| Francia, el dilema de siempre |
| Escrito por Emilio Nouel V. | @ENouelV |
| Jueves, 05 de Abril de 2012 07:35 |
El legendario “Danny el Rojo”, aquel joven mercurial que nos convocaba a conquistar el cielo por asalto y que lideró las barricadas del Mayo francés
allá por el lejano 1968, hoy, transformado en diputado ecologista, nos dice que el debate electoral en Francia es aburrido y poco han aprendido los franceses de él, si nos atenemos a los temas y/o a la profundidad de la discusión. ¿Dónde está el gran debate?, subraya.Lo acompaña en esta apreciación crítica The Economist, el cual señala que la campaña electoral es la más frívola de los países occidentales e ignora de manera impresionante los grandes problemas económicos. Una negación de la realidad, en definitiva, según la revista. Estas elecciones se producen en un entorno nacional, regional europeo y mundial complicado. Las consecuencias económicas y sociales de la crisis fiscal y financiera ya han derribado a varios gobiernos y liderazgos. Y Francia, obviamente, no escapa a esta ventolera, a pesar de que sus circunstancias particulares no pueden ser comparadas con las de otros países europeos, mucho más débiles. Aunque pareciera que lo peor ya pasó y que de todos modos se requerirán varios años para la recuperación, el euroescepticismo ha cobrado cierto impulso, y sobre esta ola se han montado algunos proyectos políticos que, de tener éxito, podrían lesionar a mediano plazo las bases de la gran aventura europeísta. (Esperamos que estas ideas fracasen, por el bien no solo de los europeos) No obstante, la madre del cordero son los planes de recorte presupuestario y las reformas laborales que la nueva situación impone. Su capacidad para generar convulsiones sociales no es desdeñable, y ojalá no vaya a mayores. Si hacemos una operación de ubicación político-topográfica de los candidatos que se disputan el favor del electorado, en la centro-derecha y derecha estarían Nicolás Sarkozy y Marine Le Pen, en el centro François Bayrou, y en la izquierda, François Hollande, Jean Luc Melenchon, y Eva Joly, principalmente. Las encuestas otorgan al socialista Hollande 28 % de intención de voto, mientras que a Sarkozy 27. En una segunda vuelta el primero se impondría a ése animal político que es Sarkozy, 56% vs 44%. Sin embargo, éste en la actualidad, supera al primero en las preferencias del electorado de la Francia profunda. Asimismo, se avizora un porcentaje de abstención alto que afectaría más a Hollande. Para algunos observadores, Sarkozy habría defraudado las expectativas que generó en las pasadas elecciones; debe recordarse que hasta logró el apoyo de sectores de la centro-izquierda entonces. Hollande, por su parte, se catapulta con el descontento producido por la situación económica y recoge los apoyos de la sempiterna izquierda nacional. Sobre los votantes del troskista Melenchon (15%), “el pequeño Chávez a la francesa”, y el centrista Bayrou (12%), lo más probable es que en su mayoría se inclinen por Hollande en el ballotage. Es muy probable que el socialista se vea obligado a negociar con Melenchon, cuya votación se encuentra en ascenso a esta fecha. Lo que se presenta claro es que el triunfador deberá tomar medidas económicas y fiscales severas, la tormenta aún no ha pasado y las amenazas están latentes. Obviamente, ninguno de los candidatos con probabilidades de ganar mencionará la soga en la casa del ahorcado. The Economist, acertadamente, dice que ninguno de los candidatos propone medidas para reducir los “alucinantes niveles impositivos” o recuperar la competitividad. La propuesta de aumentar impuestos de Hollande (75% a las rentas altas) y su hostilidad hacia la empresa privada y la creación de riqueza mostrarían una visión anacrónica de éste sobre los asuntos económicos. El semanario, igualmente, se lamenta de que Sarkozy haya abandonado su propuesta de reformas “a la alemana”. A ambos candidatos corresponde preparar al país, de manera responsable, para las medidas duras que habrán de tomarse indefectiblemente si se quiere reactivar la economía. |
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