La amenaza ancestral
Escrito por Juan Guerrero | @camilodeasis   
Viernes, 07 de Octubre de 2022 17:57

altLos verdaderos y trascendentales cambios en la humanidad no lo hacen los hombres sino las mujeres.

Los hombres lo que hacemos es desangrar el mundo, crear conflictos, revoluciones y guerras, establecer diferencias de todo tipo, sojuzgar y martirizar al semejante y lanzarlo al barranco del odio, del hambre y el olvido. Creamos sufrimiento, dolor y muerte.

Son las mujeres quienes aportan la secuencia lógica para transitar la vida. Luchan con la razón y la sensatez, el sentido común y la pasión por lo que es justo y vale la pena sacrificarse. El derecho al trabajo, el derecho al voto universal, los derechos humanos, por ejemplo. En esto último, la reina Magnífica Isabel La Católica, la más grande reina que ha tenido la humanidad y madre de la Hispanidad, animó a sus asesores para que reflexionaran sobre esto último, lo que hoy conocemos como los derechos humanos.

La cultura occidental comienza a girar para encontrar sus propios pasos. Más allá de las experimentaciones político-económicas de las democracias liberales, que han permitido cubrir parte de Europa con rostros ajenos a su historia y cultura, y a la América hispana con lo más perverso del progresismo/populismo, podrido y fosilizado. Lo cierto es que las sociedades occidentales vuelven sus pasos para asirse a sus tradiciones, a su idioma, a su religión, a la vida civilizada, y su esplendor.

Es la única y última defensa ante la barbarie que significan las grandes migraciones de grupos humanos que buscan imponer por la fuerza, sus propias tradiciones, lengua, credos religiosos y costumbres primitivas ya superadas, ajenas a la idiosincrasia de las sociedades occidentales.

Lo ocurrido en Italia con la victoria de Giorgia Meloni, no es algo secundario o al margen. Si vemos en sus propuestas, el acento recae en la defensa de la tradición, los valores y principios de la cultura italiana. “-Sí a la defensa de la lengua. Sí a la defensa de la religión cristiana. Sí a la defensa de los valores y de la cultura”. Sea esto cierto o no en su cumplimiento posterior, lo que sí es un hecho real es que logró sumar gran parte del electorado, cansado de tantas promesas incumplidas y la insatisfacción de las nuevas generaciones de electores quienes permanecen invisibilizados por un Estado que los ignora.

Pero si esto ocurre en Italia y en la Europa del siglo XXI, en la América hispana las diferentes sociedades aun parecen estar ancladas en las postrimerías del siglo XIX-XX. El populismo más perverso, cínico y aterrador cubre gran parte de las naciones que apenas comienzan a vivir y convivir en sociedades republicanas. El poder patriarcal hecho Estado todo lo controla, todo lo cubre. 

Las historias de los pueblos hispanoamericanos aun se cuentan, comienzan y terminan en la época de las guerras de independencia. Toda gira alrededor de las figuras totémicas de los prohombres, como San Martín, Sucre, Bolívar, entre cientos de rostros que a estas nuevas generaciones poco les interesa como sustento ideológico y espiritual para comprender su dramática realidad. Lo diré de manera tajante: ¡Basta de tanto heroísmo populista trasnochado! Dejemos que los muertos descansen en paz.

Los nuevos tiempos piden otro tipo de héroe: cívico, ajeno al protagonismo de falsa pantalla, que establezca acuerdos entre comunidades, que encuentre su fortaleza en la educación y tradición cultural, principios y valores. Ético-estético, que se afirme en la razón y el sentido común de la realidad y las cosas. Que permita construir riqueza material y espiritual. Porque todo mesianismo, toda imagen que roce el populismo, hoy, es una enfermedad que encuentra su propagación en las fuerzas ideológico-políticas que solo construyen miseria, hambre y marginalidad. El populismo banaliza las comunicaciones e implanta la barbarie en bruto, el primitivismo más atroz.

Hay mucho héroe de utilería, fabricado por las tecnologías de la telecomunicación para alimentar tanta ‘masa inculta y bárbara’, tanto fanatismo perverso, ortodoxo y radical. Las sociedades republicanas, democráticas y liberales no son para todo el mundo. La vida cívica no es para todos. Las mentalidades radicales, totalitarias, arbitrarias y fanáticas, sean religiosas o ideológico-políticas, son contrarias a la vida civilizada, de principios, valores y respeto al semejante.

Este tiempo abre el camino que marcará la huella de la mujer y la visión/acción de lo femenino en todo aquello que signifique progreso, adelanto y felicidad para la humanidad. Tiempo que dejará atrás tanta falsa división en el pensamiento/acción humanos. 


|*|: Columna de opinión "Lecturas de papel"

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