De la llamada a Mandrake, el presunto mago
Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj   
Lunes, 07 de Septiembre de 2026 00:00

altBasta con enunciarlos y todo el mundo sabe que nos referimos automáticamente a los contratos petroleros de Trump y Rodríguez,

por cierto. Para bien y para mal generan un escándalo del cual medio mundo es experto sobrevenido, pues, viniendo de la sismología, se encuentran ahora en la más profunda petrología venezolana. Sin embargo, contamos afortunadamente con voces experimentadas que incluye a periodistas y dirigentes políticos muy sensatos y prudentes, capaces de orientar a la opinión pública con responsabilidad.

En medio del marasmo, se abre una ventana de oportunidades quizá irrepetibles con el precontrato ya anunciado y asimismo se evidencian maniobras extraordinariamente absurdas como la selección de un empresario venezolano de dudosa reputación para liderar el proceso de recuperación de nuestra industria petrolera. Lumpemburguesía aparte,  resulta lógica la desconfianza y el pesimismo, porque – por una parte – nadie sabe con el detalle necesario de los contratos petroleros que están por suscribirse con toda la formalidad requerida; luego, es natural el festín de conjeturas también maliciosamente lanzadas para confundir.

Constatamos que el gobierno de facto ni se molesta en explicar la novedad como se merece, no hay nadie que pueda hacerle la pregunta directa y libremente a la encargada presidencial, y, menos, que haya un convincente  espacio institucional donde pueda darse un libérrimo debate. Además de los espacios legilativos, nacional y estadal, acotemos que las municipalidades no discuten los problemas nacionales o regionales al suponerlos fuera de sus competencias, por lo que jamás hubiese existido un pronunciamiento como el del 19 de abril de 1810 a juzgar por la cultura política actual.

Estamos afectados – por otra parte – cruelmente de una pérdida de realismo que todavía cuela en el imaginario colectivo; somos solamente petróleo tardando aún en llegar la noticia de la quiebra de la potencia petrolera que fuimos, y ya no somos, gracias a Hugo Chávez y sucesores. Emplearon casi tres décadas para la estocada final, abundando ahora ese lenguaje maniqueo y esa actitud enfermizamente plebiscitaria de los que gustan el test para cada ocasión con el objeto de ponderar el sentimiento nacionalista del vecino, el patriotismo existencial del otro y los otros, la disposición al sacrificio siempre y preferiblemente ajeno.

Hay un anti-imperialismo de re-uso que persigue la decapitación moral de todo disidente, esgrimido en cualquier conversación alrededor de una taza de café, en la programación digital de una polifonía que se convierte en un ruido estridente, en la conferencia que se presumía seria. Los más patrióticos de la hora, rasgándose sus vestiduras, jamás se quejaron de las incursiones iraníes, rusas, chinas y hasta cubanas en los campos petroleros que fundamentan el precontrato.

Esa moralina – finalmente – ocupa a los salvadores de la patria que esperan por siempre  ser llamados a un admirable acto de heroísmo de rápido trámite, en medio de la tragedia que incluye las consecuencias y evidencias que dejó el doble terremoto. Bastará con averiguar el número telefónico para llamarlos, porque en los momentos cruciales no aparecen y, cuando aparecen, descubrimos que ni siquiera Mandrake es mago, no tiene el tino de orientarse por uno que lo haya sido alguna vez, tropezando constantemente con una peña que es la de su propia e intransferible mitomanía.

Seguimos atentamente a expertos como Humberto Calderón Berti, Francisco Monaldi, José Manuel Puente o Willian Hernández, lamentando que no haya el amplio escenario de una polémica parlamentaria como lo hubo en el siglo XX para una materia de tanta trascendencia.  Agreguemos que la prensa local cubre hasta donde puede el asunto, teniendo mayores posibilidades aquellos que ofician en el exterior para las transmisiones que no siempre cuenta con periodistas sobrios,  informados y muy sagaces.

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