La opresión según la Ley de Murphy
Escrito por Antonio José Monagas | X: @ajmonagas   
Sábado, 20 de Junio de 2026 00:32

altCualquier alusión que intente cuestionar la gestión de cualquier absolutismo, podría valerse de un lenguaje figurado 

que poco o nada conduciría a revelar los problemas que padece un país por causa de la opresión que prescriben las decisiones gubernamentales. 

Esa realidad podría analizarse revisando el resultado de las decisiones asumidas por el régimen político venezolano. Pero supeditado el análisis a los criterios que permitieron a Murphy dar cuenta del carácter contradictorio que precede y preside la dinámica de las realidades. Para eso, esta disertación debe comenzar por presentar a Murphy.

 

¿Quién fue Murphy?

Podría decirse que Murphy no fue el científico que cualquiera imaginaría. Murphy, o Edward Aloysius Murphy, fue un ingeniero aeroespacial cuya intuición le valió razones para fundamentar ciertas conjeturas que emergieron de diversos ensayos de física dinámica, realizados en 1949. Los mismos, le permitieron descubrir la equivocación cometida en la conexión de los electrodos de un arnés utilizado para medir los efectos de la aceleración y desaceleración que percibían pilotos de la Fuerza Aérea de los EE.UU.

En tan críticos momentos, Murphy infirió lo que la desconfianza le indujo a pensar. Fue así como dedujo que “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Esta expresión le sirvió para iniciar la redacción de aforismos y moralejas a las que sus compañeros de trabajo llamaron “Leyes de Murphy”.

Aunque luego de 1977, el escritor Artur Bloch las popularizó. En varios opúsculos de toque humorístico las refirió. Sin embargo, los lectores comenzaron a aportar algunos sesgos en virtud de la negatividad referida en los enunciados registrados por Murphy.

 

Lectura de la opresión dictatorial, según Murphy

Si bien las leyes de Murphy son proposiciones que intentan explicar hechos sucedidos en situaciones particulares, no hay duda de que la negatividad que enfoca cada “precepto” vale para justificar la tendencia negativa marca, “a paso de revolucionarios perdedores”, marca la gestión de cualquier dictadura. Concretamente, en el marco de infelices “ideologías”.

Precisamente, la tendencia negativa que signa la predisposición a recordar problemas atrapados por la negatividad de realidades específicas, lleva la imaginación a confirmar creencias propias. O ideas que buscan plasmar la realidad. 

La consideración primigenia que infirió Murphy, rezaba que: “si algo puede salir mal, saldrá mal”. Es la declaración perfecta que califica la gestión de toda dictadura. Desde el mismo momento en que la misma arriba al poder.

Aunque la Ley de Murphy no está fundamentada científicamente, la praxis política, económica y social bajo la cual una dictadura implanta sus engañosas medidas, hace que los resultados de las mismas no siempre salen como el discurso político los anuncia y promete. Sino todo lo contrario.

 

La evidencia de lo contradictorio

¿Pero cómo no saldría mal cada orden decretada a instancia del resentimiento, odio y represalia que encubre la saña de quienes gestionan cualquier absolutismo que caracteriza un régimen político opresivo? Basta con leer el sustrato que oculta el fondo de cada medida cursada.

Todo lo que una dictadura ordena, termina en contrario a lo esperado. Cualquier medida tomada, sale al revés de lo determinado. Y quizás, muy mal toda vez que perjudica a actores sociales, políticos y económicos de todo nivel laboral. Véanse, por ejemplo, las desgracias que han resultado de las decisiones asumidas por una dictadura en torno a aquellos casos relacionados con el intento de irradiar ideologías retorcidas. 

Asimismo, pueden advertirse los reveses resultantes de determinaciones tomadas por cualquier régimen opresor al intentar bloquear asuntos que competen, por ejemplo, a la Corte Penal Internacional, CPI. A la Corte Internacional de Justicia. A la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, ACNUR. A la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO. Entre otras instituciones, organizaciones y oficinas. Sin duda: “el tiro le sale por la culata”.

Todas las condiciones en las que cualquier opresión se apoya para imponer su presunta modelo político-ideológico, germinan cuales semillas del mal. Si alguna medida ordena demoler lo construido, algún problema devendrá. Si algo puede caer, caerá. Si algo puede incendiarse, se incendiará. Y así, sucesivamente. Es la ley de Murphy.

 

En conclusión

Un régimen dictatorial es testarudo o ciego, a la hora de tomar una decisión que podría “enmendarle la plana”. La superioridad que presume la opresión ante cada orden dictada, es “carne de cañón” para la razón que termina engulléndola. Por tanto, los resultados siempre salen “al revés”. Tal como vaticina la ley de Murphy. 

Todo régimen autoritario, no entiende que “nada dura para siempre”. Y que, en algún momento, las piezas de la maquinaria (política) terminan rompiéndose.

De los preceptos de Murphy podría derivarse que cuanto más tiempo y trabajo demande una tarea, más fácil será que surja algún descalabro cuya incidencia ocurrirá lo más rápido posible. Y aunque pueda ser causado por el infortunio, la realidad revela estarse cumpliendo la ley de Murphy. 

No hay forma de impedir que una dictadura, por más poder del cual haga alarde, obtenga resultados mal parados. O torcidos. Indistintamente de la medida impuesta al mejor estilo militarista-policial. Traicionando o conspirando lo necesario. Así puede interpretarse la opresión según la Ley de Murphy.


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