Asuntos personales
Escrito por Nicomedes Febres Luces   
Viernes, 20 de Marzo de 2015 11:24

ASUNTOS PERSONALES
Nicomedes Febres
* Ayer en la noche vino a cenar a casa una ahijada con su padre, hija del único amigo que me queda vivo de la época de la infancia y quien estudió conmigo desde kínder hasta bachillerato. Él es para mí como un hermano y sus hijos se los traje al mundo hace años. Mi ahijada es ingeniera egresada de la Universidad Simón Bolívar y forma parte del millón y medio de venezolanos jóvenes que se fueron del país por culpa del gobierno. Es brillante, simpática y ahora trabaja como una alta ejecutiva de mercadeo en una empresa transnacional y si hoy amanece en Buenos Aires, mañana lo hará en New York y así por el estilo. Es una ciudadana del mundo y se casará próximamente. La partida de todos esos muchachos del país es el más grande daño patrimonial que estos muérganos le han hecho a Venezuela y ellos harán falta para su reconstrucción y como ya tienen una vida hecha afuera más amable, más gratificante y más tranquila, uno para ser realista, debe presumir que difícilmente volverán. Esa convicción me ennegrece el alma y es una de las razones más poderosas para nunca olvidar lo que estos degenerados le hicieron a Venezuela. Para mi es imposible perdonar u olvidar. Por eso lucho, por eso escribo estas crónicas y los libros que hago para que los venezolanos del futuro sepan de nuestro pasado y del maravilloso país que fuimos; por eso detesto a aquellos que desde la oposición olvidan que la única, la exclusiva prioridad, y si se quiere, la razón de vivir es la lucha por sacar a estos hampones del poder. Dios me ha concedido unas ahijadas maravillosas de las cuales estoy pendiente, así ellas no lo sepan, desde la primera, una prima que bauticé cuando yo tendría como 12 años y que le encomendé a la querida Negra Anzola cuando mi ahijada se fue a estudiar urbanismo allá y la negra era entonces cónsul en París, allí la acogió como una sobrina y le presentó el que sería su futuro esposo con quién tiene dos hijas maravillosas estudiando el La Sorbona y han sido muy felices, hasta una especialista en CSI que vive y trabaja en Weston, cuyo esposo está en proceso de recuperación postoperatoria y de quien estoy pendiente. De todas y todos mis ahijados estoy orgulloso y soy un padrino exigente para que se superen en la vida. Perdonen estas infidencias que son parte de mi vida. Vaya también con estos recuerdos una oración por el alma de la negra Anzola, una mujer buena y generosa como pocas, de quien estaré agradecido por este favor hasta el final de los tiempos.
* El domingo inauguraremos la esperada exposición de Juan Toro en la galería a la cual están todos invitados. Juan ha registrado toda la violencia y la tragedia venezolana de estos tiempos y está teniendo mucho éxito en el exterior. Ha logrado transformar esa violencia en hermosas metáforas de la realidad, la exposición titulada Índice Riesgo País es relativa a la represión contra las manifestaciones estudiantiles de 2014. Juan es un artista imprescindible de este tiempo venezolano del arte. Por otro lado, metí el hombro para que el Museo de Arte Popular de Petare mostrara la colección del verdadero arte popular colonial venezolano de la colección de Ramón Amado Villegas, un humilde venezolano de excepción de 85 años que ha pasado su vida atesorando ese verdadero arte popular hecho por pardos y esclavos para que las imágenes de vírgenes y santos tramitaran las rogativas de los humildes de ese tiempo. Ramón Amado ha trabajado por años como anticuario y es uno de mis venezolanos más admirados pese a su humilde condición, y dentro de él existe el alma de un gran patriota. El mismo domingo es la inauguración de la exposición en Petare y me desdoblaré como un homenaje al admirado amigo y a Carmen Sofía.
* Hoy pese al matrimonio de un sobrino iré a la muestra en El Hatillo de la muestra de mi querido Pedro León Zapata organizada por Mara, Helio y la galería Utopia 19. Reitero aquí mi fervor zapatista. Pedro León cuida de nosotros.

altAyer en la noche vino a cenar a casa una ahijada con su padre, hija del único amigo que me queda vivo de la época de la infancia y quien estudió conmigo desde kínder hasta bachillerato.

