| Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero, de Álvaro Mutis |
| Escrito por J. C. Gª Fajardo |
| Sábado, 28 de Septiembre de 2013 06:18 |
El gaviero es el marino que, situado sobre la gavia o vela mayor, otea el horizonte. Ve más que el resto pero no puede ser sus ojos, pues todo lo ve antes y desde otra perspectiva, no transmisible.
“Cuando relato mis trashumancias, mis caídas, mis delirios y mis secretas orgías, lo hago únicamente para detener, ya casi en el aire, dos o tres gritos bestiales, desgarrados gruñidos de caverna con los que podría más eficazmente decir lo que en verdad siento y lo que soy”. En el homenaje a Álvaro Mutis por su setenta cumpleaños, dijo García Márquez: “Fue Álvaro quien me llevó mi primer ejemplar de Pedro Páramo y me dijo: ‘Ahí tiene, para que aprenda’. Nunca se imaginó en la que se había metido. Pues con la lectura de Juan Rulfo aprendí no sólo a escribir de otro modo, sino a tener siempre listo un cuento distinto para no contar el que estoy escribiendo” Amigos y compañeros de fatigas que se reunían “para ser amigos” y recorrían miles de kilómetros en coche casi sin hablar, pero iban juntos por toda Europa. Cada uno recibía del otro la primera copia de cualquier original que tuviesen entre manos. Durante los 18 meses que le llevó escribir Cien años de soledad Álvaro fue a casa de Gabo para que le contara los capítulos terminados, pero este le contaba cuentos diferentes para captar sus reacciones. Mutis los repetía a sus amigos, corregidos y aumentados por él. Cuando le envió el primer borrador se lo mandó a su casa. Mutis le llamó indignado: “Usted me ha hecho quedar como un perro con mis amigos. Esta vaina no tiene nada que ver con lo que me había contado”. Ninguno de los dos fue capaz de ceñirse a la sobriedad de Rulfo porque ambos estaban poseídos por el trópico y por la selva, por el páramo y por el Caribe, por los ríos y por el sentimiento desbordado de un mundo mágico y entrañable. Pero en la prosa de los dos se percibe ese aleteo fugaz de un control en las palabras, como el jinete siente entre sus dedos los belfos de su montura. No las riendas. El gaviero es el marino que, situado sobre la gavia o vela mayor, otea el horizonte. Ve más que el resto pero no puede ser sus ojos, pues todo lo ve antes y desde otra perspectiva, no transmisible. Mutis ha construido sobre la figura del gaviero Maqroll un universo literario particular que, desgranado en las siete novelas que contiene esta edición, conduce al lector hacia puertos, mares y lugares recónditos, en busca de ese yo más auténtico y paradisíaco, quizás de la infancia, que nunca encontrará. “Maqroll no es sólo él, como con tanta facilidad se escribe, escribe Gabo. Maqroll somos todos”. |
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