“La suma de todos los miedos”: la percepción de Israel de un Irán con armas nucleares
Escrito por Jonathan Benavides | @J__Benavides   
Miércoles, 19 de Octubre de 2022 00:00

altLa lógica milenaria de Tucídides aún rige: la incertidumbre (sobre las intenciones nucleares de Irán) y el miedo que esto inspira (en Israel)

aumenta el riesgo de otra guerra (en Oriente Medio). Incluso si la respuesta de Israel al programa nuclear iraní no lleva a la región a una guerra, los temores de Israel serán cruciales para dar forma a la política de Oriente Medio y ayudarán a determinar la estabilidad de la región en los próximos años.

El público en el planeta ha estado escuchando sobre los temores israelíes de un Irán nuclear durante varios años. Es comprensible que la mayoría descarte este drama como parte del ruido de fondo de los asuntos internacionales, una característica constante de los informes internacionales en los que la historia sigue siendo la misma y las terribles predicciones nunca se cumplen. Pero es importante prestar atención a las preocupaciones israelíes sobre Irán por varias razones.

Primero, Israel no solo tiene una visión particular de la amenaza que representa la dimensión militar del programa nuclear iraní, sino que también tiene un medio independiente para tomar medidas para aliviar sus temores. Aunque Israel es menos capaz que Estados Unidos, si Israel lanzara ataques contra Irán para retrasar el programa nuclear, los efectos se extenderían por toda la región y más allá. Meir Dagan, exjefe de la agencia de inteligencia externa de Israel, el Mossad, advirtió varias veces que un ataque israelí contra Irán “provocaría una guerra regional”.

En segundo lugar, las preocupaciones de Israel sobre Irán podrían producir una serie de movimientos defensivos y respuestas crecientes que se salgan de control de una manera que ninguna de las partes pretende. Como nos recuerda la historia de la guerra y el conflicto en el Medio Oriente, desde la Guerra de los Seis Días de Junio de 1967, pasando por la del Yom Kippur en 1973, las operaciones militares contra el terrorismo palestino en las décadas de 1980 y 1990, la ronda de violencia de Noviembre de 2012 entre Israel y Hamás con base en Gaza, y las que continuaron en 2016, 2017, 2018, 2019, 2020 y 2021, el Medio Oriente es un polvorín donde algunas chispas podrían muy fácilmente encender una gran conflagración.

Finalmente, como demostró la visita del entonces presidente Donald Trump a Israel en Mayo de 2017, los temores de Israel hacia Irán se han convertido en una preocupación ineludible y urgente para la política estadounidense en el Medio Oriente. Dada la amistad entre Estados Unidos e Israel, la Casa Blanca debe prestar mucha atención a estas sensibilidades hacia Irán. Una comprensión clara de las percepciones israelíes de Irán seguirá siendo esencial para la política estadounidense hacia Teherán.

El miedo de Israel a un Irán armado con armas nucleares toma al menos cuatro formas distintas, con un conjunto diverso de fuentes: miedo a la aniquilación, miedo a un entorno de seguridad más difícil, miedos socioeconómicos y miedo a un desafío a los principios ideológicos fundamentales de Israel. Los israelíes generalmente enmarcan estos temores distintos como acumulativos, no separados. Las cuatro capas de percepción de amenaza explican por qué la mayoría de los israelíes están dispuestos a apoyar la línea dura de sus líderes hacia Irán. Sin embargo, como mostramos a continuación, los diversos temores también tienen contradicciones que explican las divisiones internas israelíes sobre la respuesta requerida a Irán, como la tensión entre el primer ministro Yair Lapid y su establishment de seguridad. Por lo tanto, cualquier intento de desempacar el marco y la respuesta de Israel al desafío nuclear iraní debe comenzar con un análisis de estos diferentes temores.

 

Miedo existencial

Una encuesta de Marzo de 2021 realizada por el Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén reveló que el 66% de los israelíes cree que si Irán adquiere un arma nuclear, la usaría contra Israel. El 77% de los israelíes cree que la amenaza iraní representa una amenaza existencial para ellos. Los israelíes consideran que la posibilidad de su aniquilación colectiva es un riesgo real. Al menos en parte, esto es el resultado de la centralidad del Holocausto en la vida política del Estado judío, que ronda casi todas las discusiones públicas sobre Irán en Israel. Las encuestas preguntan rotundamente si un segundo Holocausto es posible o imposible si Irán obtiene la bomba. Muchos israelíes atribuyen intenciones aniquilacionistas a los líderes del régimen de Irán. Una encuesta de Diciembre de 2010 realizada por la Universidad de Tel Aviv mostró que el 92% de los judíos israelíes y el 70% de los árabes israelíes ven a Irán como el Estado más hostil de la región.

