| El nacimiento del Imperio Británico (II) |
| Escrito por Carlos Balladares C. | X: @Profeballa |
| Jueves, 20 de Agosto de 2026 00:00 |
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“Some talk of Alexander, and some of Hercules/ Of Hector and Lysander, and such great names as these./ But of all the world's great heroes, there's none that can compare” (Marcha tradicional The British Grenadiers, usada las unidades del ejército británico desde el siglo XVII. Sería ideal que la escuche mientras nos lee).
En mi adolescencia no tenía idea de la importancia de la “Guerra de los Siete años” (1756-1763) la cual había conocido a través del film Barry Lindon (Stanley Kubick, 1975). Es muy famosa la escena de la Batalla de Minden (01-VIII-1759) donde el protagonista es parte de un regimiento de infantería que avanza en línea reconstruyendo la misma cada vez que caen los soldados por balas de cañón o andanadas de fusilería, y todo esto se hace al sonido de tambores y pífanos que reproducen la marcha “The British Granadier”. Para sir Winston Churchill (1957, A History of the English-Speaking Peoples) dicha guerra es la primera que puede ser considerada como mundial porque se lucha en todos los continentes, y agrega que el primer ministro William Pitt “el viejo” representa el mejor gobierno de la historia nacional porque “nunca las armas de Gran Bretaña se habían extendido tan ampliamente, ni triunfado de manera tan constante”. Agrega que es el inicio del “Primer Imperio Británico”, y los historiadores ya citados en la primera parte de esta serie: Paul Kennedy (1987) y Niall Fergusson, afirman que el Reino Unido se convierte en la primera potencia del mundo a partir de 1763 hecho que se consolidará con la derrota de Napoleón Bonaparte en 1815. El siglo XVIII se caracterizó por el dominio de Francia, no es casual por esto que para principios del siglo XIX la cultura francesa con su idioma y la filosofía ilustrada buscará ser asumido por las élites occidentales y la de sus colonias. Francia había vencido a España en el liderazgo del mundo gracias a la incapacidad de la segunda para transformar sus riquezas en potencial para financiar su flota y sus ejércitos. Paradójicamente este será uno de los problemas que a la larga Francia sufriría en su lucha contra el Reino de Gran Bretaña (a partir de 1707 pasa a llamarse de esta forma y no Inglaterra al unirse con Escocia; y en 1801 cuando se une a Irlanda: Reino Unido). El triunfo británico se basó en la confianza de los inversionistas la cual se sustenta en el desarrollo institucional de un Estado limitado por las leyes. Los que vivimos en uno de los países más corruptos del mundo, sabemos perfectamente que nuestra pobreza tiene su origen en los desmanes de un Estado fallido. La competencia facilitó bajos intereses, y el Estado fue eficiente en la recaudación de impuestos que no buscaban ahogar la productividad. En pocas palabras, el imperio británico nacerá del matrimonio entre el Estado, el capitalismo y la expansión comercial-colonial. Los privados financiaban la expansión colonial a través de las llamadas “chartered companies” como la famosa “Compañía de las Indias orientales” que tenían un monopolio comercial de una región con protección estatal y capacidades militares. Desde el siglo XVII Inglaterra comenzó a construir colonias de poblamiento en Norteamérica (familias enteras emigraban ante la persecución religiosa, pero también por razones socioeconómicas). En el siglo XVIII estas colonias vivieron uno de los boom demográficos más grandes de la historia humana hasta la época, gracias a que los colonos superaban las condiciones de hambre y enfermedades que sufrieron en Europa. También recibieron corrientes migratorias de pueblos no ingleses, e incluso en el sur la expansión económica del algodón que demandaba la naciente industria británica generó la importación de mano de obra esclava de África (representaba el 25% de la población de esta región). Dicho crecimiento poblacional estimuló la expansión al oeste generando un conflicto con las colonias francesas en Canadá y Louisiana. No fue esta la única causa de la “Guerra de los Siete años”, pero este boom permitiría a la larga el anhelo de independencia tal como lo explica la serie documental del canal estadounidense PBS: The war that made America (2006), basada en las investigaciones del historiador Fred Anderson. La principal estrategia para construir el imperio británico siguió siendo el concentrar todos sus esfuerzos militares en la Royal Navy la cual poseía una fuerza profesional permanente y una doctrina táctica centrada en el ataque más que la defensa (se había superado los tiempos de la meta defensiva de las islas británicas). Y es que la misma estaba en una función simbiótica con los anteriores factores que nombramos. Las victorias navales le permitieron pasar de la piratería de los siglos XVI y XVII a un control gradual de los mares durante el siglo XVIII junto a sus rutas comerciales asiáticas y atlántica (incluyendo el famoso “comercio triangular” con la criminal trata de esclavos). Ahora los que combatían la piratería eran ellos, y comenzaban a ahogar económicamente a Francia. En la “Guerra de los Siete años” la Royal Navy ahorcó logísticamente las colonias y tropas francesas en Norteamérica, el Caribe y la India; además de bloquear los puertos de Francia. La otra estrategia que usó con el potencial financiero que poseía era dar recursos económicos a sus aliados en el continente (Prusia principalmente) para no tener que gastar en grandes ejércitos terrestres, y de esta forma enviarlos a las colonias. Al hablar de la cinematografía sobre este período es importante resaltar una novela basada en el contexto de las llamadas guerras Franco-Indias que es el nombre de la “Guerra de los Siete años” en Norteamérica, la cual posee más de 20 adaptaciones al cine y la TV desde el año 1909 hasta el presente. Nos referimos a El último de los mohicanos (James Fenimore Cooper, 1826). En la versión de 1992 del director Michael Mann, cuya melodía central es considerada una pieza de culto “The Promentory” (Trevor Jones y Randy Edelman), se reconstruye muy bien el sitio a Fort William Henry (agosto de 1757). La historia busca mostrar cómo los pueblos indígenas terminaron exterminándose unos a otros al aliarse con los colonizadores, aunque la versión de 1992 mantiene esta idea busca también valorar las culturas aborígenes en su “ecologismo”. La victoria británica en 1763 frente a Francia le permitió consolidar el dominio de las rutas comerciales del mundo. Francia perdió su presencia en América y la India o fue reducido a pequeños territorios que no tenían importancia militar y económica. El centro financiero del mundo pasó a Londres. Pero Francia no se iba a rendir tan fácilmente, y es por eso que quedará otra guerra para terminar de imponer la llamada “Pax Británica”. En nuestra próxima entrega nos dedicaremos al siglo XIX y cómo la victoria frente a Napoleón Bonaparte y la Revolución Industrial establecieron las condiciones para que se convirtiera en el imperio más extenso de la historia de la humanidad. Lee también: “Rule, Britannia! Britannia, rule the waves!”: 300 años hablando inglés (I)
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