| Siento, luego existo |
| Escrito por Alejandro Rocamora |
| Viernes, 18 de Febrero de 2011 08:55 |
Los sentimientos, bien utilizados, no dificultan la toma de decisiones, ni son impedimentos para nuestra felicidad, sino que al contrario constituyen la forma más idónea de progresar
y crecer psicológicamente. Un estudio reciente de la Universidad de Harvard señala que, para tener éxito en la vida, es necesario un 85% de actitud y sólo un 15% de habilidad.La psicología clásica consideraba a la persona como un ser constituido por partes: memoria, entendimiento y voluntad, insertado o encerrado (el alma se encuentra en la cárcel del cuerpo) en lo corpóreo. La salud estaría constituida por la armonía del cuerpo como cuerpo y la mente como mente. Si el equilibrio se rompe surgiría la enfermedad: del alma o del cuerpo. La gran aportación freudiana fue el descubrimiento del inconsciente, y sobre todo, el mundo pulsional o afectivo. Los sentimientos no son algo yuxtapuesto al sujeto sino que constituyen su misma esencia. A través de ellos es como vamos constituyendo nuestra propia personalidad, al mismo tiempo que nos permiten relacionarnos con los demás. Spinoza decía que mientras la razón uniforma a unos y otros, los sentimientos distinguen a unos de los otros. Nos podemos distinguir por nuestros conocimientos y saberes, pero lo que de verdad nos distingue a unos de los otros es la actitud que tomamos ante las cosas y lo que nos proporciona nuestro sello de identidad propio e irrepetible. Vivimos como si los sentimientos solamente fueran un lastre para desarrollarnos en la vida. Por esto se nos educa en el convencimiento de que, cuanto más fríos y calculadores seamos, más posibilidades de éxito tendremos. Pero en la historia de la humanidad, las grandes atrocidades se han cometido cuando se han mutilado los sentimientos y se ha hipertrofiado la razón. El ser humano no es igual al sumatorio de facultades (pensamiento, voluntad, y emoción) sino que es “algo más”: una realidad que se organiza a partir de esos elementos, pero que constituye una nueva es tructura: la mente humana. La inteligencia emocional es el ‘cemento’ que hace encajar todas las piezas del gran rompecabezas que es la mente humana. La inteligencia emocional entendida como “la capacidad de la persona para entender y percibir los sentimientos de forma apropiada y precisa para asimilarlos y comprenderlos de manera adecuada y para regular y modificar el estado de ánimo propio y de los demás”. Esta habilidad de la mente humana nos permite identificar nuestros sentimientos y los de los demás, utilizar las emociones de forma correcta, comprenderlas y conducirlas para conseguir el bienestar propio y ajeno. Podemos, pues, afirmar que los sentimientos, bien utilizados, no dificultan la toma de decisiones, ni son impedimentos para nuestra felicidad, sino que constituyen la forma más idónea de progresar y crecer psicológicamente. Si mutilamos los sentimientos, mutilamos la posibilidad de ser felices. Y nos referimos tanto a los sentimientos positivos como a los negativos, pues ambos contribuyen al desarrollo completo de la persona. La emoción y la razón son las dos mitades de un todo. Así, pues, en cada persona su cociente intelectual y su cociente emocional (su gradiente de inteligencia emocional) se suman para constituir una mente más creativa, más madura y en definitiva más eficaz. La inteligencia emocional es una capacidad que todo ser humano posee, pero que puede estar más o menos desarrollada. Esta facultad de la mente humana permite que no nos dejemos llevar por los impulsos, ni tampoco por las primeras impresiones, sino que seamos capaces de “razonar con sentimientos” sobre las decisiones a tomar. La razón y los sentimientos no son dos polos opuestos de nuestra actuación sino que se encuentran fusionados a través de la inteligencia emocional. Las emociones nos pueden ayudar a razonar de forma inteligente y tomar las decisiones correctas. Es decir, podemos corregir a Descartes y pasar del “pienso, luego existo”, al “pienso sintiendo, luego existo”. Psiquiatra y miembro fundador del Teléfono de la Esperanza www.telefonodelaesperanza.org |
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