| De una advertencia |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 08 de Septiembre de 2014 18:24 |
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De una advertencia
Luis Barragán
La vida depara sorpresas que rápida o tardíamente conocemos y, por supuesto, la historia no escapa de ellas. Candidato presidencial de un consenso básico para la transición, el otrora embajador venezolano en Washington aterrizó a mediados de agosto de 1945, en Maiquetía, para iniciar una campaña electoral que dirimiría el Congreso Nacional, teniendo por adversario a Eleazar López Contreras.
Apenas, comenzando septiembre, Diógenes Escalante o aquellos que tan decididamente lo respaldaron, retiró la candidatura para generar una gravísima crisis de legitimidad del medinismo que, de haberse efectivamente elegido y posesionado, hubiese atravesado las fronteras de lo inimaginable. El varias veces aspirante solapado a la presidencia (con Gómez en 1931 y con López Contreras en 1941), literal y definitivamente enloqueció trastocando el juego político que agudizó la conspiración militar, aguzó la habilidad política de Rómulo Betancourt y aguijoneó el malestar de los sectores más conservadores que tampoco se sintieron interpretados por el buen hombre que lo reemplazó como fórmula gubernamental: Ángel Biaggini, festejado hasta por una figura tan peculiar en nuestra historia contemporánea como Alirio Ugarte Pelayo.
Tratamos de una lección olvidada del siglo XX que inadvertidamente Escalante selló, aunque nunca lo supo y, al parecer, ya había olvidado el venezolano que se enteró de su distante muerte a través de un cablegrama marginal de los periódicos hacia 1964. La sola estabilidad, continuidad y confianza institucional parece constituir la mejor póliza para los accidentes históricos, aún lo más impensables, pues, nos antojamos que Estados Unidos sobrevivió a la muerte de su mandatario nacional, por enfermedad, nada más y nada menos que en las aún inciertas postrimerías de la II Guerra Mundial, por no citar el magnicidio que, a la vuelta de casi dos décadas, marcó su acento en medio de la Guerra Fría.
Transcurrido el tiempo, quedan atrás las interpretaciones maniqueas del lejano decenio de los cuarenta, levantándose la figura curiosa del atildado, sobrio, obediente y diligente Escalante que sorteó las dificultades de entenderse con regímenes de oprobio, ponderando las puertas que deseaba abrir Medina Angarita y las llaves que le ofreció Betancourt en el hotel Statler. El diario El Nacional, que sepamos, dio el tubazo de la enfermedad como hoy no podría medio de comunicación alguno darlo, procurando el gobierno el engaño prolongado y a todo trance de la población.
Ojalá Javier Vidal repusiera “Diógenes y las camisas voladoras” que retrató estupendamente el drama, llegando hasta donde no podía el más perspicaz historiador o biógrafo. Inolvidable obra teatral, obra como una advertencia.
@LuisBarraganJ
en Washington aterrizó a mediados de agosto de 1945, en Maiquetía, para iniciar una campaña electoral que dirimiría el Congreso Nacional, teniendo por adversario a Eleazar López Contreras. Apenas, comenzando septiembre, Diógenes Escalante o aquellos que tan decididamente lo respaldaron, retiró la candidatura para generar una gravísima crisis de legitimidad del medinismo que, de haberse efectivamente elegido y posesionado, hubiese atravesado las fronteras de lo inimaginable. El varias veces aspirante solapado a la presidencia (con Gómez en 1931 y con López Contreras en 1941), literal y definitivamente enloqueció trastocando el juego político que agudizó la conspiración militar, aguzó la habilidad política de Rómulo Betancourt y aguijoneó el malestar de los sectores más conservadores que tampoco se sintieron interpretados por el buen hombre que lo reemplazó como fórmula gubernamental: Ángel Biaggini, festejado hasta por una figura tan peculiar en nuestra historia contemporánea como Alirio Ugarte Pelayo. Transcurrido el tiempo, quedan atrás las interpretaciones maniqueas del lejano decenio de los cuarenta, levantándose la figura curiosa del atildado, sobrio, obediente y diligente Escalante que sorteó las dificultades de entenderse con regímenes de oprobio, ponderando las puertas que deseaba abrir Medina Angarita y las llaves que le ofreció Betancourt en el hotel Statler. El diario El Nacional, que sepamos, dio el tubazo de la enfermedad como hoy no podría medio de comunicación alguno darlo, procurando el gobierno el engaño prolongado y a todo trance de la población. Ojalá Javier Vidal repusiera “Diógenes y las camisas voladoras” que retrató estupendamente el drama, llegando hasta donde no podía el más perspicaz historiador o biógrafo. Inolvidable obra teatral, obra como una advertencia. @LuisBarraganJ |
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