Él es para mí como un hermano y sus hijos se los traje al mundo hace años. Mi ahijada es ingeniera egresada de la Universidad Simón Bolívar y forma parte del millón y medio de venezolanos jóvenes que se fueron del país por culpa del gobierno. Es brillante, simpática y ahora trabaja como una alta ejecutiva de mercadeo en una empresa transnacional y si hoy amanece en Buenos Aires, mañana lo hará en New York y así por el estilo. Es una ciudadana del mundo y se casará próximamente. La partida de todos esos muchachos del país es el más grande daño patrimonial que estos muérganos le han hecho a Venezuela y ellos harán falta para su reconstrucción y como ya tienen una vida hecha afuera más amable, más gratificante y más tranquila, uno para ser realista, debe presumir que difícilmente volverán. Esa convicción me ennegrece el alma y es una de las razones más poderosas para nunca olvidar lo que estos degenerados le hicieron a Venezuela. Para mi es imposible perdonar u olvidar. Por eso lucho, por eso escribo estas crónicas y los libros que hago para que los venezolanos del futuro sepan de nuestro pasado y del maravilloso país que fuimos; por eso detesto a aquellos que desde la oposición olvidan que la única, la exclusiva prioridad, y si se quiere, la razón de vivir es la lucha por sacar a estos hampones del poder. Dios me ha concedido unas ahijadas maravillosas de las cuales estoy pendiente, así ellas no lo sepan, desde la primera, una prima que bauticé cuando yo tendría como 12 años y que le encomendé a la querida Negra Anzola cuando mi ahijada se fue a estudiar urbanismo allá y la negra era entonces cónsul en París, allí la acogió como una sobrina y le presentó el que sería su futuro esposo con quién tiene dos hijas maravillosas estudiando el La Sorbona y han sido muy felices, hasta una especialista en CSI que vive y trabaja en Weston, cuyo esposo está en proceso de recuperación postoperatoria y de quien estoy pendiente. De todas y todos mis ahijados estoy orgulloso y soy un padrino exigente para que se superen en la vida.

Perdonen estas infidencias que son parte de mi vida. Vaya también con estos recuerdos una oración por el alma de la negra Anzola, una mujer buena y generosa como pocas, de quien estaré agradecido por este favor hasta el final de los tiempos.

El domingo inauguraremos la esperada exposición de Juan Toro en la galería a la cual están todos invitados. Juan ha registrado toda la violencia y la tragedia venezolana de estos tiempos y está teniendo mucho éxito en el exterior. Ha logrado transformar esa violencia en hermosas metáforas de la realidad, la exposición titulada Índice Riesgo País es relativa a la represión contra las manifestaciones estudiantiles de 2014. Juan es un artista imprescindible de este tiempo venezolano del arte.

Por otro lado, metí el hombro para que el Museo de Arte Popular de Petare mostrara la colección del verdadero arte popular colonial venezolano de la colección de Ramón Amado Villegas, un humilde venezolano de excepción de 85 años que ha pasado su vida atesorando ese verdadero arte popular hecho por pardos y esclavos para que las imágenes de vírgenes y santos tramitaran las rogativas de los humildes de ese tiempo. Ramón Amado ha trabajado por años como anticuario y es uno de mis venezolanos más admirados pese a su humilde condición, y dentro de él existe el alma de un gran patriota. El mismo domingo es la inauguración de la exposición en Petare y me desdoblaré como un homenaje al admirado amigo y a Carmen Sofía.

 Hoy pese al matrimonio de un sobrino iré a la muestra en El Hatillo de la muestra de mi querido Pedro León Zapata organizada por Mara, Helio y la galería Utopia 19. Reitero aquí mi fervor zapatista. Pedro León cuida de nosotros.


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