Vuelve Gabo
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 20 de Mayo de 2026 00:00

altPara amar a Caracas primero hay que padecerla, me dicen que decía Gabriel García Márquez de la ciudad donde entre 1957 y 1958 fue “feliz e indocumentado”.

Ahora regresa para siempre, esta vez lejos del caos del tráfico, en la apacible tranquilidad de un parque donde aquel periodista de Momento y habitante de San Bernardino, trae su costeña jarana al vecindario del adusto Gallegos, el taciturno Cadenas y otros más que ya les contaré.

Gabo nos llega en esta mala hora que se siente interminable, cuando las ausencias de hijos y nietos dejan una soledad que ojalá no dure cien años, los generales ya no están en aquellos laberintos y tienen mas que ver con aquel relato de un náufrago.

Develó el miércoles 13 el alcalde de Baruta Darwin González, la escultura dedicada a Gabriel García Márquez en el Parque de los Escritores, grato rincón verde del municipio al que le ha puesto especial cariño y trabajo. La gente va a caminar, sola, en grupo o con sus mascotas, a trotar o entrenar, entre las imágenes inspiradoras de creadores de aquí y de allá.

A los habitantes de esta ciudad plurimunicipal, grande y complicada, nos hacen falta espacios para el encuentro tranquilo, propicios para las actividades aeróbicas que tanto bien hacen, pero también para leer, conversar, llevar a los niños a jugar o simplemente, pasar el rato. El parque existía, pero el actual gobierno municipal se ha empeñado en mejorarlo y desde hace algunos años empezó con Jorge Luis Borges a poblarlo de monumentos a la creación y los creadores. El primero y la mayoría de los demás se deben al talento y la sensibilidad del joven escultor Carlos Jairán.

Con apoyo de la embajada argentina la primera imagen de bronce entre los árboles fue la de Borges “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído” constatación realista de quien borgesianamente confiesa que su pecado es el peor de los posibles, “no he sido feliz”. Allí fui a develar la de Don Rómulo Gallegos, la misma tarde mojada del último concierto caraqueño de Serrat en la Concha Acústica de Bello Monte. Del maestro en el aula, el libro y la ciudadanía es una lección que por su optimismo nos convendría no olvidar jamás: “El mal es temporal, la verdad y la justicia imperan siempre”.

En un recodo del paseo, Federico García Lorca gesticulante director de teatro reclama, sin poder evitar que las hojas y el olor de la lluvia le recuerden que “La vida es amable” porque amaneció escuchando la “Tonada del Cabestrero” que le cantó Simón Díaz, “No llores más nube de agua/Silencia tanta amargura/Que toda leche da queso/y toda pena se cura/Nube de agua, lucerito”. Acariciando su gato Wislawa Szymborska, prefiere musitar sus palabras más extrañas “Cuando pronuncio la palabra Silencio/lo destruyo” antes que recordar que “No se oye el aullido de los perros ni los pasos del destino” porque nada presagia nada cuando el fotógrafo que retrata a un bebé está tomando la “Primera fotografía de Hitler”. Y el único de mis paisanos que anda por esos lados, Rafael Cadenas, unos pasos antes de las acacias, sin subir la voz ni levantar la vista le dice al fracaso “Cierto que me enseñaste con dureza ¡y tú mismo traías el cauterio! Pero también me diste la alegría de no temerte”.

Mientras tanto, entre columpios y toboganes el zorro le regala a El Principito la única sabiduría que vale la pena “…lo esencial es invisible a los ojos”.  

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