Algo más sobre las generaciones históricas
Escrito por Santiago Rodríguez   
Jueves, 15 de Octubre de 2009 07:04

altLa semana pasada hicimos referencia a un trabajo del filósofo francés André Comte-Sponville, relativo a la vida útil de las generaciones y a las generaciones históricas, es decir, aquellas a las que corresponde llevar adelante alguna tarea que marca el devenir de una nación. Compartíamos con los lectores que, en opinión de Comte-Sponville, eso que él llama "vida útil" - vale decir, el tiempo que una generación se toma para hacer lo que está llamada a hacer- tiene un margen que va de los 15 a los 20 años.

Doy por cierta la opinión de Comte-Sponville y paso a aplicarla a la historia de las generaciones recientes venezolanas, pero en relación a la generación que actualmente dirige al país.

Dijimos que la generación del 28 se tomó más del tiempo de vida útil que le correspondía, ahogando las posibilidades de las generaciones siguientes, pero, principalmente, agotando con la extinción de su vida el mismo proyecto que había creado. Digámoslo de otro modo, consumiendo y fatigando el contenido virtuoso del Pacto de Punto Fijo, la alianza de todos los partidos políticos en función de unos objetivos democráticos concretos y un interés superior de nación.

Uno creería, entonces, que el triunfo de Chávez en 1998 y el pase a retiro de Caldera significó el desplazamiento definitivo de la generación del 28 de la conducción del país. Si aplicamos la tésis de Comte-Sponville, person to person, a los personajes claves que conforman la verdadera cúpula del actual régimen, lo que nos conseguimos es un híbrido formado por resabios de todas las generaciones, desde la del 28, hasta las generaciones frustradas del 60.

Desde sus inicios, Chávez estigmatizó al Pacto de Punto Fijo, usando la palabra puntofijismo de manera peyorativa, pero encargando la tarea de su demolición nada más y nada menos que a dos de los protagonistas y sostenedores del mismo Pacto: Don Luis Miquelena y José Vicente Rangel, cuyo origen político proviene del puntofijista Unión Republicana Democrática. También proviene de URD Ignacio Arcaya (Arcayita), quien fuera uno de los primeros Ministros de Relaciones Interiores de Chávez y a quien luego devolvió a sus labores diplomáticas. Otro ícono de URD (aunque también hizo una pasantía por el MAS y no se sabe qué otros toques saltimbánquicos), lo representa el inefable señor Clodosvaldo Rusián. El principal periódico del régimen, el Diario Vea, tiene al frente a su presidente, el señor Guillermo García Ponce, eterno rival del señor Miquelena y miembro de la frustrada generación del 60. El segundo hombre a bordo de la Dirección del PSUV proviene de los acontecimientos del 58, siempre oscuro, siempre en un segundo plano; el señor Möller Rojas. Después, aguas abajo, Chávez ha ido llenando los vacíos con sus compañeros de armas.

Si nos ponemos a ver, un producto genuino de la generación del 28, URD, ha estado al frente de la llamada Revolución, compartiendo la dirección con algunos miembros de la frustrada generación que irrumpió en la escena con los movimientos guerrilleros de los años sesenta. 40 años más tarde, 40 años después de su momento histórico natural, logra, por fin, alcanzar a estar en el poder, la única organización del Pacto de Punto Fijo que no lo ejerció a plenitud, porque Jóvito Villalba, su gran líder, nunca logró ser Presidente de la República.

En cierta forma, los padres de la llamada Revolución la impregnaron, desde sus inicios, de todos los vicios que arrastraban y traían del mismo Pacto de Punto Fijo; son su continuidad, pero no desde su ángulo virtuoso. Son la rémora de los vicios en los que degeneró la última fase de aquel Pacto.


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