Los datos de las encuestas no solo responden a las ocasionales declaraciones incendiarias de los líderes iraníes sobre borrar a Israel de las páginas de la historia; las respuestas también reflejan lo que el público escucha de sus propios líderes sobre el fervor revolucionario del régimen iraní, la ideología religiosa (que para algunos, incluido el ex presidente iraní Ahmadinejad, incluye referencias al inminente regreso del Duodécimo Imán, o salvador islámico), cultura y nociones de racionalidad. La elección del 14 de Junio de 2013 del ex diplomático y asesor de seguridad nacional Hassan Rouhani, y menos aún el ascenso de Ebrahim Raisi el 5 de Agosto de 2021 como presidentes de Irán, no afectaron las declaraciones israelíes sobre la amenaza iraní, al menos por ahora. En una entrevista justo después de las elecciones donde proclamaron a Rouhani, el primer ministro Benjamín Netanyahu le dijo a Lally Weymouth de The Washington Post que, lamentablemente, la elección de Rouhani como presidente “no tiene el poder de cambiar las ambiciones nucleares de Irán”. Al fin y al cabo estos no son determinados por los presidentes sino por el llamado Líder Supremo, Ayatollah Ali Khamenei.

Los líderes políticos israelíes frecuentemente enmarcan la amenaza iraní conectándola con la experiencia judía en Europa. El primer ministro Netanyahu declaró en 2006: “Es 1938 e Irán es Alemania, e Irán está compitiendo para armarse con bombas atómicas”. Posteriormente, el Primer Ministro Netanyahu destacó el problema iraní durante su discurso a la nación en el Día Nacional de Conmemoración del Holocausto en Abril de 2013. En el discurso, el Primer Ministro afirmó que “el odio asesino contra los judíos no ha desaparecido del mundo, sino que simplemente fue reemplazado por el odio asesino contra el Estado judío... Irán declara abiertamente su intención de destruir el Estado de Israel y está utilizando todos los medios para lograr este objetivo”.

Para algunos políticos israelíes, la conexión Irán-Holocausto es aún más íntima. El ex viceministro de Defensa Ephraim Sneh perdió a sus abuelos en el Holocausto; refiriéndose a Irán en una entrevista de Agosto de 2012, dijo, “cuando veo de nuevo una conexión entre la ideología radical y la capacidad militar absoluta, me digo a mí mismo... esto es algo que una vez aniquiló a un tercio del pueblo judío”. Incluso algunos de los líderes más moderados de Israel han sostenido este punto de vista; el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Shimon Peres, declaró ya en 1995 que “Irán pide la destrucción de Israel”. Casi dos décadas después, Peres, ejerciendo como presidente de Israel, se preguntó en su discurso del Día de la Memoria del Holocausto de Abril de 2012 cómo el mundo puede permitir que los líderes iraníes “nieguen abiertamente el Holocausto y amenacen con otro Holocausto”.

Los líderes israelíes han descrito dos vías para un ataque: un ataque directo de Irán o un ataque de un actor no estatal que adquiriría el arma de Irán. Los líderes israelíes, como el exministro de Defensa y ex Primer Ministro Ehud Barak, declararon además que el tamaño reducido del país y la densidad de población en su sector central podrían alentar a Teherán a atacar a Israel. Barak se refirió varias veces a un discurso de 2001 del ex presidente iraní, Hashemi Rafsanjani, que afirmaba que el Estado judío es, como dijo Barak, un “estado de una sola bomba”, lo que significa que una sola bomba nuclear podría acabar con la existencia de Israel.

