| Por qué la economía no puede sobrevivir solo con la utilidad |
| Escrito por Douglas C. Ramírez Vera | @AccHumGremial |
| Miércoles, 28 de Enero de 2026 02:05 |
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Al intentar emular el rigor de las ciencias naturales y la exactitud de las matemáticas, ha ido soltando lastre de manera peligrosa. En el camino, se ha desprendido de la ética, de la estética y de una comprensión profunda de la verdad humana, quedándose de esta manera reducida a una sola dimensión: lo útil. Hoy, juzgamos el éxito de una nación, de una empresa o de una vida personal exclusivamente bajo el criterio de la eficacia, la rentabilidad y el crecimiento que, aunque son necesarios, considerar hay cosas que van “más allá de la oferta y la demanda” (Wilhelm Röpke, 1958) Sin embargo, este reduccionismo nos ha pasado factura. La crisis de sentido, la creciente desigualdad y la deshumanización de los entornos laborales son síntomas de una visión que mira la realidad con un solo ojo. Para recuperar la cordura, propongo rescatar una herramienta analítica de enorme potencia que se denomina la tetrapartición del ser. No se trata de un inventario caprichoso de conceptos, sino de un prisma ontológico que nos permite descomponer la realidad del ser en sus cuatro dimensiones fundamentales: lo Verdadero, lo Bueno, lo Bello y lo Útil. 1. Detectar la "anemia" de los modelos actuales La tetrapartición funciona, en primera instancia, como un espectrómetro ontológico. En la física, un espectrómetro permite ver qué elementos químicos están presentes en una estrella analizando su luz. En la vida pública, la tetrapartición nos permite detectar qué dimensiones de la existencia están siendo ignoradas o "absolutizadas" en una teoría o una práctica política. Tomemos el ejemplo del discurso económico dominante. Si un modelo se centra exclusivamente en la eficiencia de los mercados y el incremento del PIB, el diagnóstico es claro: estamos ante una reducción economicista. El prisma nos alerta de que se está tratando a la sociedad como una maquinaria inerte, olvidando que la economía debe servir a la justicia (lo Bueno) y que el progreso debe traducirse en una vida con sentido y armonía (lo Bello). Por otro lado, la tetrapartición también sirve para criticar el extremo opuesto. Si una ideología propone un sistema basado puramente en una idea abstracta de igualdad (lo Bueno), ignorando cómo se genera la riqueza o cómo funcionan los incentivos humanos (lo Verdadero y lo Útil), el diagnóstico es un idealismo ciego que a la larga destruye los incentivos para generar prosperidad. El resultado suele ser el colapso del sistema que, irónicamente, termina dañando a los que pretendía ayudar. El "tecnócrata frío" y el "utopista ingenuo" son dos caras de la misma moneda: la incapacidad de ver la totalidad del ser. 2. Contra la Invasión de los "Expertos" Uno de los mayores problemas de nuestra época es la confusión de lenguajes. Vivimos en una "torre de Babel" donde el economista, el político, el científico y el artista hablan lenguajes que no se tocan. La tetrapartición viene a poner orden, estableciendo fronteras de competencia y métodos de validación diferenciados. Cada una de las cuatro dimensiones exige una forma distinta de buscar la verdad:
Esta distinción es crucial. Nos permite decir con autoridad: "Un argumento de utilidad no puede invalidar un juicio ético". Cuando un analista dice que "cierta dosis de desempleo es eficiente para el sistema", no ha refutado al filósofo que dice que "el desempleo es una herida a la dignidad humana". Simplemente están hablando en dimensiones distintas. La utilidad no es la dueña de la moral, ni la moral puede ignorar las leyes de la utilidad. La tetrapartición desactiva las discusiones estériles y obliga a cada especialista a reconocer sus propios límites. 3. Hacia una "Medicina" de la Sociedad Paradójicamente, solo cuando distinguimos con claridad las partes, podemos integrarlas de forma ordenada. La tetrapartición no nos pide elegir una dimensión, sino ordenarlas jerárquicamente. Para ilustrar esto, podemos usar una metáfora médica. Un buen médico no puede ser solo un técnico. Necesita cuatro pilares:
Si falta uno, el acto médico fracasa. Un médico que sabe mucho pero no tiene ética es un peligro; uno que es muy bueno, pero no sabe diagnosticar es un negligente; uno que es técnico, pero trata al paciente como un objeto es un "veterinario de humanos". Lo mismo ocurre con la economía: necesitamos que sea verdadera en sus premisas, útil en sus soluciones, buena en sus propósitos y bella en su ejecución. 4. Profundidad en la Mirada La tetrapartición nos dota de una visión de "capas". Nos permite leer realidades complejas sin simplificarlas. Pensemos, por ejemplo, en el Trabajo Humano. Si lo miramos solo desde lo útil, el trabajo es un "recurso humano" o un "costo de producción". Es algo que se compra y se vende. Pero si aplicamos el prisma completo:
Al entender el trabajo en sus cuatro dimensiones, evitamos las definiciones unilaterales que terminan en explotación o en alienación. El trabajo deja de ser una cifra para convertirse en un acto vital. 5. Generar Criterios para la Acción Mi propuesta no es solo contemplativa; es generativa. De la estructura misma del ser se derivan principios para gobernar y actuar. En mis reflexiones, he defendido que de la relación entre estas dimensiones surgen los pilares de una sociedad sana:
La tetrapartición nos proporciona el marco para evaluar si una ley o una institución es integralmente buena. Si una política es "útil" para bajar el salario, pero es "mala" porque destruye el tejido social, entonces no es una buena política. El prisma nos da el valor para rechazar la tiranía de lo puramente pragmático. 6. Sanar la Cultura Finalmente, la tetrapartición es una herramienta de sanidad cultural. Desde Sócrates, la filosofía ha tenido una misión terapéutica: curar el alma del error y la ceguera. En un mundo fragmentado, este esquema cura:
El Retorno a la Luz Blanca Imagine el lector la realidad —un hecho económico, una empresa, su propia vida— como un haz de luz blanca. La tetrapartición actúa como ese prisma que, al descomponer la luz, nos permite ver que el blanco no es vacío, sino la unión de todos los colores. La utilidad final de este prisma es doble. Es analítica, porque nos permite entender los componentes de lo que vivimos, y es sintética, porque nos ayuda a recomponer la totalidad de manera consciente. La economía contemporánea no necesita más algoritmos, necesita más ontología. Necesita recordar que su función no es solo gestionar la escasez, sino proveer las bases materiales para que el ser humano pueda florecer en la Verdad, la Bondad y la Belleza. Solo cuando la utilidad se ponga al servicio de estas otras dimensiones, dejaremos de ser simples engranajes en una maquinaria de consumo para volver a ser personas en una comunidad con propósito. La tetrapartición no es, en última instancia, un adorno del pensamiento. Es el antídoto contra la fragmentación del saber y, lo que es más importante, contra la fragmentación de la vida misma.
[1] ORCID: https://orcid.org/0009-0001-5282-0006
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