Fuente de esperanza
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 07 de Octubre de 2026 00:00

altMonumental como el Paris que lo recibió, ha sido la visita de León XIV que movilizó multitudes entusiastas en su recorrido por Francia.

“A los ojos del Señor, ninguno es un número en un documento de identidad o un código, sino una persona única e insustituible” nos recordaría en la misa en una repleta Plaza de la Concordia.

De allí al Arco del Triunfo, atravesando unos Campos Elíseos donde ochocientas mil personas lo aclamaron. La víspera en el Stade de France, plenas de jóvenes sus tribunas rugientes, los llamó a “huir del mal, perseguir la virtud y participar en el buen combate”. En el combate del mundo que dirían Lebret y Suavet en aquel librito que nos convocaba a la militancia cuando terminábamos el bachillerato en esos sesentas de indiferencia imposible.

En Lourdes pidió a la Virgen Patrona de Francia que esa nación “Pueda construir una sociedad armoniosa, que destierre toda violencia y odio, que permita a todos trabajar, fundar una familia y vivir a plenitud en paz y serenidad”. Vale para todos, como su defensa del Derecho Internacional y el multilateralismo.

En la Europa multicultural de hoy, exaltó la universalidad de los valores que constituyen el fundamento de la convivencia civil, como “necesidad social y política para redescubrir el papel central de la persona humana y dar un significado real a palabras como libertad, democracia, paz y unidad”.  Lo dijo en el Centro Robert Schuman de Metz, cuyo epónimo es aquel político que junto a Adenauer y De Gasperi uno de los Padres Fundadores de la Europa unida, Venerable en la Iglesia Católica. Allí en Szy-Chazelles donde reposan sus restos que Mitterand quiso elevar al Panteón de Francia, pero la municipalidad decidió que permanecieran en la ciudad como él había decidido.

Más atrás, más adentro de la hora que quiere León XIV con su sencilla profundidad, ayudarnos a leer en clave de valores permanentes, escudriñemos en el significado de esta visita en la que París pareció “contener el aliento para luego soltarlo de golpe en una exhalación de júbilo”, según relato-retrato metafórico de La Nación de Buenos Aires. La relación entre el Papado y el Estado francés ha estado poblada de distancias y tensiones, desde antes de la república laica y en gran medida laicista. Y su nexo con la sociedad francesa se ha ido enfriando.  

El socialcristiano MRP decayó junto con la IV República y sus crisis. El ascenso de De Gaulle redujo su espacio que se diluyó en el Centro Reformador. En un país con 54% de católicos, cuna de pensadores como Maritain, Mounier, Lebret, Calvez y Folliet, esa corriente no tuvo la incidencia de Italia, Bélgica, Holanda y Alemania, donde persiste.

Tales antecedentes ilustran la relevancia de esta visita y el fervoroso entusiasmo generado, sobre todo en la juventud francesa. Macron lo recibió en una nación “imbuida de espiritualidad y siempre en busca de lo universal”, como fuente de esperanza “para aquellos desanimados por el espectáculo de las miserias del mundo”. 

 


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