El efecto del Holocausto se amplifica aún más en la mente de muchos israelíes debido a una visión cíclica común de la historia. Basándose en fuentes nacionales y religiosas, muchos israelíes creen que “en cada generación se levantan contra nosotros para destruirnos”, como afirma la Hagadá de Pésaj en un pasaje muy conocido. Benjamin Netanyahu se refirió varias veces a los planes aniquiladores para los judíos en el libro bíblico de Ester, quizás porque esos planes fueron ideados en la corte del antiguo Imperio Persa. Yendo aún más atrás, Moshe Feiglin, miembro del parlamento que representaba al entonces partido gobernante Likud, escribió en Febrero de 2012 que los amalek iraníes (una tribu descrita en varios lugares de la Biblia como un enemigo que amenaza lo suficiente a los hebreos como para justificar su exterminio) y el Amalek alemán operó tal como operó el Amalek bíblico: “Han hecho contra nosotros una guerra existencial”.

El miedo a una bomba iraní (o a cualquier rival armado con armas nucleares) está más arraigado en la creencia entre las élites israelíes y el público israelí de que la región en su conjunto, con Irán al frente, rechaza la legitimidad de Israel.

 

Amenazas Estratégicas

Enmarcar la amenaza como existencial la hace clara y simple, aunque nefasta. Los funcionarios de seguridad, actuales y anteriores, han expresado un conjunto de temores más matizados, describiendo las numerosas formas en que un Irán con armas nucleares induciría cambios desfavorables en el entorno estratégico inmediato de Israel.

Primero, muchos analistas creen que Irán, armado con armas nucleares, se convertiría en una potencia regional cada vez más asertiva, buscando expandir su influencia tanto en la región del Golfo como en el Levante. En tal circunstancia, Irán podría inducir a los vecinos más débiles a subirse al carro iraní y confrontar a Israel con una alianza regional más agresiva y capaz. Aquí también, las analogías europeas son rampantes. Ehud Barak, declaró en una entrevista de Agosto de 2012 al periódico israelí Haaretz que si Irán adquiere armas nucleares, “nadie podrá detenerlo cuando provoque a vecinos y rivales. Lo que sucedió en Renania en 1936 será un juego de niños en comparación con lo que sucede con Irán”.

En segundo lugar, Irán podría envalentonar a sus aliados, como Siria y actores no estatales como Hezbolá, para perseguir sus objetivos con mayor militancia, incluido el uso de ataques con cohetes y terrorismo contra Israel, por debajo de la comodidad de un paraguas nuclear iraní. En la misma entrevista de Agosto de 2012, Barak, dijo: “Si tuviéramos que tomar medidas contra Hezbolá y un Irán nuclear declarara que un ataque contra Hezbolá constituye un ataque contra Irán, ¿qué haremos entonces?”. Barak profundizó afirmando que los actores no estatales “no pueden ser disuadidos de la misma manera que los países pueden ejercer disuasión unos contra otros. Las implicaciones de tal desarrollo serían extremadamente graves”. Esta no es solo una perspectiva de élite. La encuesta de Marzo de 2021 sugirió que el 75% de los israelíes cree que si Irán desarrolla armas nucleares, los palestinos y Hezbolá se volverán más beligerantes hacia Israel.

En tercer lugar, algunos israelíes predicen que un Irán con armas nucleares induciría la proliferación nuclear y de otras armas de destrucción masiva en otros Estados. De hecho, Ehud Barak afirmó que un Irán nuclear pondrá fin al régimen global de no proliferación: “hasta ahora, el mundo encontró una manera de tratar con dos Estados canallas: Corea del Norte y Pakistán. Si Irán se vuelve nuclear... no habrá control sobre el demonio nuclear”. Reflejando una evaluación ampliamente compartida dentro del establishment de seguridad israelí, en Septiembre de 2012, el ex director de inteligencia militar, general (retirado) Amos Yadlin, dijo a Haaretz que si Irán se volviera nuclear, “ la proliferación es casi una certeza: si Arabia Saudita, Turquía, Egipto y otros Estados se vuelven nucleares, surgirá un sistema nuclear multipolar en el Medio Oriente y, por definición, será inestable y muy peligroso”.

Finalmente, aunque se dice en público con menos frecuencia, a algunos israelíes les preocupa que un Irán con armas nucleares pueda socavar las propias opciones disuasorias de Israel y podría obligar a Israel a reconsiderar su política de opacidad nuclear. El general (retirado) Ami Ayalon, ex comandante de la Marina israelí y exjefe de la agencia de seguridad interna de Israel, Shabak, comentó recientemente que las declaraciones israelíes sobre la necesidad de una acción militar ponen en riesgo la ambigüedad del estado nuclear de Israel. Los líderes y analistas israelíes también temen que un Irán con armas nucleares debilitaría la postura de Estados Unidos en el Medio Oriente, disminuyendo aún más la influencia del aliado más cercano y poderoso de Israel.

