombres con la República. Muy amados son los padres, los hijos, los parientes y los amigos, pero todos estos amores los encierra y abraza en sí el amor de la patria…”[2]
El significado etimológico de nación deriva del latín nascere (nacer), por tanto, apunta al origen geográfico y se utilizaba especialmente para diferenciar, en el seno de una comunidad, a gente llegadas de otros lugares. La idea de patria existía ya desde la antigüedad y con ella se significaba el lugar de procedencia familiar, la tierra de los padres. Con ese sentido se siguió empleando en la Edad Media, época en la cual se equiparaban los conceptos de patria (de pater, padre) y de país (de pagus, tierra o campo). La dimensión espacial es un requisito básico para la existencia de un Estado, vale decir, el soporte material de un territorio delimitado y demarcado por unas fronteras y unos límites dentro de los cuales se extiende la soberanía nacional. La síntesis de Nación y Estado da lugar a los Estados nacionales, en los cuales coinciden la realidad histórica de los grupos humanos y los límites de sus estructuras de soberanía. Pongamos por ejemplo una determinada realidad histórico–social: Venezuela, para ilustrar lo anterior. No hay duda de la existencia de un hecho nacional venezolano, que viene determinado por diversas representaciones económicas, sociales, ideológicas, culturales. Pero aun disponiendo de un perfecto conocimiento de ellos, para comprender la Venezuela contemporánea nos faltaría un elemento muy importante: su organización política, el conjunto articulado de sus instituciones. En líneas generales en eso consiste el Estado, en la institucionalización jurídico–política de la nación. De esta manera un Estado puede ser comprendido desde una doble mirada: la de su historia y la realización de la misma, y la de su legitimidad o aceptación por parte de los distintos pueblos (ciudadanos, habitantes, vecinos). Pero si bien es cierto que los Estados coinciden con las naciones en los llamados Estados nacionales, hay ocasiones en que una nación vive dividida en dos Estados –como Corea, p.ej. – o abarca un conjunto nacional más amplio –como en la desaparecida Yugoslavia–. Incluso puede darse la circunstancia de que exista una nación que no acoja en su territorio a sus nacionales. Tal es el caso de Venezuela, nación que hoy está constituida también por quienes han emigrado a diferentes latitudes del mundo (Australia, España, Colombia, Argentina, Brasil, Chile, Perú, Ecuador, Estados Unidos) pero no han perdido el sentido de identidad que fomenta no solo el territorio -ni el culto a Bolívar- sino la gastronomía, la música, la literatura, la historia (…); que inculcan a sus hijos y llevan a sus países de acogida. Los venezolanos, de forma cotidiana y de una generación a otra, hemos transmitido el amor por nuestra patria, es decir, el sentimiento de reverencia por la tierra de nuestros padres. Esto ha constituido la nación, un impulso de la conciencia presente en todo venezolano que lucha desde cualquier lugar por recuperar el bien común sustraído de la República (y que bien puede llamarse patriota). Desde esta comprensión, el nacionalismo sería el modelo que pretende activar y sustentar la conciencia nacional en los distintos planos que integran la vida colectiva; y la nacionalidad, la construcción relativamente consistente de unos rasgos singulares de tipo cultural y social. Si esa singularidad es percibida y asumida con la voluntad de mantener y desarrollar la patria, estaremos ante un hecho nacional. Marco Tulio Cicerón (106/43 a. de C.), uno de los grandes oradores de la literatura latina, preguntaba sobre la patria: “¿qué hombre de bien dudará en exponer su vida si con esto le puede ser de provecho? Tanto más abominable la crueldad de aquellos que la han tiranizado con todo género de maldades, y que se han ocupado, y aun ahora se ocupan, en arruinarla enteramente.”[3]
La tiranía no es entonces compatible con las ideas de patria y de nación. No dudaremos en expresar que el desarraigo que vivimos los venezolanos no es experimentado solamente por los exiliados (esos que emigraron por la preexistencia de una tiranía que ha arruinado sistemáticamente su lugar de origen), y que la expatriación es un sentimiento compartido por la colectividad de nacionales que se siente huérfano de país aun viviendo dentro de él. Pues “llegando a término de comparar cuáles obligaciones nos deben merecer más atención, las primeras son las de la patria de nuestros padres, a quienes estamos obligados con especiales beneficios; luego las de los hijos y de toda la casa, que fija únicamente en nosotros sus esperanzas y no puede tener otro amparo alguno; después las de los parientes bien avenidos, con quienes, por lo general, es común nuestra fortuna y estado.”[4] Los venezolanos que vivimos en nuestro territorio, al igual que los que están desterrados, experimentamos el desarraigo sistemático causado por la ausencia y añoranza del bien común, ese que nos hacía descubrir en nuestra nación un ámbito compartido de vida democrática. Quedamos en espera de abrir nuevamente las puertas a la prosperidad conocida, pues: “…la unión de la vida y el trato frecuente, los consejos, conversaciones, avisos, consuelos, y algunas veces también las representaciones, donde más cabida y ejercicio tienen es en la amistad, siendo la más dulce y suave la que concilia la semejanza y conformidad de las costumbres.”[1] Notas [1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.
[2] Marco Tulio Cicerón. “Cuatro vínculos de sociedad el más fuerte es el de la patria.” En: Arturo Uslar Pietri. Sumario de Civilización Occidental. Caracas: Edime, 1962 pp.62-64, p.63 [3] Idem. [4] Ibidem. p.64
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