| ¡Heil Chávez! |
| Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas |
| Miércoles, 26 de Septiembre de 2012 12:35 |
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“¿Hay acaso un ejemplo más claro de megalomanía que el de un ser anónimo tempranamente fracasado que toma de pronto la decisión de convertirse en político?” Sebastian Haffner Anotaciones sobre Hitler, 2002 Sustitución del Estado por un "caos controlado", atar la historia contemporánea a su biografía personal y tener muy poca fe en sus devotos seguidores para sucederlo, son tres elementos claves para entender al desquiciado presidente alemán de mediados del siglo XX y, como ya lo notaste, al presidente de la Venezuela del siglo XXI. La biografía de Adolf Hitler (1889-1945) va de estudiante de artes y pintor aficionado a valiente soldado, orador carismático y desquiciado antisemita. Su cualidad con el verbo, al igual que a Hugo Chávez, lo catapultó ante las masas ansiosas por vengar la humillación y la crisis que padecía Alemania luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial y su obligada aceptación del Tratado de Versalles. En el caso venezolano, la antipolítica de mediados de los noventa (impulsada por intelectuales, medios de comunicación, empresarios y algunos políticos), que promovía la barrida de todo el sistema de partidos, fue capitalizada por un orador recién liberado de la cárcel e indultado por un presidente soberbio y de dudosa lucidez… A partir de aquí expondremos algunos rasgos del personaje alemán que permitirán al lector, si así lo desea, extrapolar al presente. Hitler fracasó en su intento de golpe de estado de 1923, pero la división política, la constante conspiración de la derecha alemana y la debilidad generalizada de la República de Weimar se convirtieron en el escenario propicio para la llegada del ‘jefe’ o Führer, “los enemigos de la República se convirtieron, por unos años, en ‘republicanos de conveniencia” (Haffner). Los éxitos hitlerianos están asociados más a la condición de sus opositores, que a una línea evolutiva de él mismo. Ninguno de sus logros fue ante un adversario fuerte o tenaz, al contrario, “obtuvo todos sus éxitos contra adversarios incapaces o no dispuestos a oponer una resistencia verdadera”. Hay que agregar que Hitler, “con sus alocuciones pacifistas engañó, durante años, no sólo a la comunidad internacional, sino también a los alemanes”, tal vez por eso en 1939 éstos fueron a la guerra sin entusiasmo, “perplejos y abatidos”. Asegura el historiador Haffner que Hitler no encaja en la extrema derecha, como habitualmente se dice, “naturalmente, no era un demócrata, pero sí un populista, un hombre que basaba su poder en la masa y no en las élites; en cierto modo, un tribuno popular que consiguió el poder absoluto. Su recurso más importante fue la demagogia, y su instrumento de poder no fue una jerarquía estructurada sino un caótico hatajo de organizaciones de masas sin coordinación y únicamente aglutinadas por su persona. Todos ellos constituyen elementos más propios de la ‘izquierda’ que de la ‘derecha’ (…) se sitúa en algún lugar entre Mussolini y Stalin; y, si nos fijamos atentamente, más cerca de Stalin que de Mussolini. Nada más falaz que calificar a Hitler de fascista. El fascismo es el dominio de las clases altas apuntalado por una exaltación de masas creada artificialmente”. Algún socialista podría argumentar que Hitler no socializó los medios de producción, pero es que al igual que el resto de los países socialistas, el Führer enfatizó “la socialización de las personas”, “¿Para qué necesitamos la socialización de los bancos y las fábricas?, le dijo a Rauschning. ¿Qué sentido tiene eso si ya he impuesto firmemente a las personas una disciplina de la que no pueden librarse? Nosotros socializamos a las personas”. Hacia 1933 hasta los opositores de Hitler afirmaban que “el hombre tendrá sus defectos, pero nos ha dado pan y trabajo”. El presidente impuso a la fuerza la apariencia de una estabilidad monetaria que, en medio de la depresión que azotaba al mundo, hacía de Alemania “una isla del bienestar” aislada de la economía mundial. Los efectos inflacionarios de su programa económico demandaba salarios y precios decretados desde el Poder Ejecutivo y, para los sindicalistas y empresarios que protestaban, el führer contaba con sus campos de concentración. Paralelo al ‘milagro económico, Hitler rearmó al país en los primeros seis años de su gobierno, generando mayor empleo y anulando puntos del Tratado de Versalles, lo cual le dio fuerza a los alemanes frente a Francia e Inglaterra. Un eje central de la psicología política de Hitler fue la maestría con la cual “maneja y dosifica el terror durante los primeros seis años: al principio hace cundir el miedo con amenazas tremebundas, después aplica medidas de terror que, aunque graves, se quedan por debajo de las amenazas lanzadas previamente, luego pasa poco a poco a una cuasi normalidad, pero sin renunciar a cierto terror de fondo”. ¿A qué se les parece está estrategia? Los errores que cometió el Führer solían tener su origen en los defectos de su carácter, pero, asevera Haffner, “hay que calificar de logros de Hitler la destrucción del Estado de derecho y del entramado constitucional”. @ivanxcaracas |
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