 

El desafío socioeconómico

Los israelíes también perciben un efecto socioeconómico adverso de un Irán armado con armas nucleares. Yarom Ariav, ex director general del Ministerio de Finanzas de Israel, le dijo a Haaretz en Agosto de 2012 que “un Irán nuclear implica un costo económico considerable para Israel, desde su efecto en nuestra calificación económica hasta grandes gastos en seguridad”.

A los israelíes les preocupa que Irán, armado con armas nucleares, obstaculice la capacidad del Estado para atraer inversión extranjera directa (IED). El columnista Lawrence Solomon articuló la preocupación: “Usted es el director ejecutivo de IBM, Intel, Siemens, Nestlé o cualquiera de las otras 500 empresas occidentales que han abierto operaciones en Israel, hogar de la economía de más rápido crecimiento del mundo desarrollado. ¿Qué hacer si Irán obtiene la bomba?, ¿continúa invirtiendo en Israel, con la esperanza de que Irán no cumpla su promesa de borrarlo del mapa? ... ¿Estarían de acuerdo sus altos ejecutivos en quedarse o mudarse a Israel, sabiendo que estarían poniendo a sus familias en riesgo de perecer en la misma nube de hongo que podría extinguir el pequeño país?”.

Si este temor se materializa, sería un gran problema para Israel: en 2020, el 49% de sus exportaciones industriales (sin incluir los diamantes) procedían del sector de alta tecnología de orientación mundial. A su vez, este sector depende en gran medida de la financiación externa de los centros de I+D establecidos en Israel por gigantes mundiales como Microsoft y Google, las compras de empresas israelíes por parte de empresas extranjeras y la financiación de capital de riesgo del exterior. De hecho, el economista israelí Yair Aharoni informó que en 2015 más del 50% de la producción en I+D y equipos de comunicaciones fue producido en Israel por empresas basadas en inversión extranjera directa. La preocupación va mucho más allá de la alta tecnología. De hecho, Aharoni mostró que quince de las 100 principales empresas industriales y de servicios de Israel son empresas basadas en IED que incluyen no solo empresas de tecnología sino también productores de alimentos, metales y papel. En consecuencia, el empleo en algunos sectores depende en gran medida de la inversión extranjera directa. Casi la mitad de los empleados del sector de las comunicaciones electrónicas y alrededor de un tercio del sector del metal básico trabajaban en 2005 para empresas basadas en IED.

Un temor socioeconómico adicional es que un Irán nuclear disminuiría la capacidad de Israel para retener y atraer a las porciones altamente calificadas y orientadas a nivel mundial de su fuerza laboral, que son los principales motores de la economía de Israel. Como dijo Ephraim Sneh en una entrevista de 2014 para Haaretz, “La buena madre del norte de Tel-Aviv le dirá a su hijo que no tiene que regresar del MIT, ella irá a visitar a sus nietos en Boston”.

 

Un desafío a los principios fundacionales

Finalmente, y quizás menos obvio pero no menos significativo, un pequeño número de analistas y funcionarios israelíes han sugerido que el potencial de un ataque nuclear contra Israel socava el credo del sionismo secular de proporcionar un refugio seguro para los judíos. Moshe Halbertal, profesor de filosofía en la Universidad Hebrea, le dijo a David Remnick de The New Yorker en Septiembre de 2015: “Si Netanyahu falla en evitar la adquisición de armas nucleares por parte de Irán, en sus términos, toda la razón de ser de Israel se desmorona; es decir, si no podemos hacer frente al nuevo Hitler, ¿quién soy yo?, ¿quiénes somos?”.

En su entrevista de 2014, Sneh dijo que una bomba iraní podría provocar la destrucción de Israel incluso si la bomba no se usara. En opinión de Ephraim Sneh, incluso la posibilidad de que Irán use un arma nuclear detendría la inmigración judía a Israel, disuadiría la inversión extranjera y llevaría a la élite tecnológica israelí a abandonar el país. Sería el principio del fin del sueño sionista. Este sentimiento se hizo eco, aunque en desacuerdo, en una entrevista de Mayo de 2013 con el general retirado Yishai Beer, quien dijo que comparar la situación actual de Israel con la situación de los judíos en 1939 está mal porque “indica pánico y como si el Estado de Israel hubiera fallado en su papel histórico de brindar seguridad física a los judíos”.

