| De una reseña parlamentaria |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Viernes, 15 de Agosto de 2014 16:24 |
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impresiones al explorar los viejos Diarios de Debates, sobre todo en los difíciles, duros y complejos inicios de la democracia representativa, caído Pérez Jiménez. Independientemente de nuestras diferencias políticas e ideológicas, el autor hace justicia a la elocuencia y profundidad del tovareño, a quien calificamos de político ilustrado con motivo de la discusión del acuerdo que le tributó la Asamblea Nacional. Un tribuno que, en nuestra intervención, recordamos como un interlocutor válido en la polémica parlamentaria que ha de interpelar al oficialismo, aunque Chávez Frías interrumpió la transmisión televisiva d la citada sesión para encadenarse e insultar a Capriles, con la resignada anuencia de sus diputados. El viejo Domingo Alberto sustentaba su labor proselitista y diputacional en el estudio, como ocurría con buena parte de sus colegas. E, incluso, citaba los más recientes boletines del Banco Central, poblados de cifras, junto a los teóricos de la economía que lo animaban, cumplimentando a la cámara con una metáfora que parecía dinamitarla, como ocurría igualmente con otros oradores que frontalmente lo adversaban. Sin embargo, algo ha pasado con los herederos de una curul que homenajearon fatigosamente. En efecto, las características de Rangel en el uso del micrófono asambleario, ya no goza de equivalente alguno en quienes se reclaman como los más socialistas del planeta. Frecuentes despachadores de los créditos adicionales, festejadores de los acuerdos que la sola ocurrencia parece dictar y negadores de todo debate que le interese al país que los sufre, suelen agolpar el hemiciclo de procacidad, combinada con el gesto soez de los envalentonados: muy raras veces hay un asomo de convicción y hondura, favorecidos el desplante y la saña que siembran en el terreno de la descalificación personal. Algo pasó con el marxismo venezolano que tuvo voceros muy superiores a los actuales, y esto es necesario reconocerlo. Sáez Mérida y su “Domingo Alberto Rangel parlamentario” (Vadell Hermanos, Caracas, 2004), se nos antoja como un escrito de cargos para los que – además – lo proclaman, sin haberlo escuchado o leído jamás. |
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