 

Inconsistencias y tensiones

Los temores israelíes tienen implicaciones para la política. Precisamente por esta razón, las percepciones israelíes merecen un escrutinio. Varias de las inquietudes expresadas anteriormente están plagadas de incoherencias y tensiones internas. Primero, uno esperaría que la alarma de Israel aumentara a medida que aumentaran las capacidades iraníes, pero este no es el caso. Algunos políticos israelíes, en particular Benjamin Netanyahu y Shimon Peres, expresaron temores existenciales de Irán a principios y mediados de la década de 1990, mucho antes de que las estimaciones de la inteligencia israelí predijeran que la capacidad iraní se acercaba a nuevos umbrales de peligro. A fines de la década de 1990, bajo el liderazgo de Netanyahu, Israel revisó su estrategia hacia Irán y concluyó que un menor antagonismo serviría a los intereses de Israel; Las declaraciones de Netanyahu en este período fueron mucho más silenciosas, las declaraciones sobre la amenaza existencial de Irán casi desaparecieron, incluso frente a las críticas sobre la política de Irán por parte de los líderes de la oposición. Aunque hoy, Irán realmente está en el umbral de tener la capacidad de producir una bomba, Shimon Peres, poco antes de su muerte en 2016, pidió públicamente menos exageraciones sobre la amenaza nuclear iraní.

En segundo lugar, proyectar la imagen de un pueblo víctima que enfrenta el peligro de la aniquilación no encaja fácilmente con la advertencia de Israel de que es lo suficientemente fuerte como para llevar a cabo un ataque efectivo sin asistencia operativa externa. De hecho, esta contradicción ha sido subrayada por los críticos de las frecuentes declaraciones del ex primer ministro Netanyahu en los últimos años de su último gobierno, que Israel enfrenta una amenaza existencial. Como dijo el ex jefe del Mossad, Ephraim Halevi, en una entrevista de Septiembre de 2021: “Estoy absolutamente horrorizado cuando escucho a nuestros líderes hablar como si no existieran las Fuerzas de Defensa de Israel... y como si Auschwitz pudiera repetirse. Tal como lo veo, el mensaje que deberíamos transmitir a los iraníes, y a nosotros mismos, es que estaremos aquí en cualquier evento y en cualquier escenario durante los próximos dos mil años”.

En tercer lugar, el temor de que un Irán nuclear ejerza una mayor influencia regional, haciendo que los Estados árabes se unan a su lado, no se ajusta a la evidencia histórica generalizada de que los Estados tienden a unirse para oponerse a las amenazas crecientes. La teoría de que un Irán con armas nucleares ejercería una influencia hegemónica en la región también está en desacuerdo con la predicción común de que un Irán nuclear provocaría a sus vecinos, en particular a las monarquías del Golfo, a buscar sus propias capacidades nucleares para contrarrestar la influencia iraní.

En cuarto lugar, los temores de que un Irán nuclear estimule la proliferación en el mundo árabe se contradicen con la propia experiencia de Israel con sus vecinos, en los que la capacidad nuclear israelí, que coincidió con varios conflictos armados durante décadas, no incitó a otros a buscar una capacidad equivalente. (Ni Irak ni Libia ni Irán estaban respondiendo principalmente a la capacidad de Israel; Siria en la década de 2000 puede ser una excepción).

Finalmente, los temores de que un Irán nuclear socavaría la economía de Israel y el propósito sionista se contradicen rotundamente con la evidencia. La capacidad nuclear iraní ha crecido durante una década y media, tiempo durante el cual el crecimiento económico de Israel se ha disparado y la emigración se ha reducido a un mínimo de treinta años. Las inconsistencias y contradicciones en las declaraciones israelíes sobre Irán no deberían sorprender. Las creencias reflejan tanto nuestras valoraciones de la realidad como nuestros deseos de controlarla. “Ver para creer”, como dice el viejo adagio, pero también “creemos lo que queremos creer”. Dado que la realidad es compleja y nuestras teorías sobre la mejor manera de manejar lo que el mundo nos arroja son imperfectas, a menudo expresar creencias inconsistentes o contradictorias. Los líderes políticos no son diferentes. Y dado que la retórica es una moneda de poder en la política interna, la alarma sobre Irán sin duda se expresa a veces con fines partidistas. Sin embargo, las percepciones de los políticos sobre la amenaza de Irán tienen enormes implicaciones para las elecciones que harán esos individuos.

 

Consecuencias y Complicaciones

Las múltiples capas de peligro que los israelíes ven en un Irán armado con un arma nuclear deben verse como acumulativas y no mutuamente excluyentes. Es “la suma de todos los miedos” (parafraseando a Tom Clancy) en lugar de un solo “peligro claro y presente”. Una consecuencia importante es que, con un constante redoble del peligro que representa Irán, los líderes israelíes han comenzado a persuadir a sus electores. En una encuesta israelí de marzo de 2021, el 65% de los israelíes dijo que cree que será más costoso vivir con un Irán nuclear que atacar a Irán antes de que tenga armas nucleares. Incluso si esta estadística sugiere un mayor apoyo del que realmente existe, la opinión pública no limitaría al gobierno israelí si decidiera lanzar un ataque contra Irán.

Sin embargo, las tensiones entre las diferentes concepciones de la amenaza también han llevado a profundas divisiones políticas. El abismo más significativo por ahora es entre el marco existencial basado en el Holocausto de la amenaza planteada por el ex Primer Ministro Netanyahu y el conjunto de amenazas estratégicas descritas anteriormente que destaca el establishment de seguridad. Este abismo, que conduce a diferentes prescripciones políticas (atacar antes de que sea demasiado tarde frente a esperar y ver cómo se desarrollan otras medidas dilatorias), explica la tensión reciente y sin precedentes entre los funcionarios electos de Israel que favorecen un ataque y su liderazgo militar que evita uno. La cautela ejercida por el liderazgo militar puede reflejar su evaluación realista basada en las capacidades, en comparación con el marco más histórico, ideológico y basado en la identidad utilizado, entre otros, por el Netanyahu en sus discursos políticos. Las concepciones contradictorias de Irán también resuenan hacia el exterior: un sentido compartido de amenaza estratégica fortalece la alianza con Estados Unidos, pero un imperativo existencial de atacar las preferencias de Estados Unidos pone en riesgo la alianza.

El discurso del miedo conlleva varios riesgos y complicaciones adicionales. Uno es el autoatrapamiento, que permite que las declaraciones alarmistas bloqueen ciertos cursos de acción y cierren alternativas. La confianza generalizada en el Holocausto como clave para comprender la situación iraní respalda un ataque incluso sin Washington, ya que Israel también interpreta el genocidio de la década de 1940 como evidencia de la necesidad de autosuficiencia. Al riesgo de quedar atrapado se suma la ambigüedad nuclear de Israel. Mientras que otro Estado podría definir líneas rojas y emitir amenazas disuasorias, Israel no puede articular fácilmente sus opciones disuasorias en respuesta a una amenaza estratégica iraní, dejando la capitulación ante la capacidad nuclear y la fuerza preventiva iraníes como polos de acción con pocos puntos intermedios. Las declaraciones de amenazas terribles también hacen que sea más difícil, desde un punto de vista político interno, tener una buena ventilación de opciones, como contener una capacidad nuclear iraní latente o incluso negociar un compromiso con Teherán. Los últimos años vieron una estrecha cooperación entre los cuerpos de seguridad israelíes y estadounidenses para retrasar el progreso nuclear de Irán, asumiendo los informes de David Sanger sobre la cooperación conjunta israelí-estadounidense, los ciberataques a Irán son correctos. Si los israelíes creen que se enfrentan a la aniquilación, ¿continuarán estos esfuerzos conjuntos?. De manera similar, la amenaza iraní crea un conjunto de intereses comunes entre Israel y los Estados árabes en el Golfo, pero no está claro si Israel realmente se está aprovechando de esa situación.

Un segundo riesgo es crear “profecías autocumplidas” a través de terribles declaraciones de amenaza. Las declaraciones de amenazas infladas y los llamados asociados a la acción militar pueden ayudar a crear en Irán precisamente el monstruo que se está representando, al fortalecer a las personas y organizaciones dentro de Irán que abogan por una disuasión nuclear operativa. Eventualmente, el énfasis continuo en la naturaleza existencial de la amenaza nuclear iraní también podría tener una dinámica autocumplida dentro de Israel, que quizás conduzca a un punto de inflexión socioeconómico, lo que provocará la huida tanto del talento como de las finanzas.

El miedo generalizado a Irán conlleva otras consecuencias no deseadas. Los pensadores y activistas nacional-religiosos se han apresurado a comprender la implicación ideológica del esperado fracaso del sionismo secular. El ex miembro de la Knesset Moshe Feiglin, uno de los principales políticos religiosos nacional del partido Likud, es quizás el más claro entre ellos. En una publicación de 2011 en su sitio web, Feiglin escribió que “no volvimos a esta tierra por razones de seguridad. ¿Qué hay de seguro en colocar a todos los judíos en la mira nuclear de Ahmedinejad... vinimos aquí para redimir al mundo a través del reino de Dios... es por eso que esta tierra nos fue dada... y de este destino derivamos nuestro derecho a la soberanía en toda la tierra de Israel”.

 

Trascendencia

De este análisis se desprenden cuatro cosas que deben hacer y cuatro cosas que no deben hacer los formuladores de políticas en los Estados Unidos y más allá:

Primero, no apostar por el próximo movimiento de Israel. Los temores expresados en el debate interno de Israel son reales y arraigados, pero también lo son las divisiones sobre cómo responder. Cualquiera puede adivinar quién prevalecerá en la lucha sobre cómo responder a Irán.

Segundo, no creer todo lo que escuches. Los políticos hacen declaraciones por muchas razones. No es necesario prestar atención a todas las comparaciones de Irán y la Alemania nazi. Aunque los temores israelíes son genuinos, las analogías con el Holocausto son profundamente defectuosas y no constituyen una buena guía para la política. Aunque el Benjamín Netanyahu se basa en la historia judía como brújula, también ha utilizado el encuadre de amenazas (terrorismo, Irán) como herramienta para obtener apoyo político.

Tercero, no te alejes. Si Israel siente una creciente sensación de abandono, podría provocar una escalada de temores y precisamente el tipo de respuestas que podrían ser más destructivas para Israel, la política estadounidense y la región.

Por último, no alimentes el miedo. Hablar no es barato. Los funcionarios estadounidenses, en particular los miembros del Congreso, deberían dejar de repetir la peor hipérbole israelí sobre las capacidades e intenciones iraníes. Al mismo tiempo, ayudaría si los funcionarios iraníes dejaran de hacer declaraciones ridículas negando el Holocausto y declarando su deseo de ver a la entidad sionista borrada de las páginas de la historia. Los líderes israelíes deben evitar encasillarse para tomar decisiones innecesarias al dar voz a sus miedos más profundos.

Si los formuladores de políticas evitan estas trampas, ¿qué pasos positivos deberían tomar para ayudar a controlar los temores en Israel y en toda la región?. Primero, Estados Unidos debería ayudar discretamente a Israel y sus vecinos a darse cuenta de sus intereses comunes frente a Irán y construir sobre ellos, no tanto para profundizar el aislamiento de Irán sino para permitir una acción coordinada para resolver el estancamiento con Irán. Estados Unidos podría facilitar, por ejemplo, un intercambio tranquilo entre funcionarios de seguridad de Israel y otros actores regionales para aclarar sus respectivos enfoques sobre el entorno de seguridad emergente y discutir los tipos de medidas de transparencia y supervisión que, en última instancia, podrían brindar tranquilidad sobre las intenciones nucleares de Irán.

En segundo lugar, Estados Unidos debería continuar coordinando sus políticas hacia Irán con Israel. A pesar de las tensiones reportadas entre las administraciones de Barack Obama y la actual de Joe Biden con los gobiernos israelíes, las relaciones entre los órganos profesionales de formulación de políticas de los dos países nunca han sido tan estrechas; esta coordinación seguirá tranquilizando a Israel y animando a Jerusalén a actuar con moderación.

En tercer lugar, Estados Unidos debe apoyar marcos de cooperación que permitan a los Estados de Oriente Medio comenzar a discutir, cara a cara, los principios de seguridad regional. La arquitectura para la coordinación regional y la gestión de la seguridad en el Oriente Medio no existe hoy en día, y es difícil de imaginar, pero seguirá siendo esquiva a menos que Estados Unidos empuje a los Estados afines a discutir los desafíos compartidos que enfrentan. Estas discusiones eventualmente deberán abordar el desafío de prohibir todas las armas de destrucción masiva en la región.

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