| De la universidad de izquierda |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 13 de Junio de 2022 00:00 |
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a pesar de la amarga experiencia cubana. Sus integrantes se hicieron defensores a ultranza de la autonomía que, ahora, desde el poder, pisotean, por lo que no basta que se les niegue el carácter mismo de izquierda. Recordamos que acudimos con reservas a un foro celebrado en la escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela (UCV), tiempo atrás, con algunas reservas, ya que en los tiempos juveniles eran espacios vedados a quienes no éramos militantes marxistas, irrumpiendo varias veces a golpes. En la sala llamada “Simón Sáez Mérida”, increíblemente, disertamos con toda tranquilidad, quizá porque las aulas ya están abiertas a otras tendencias ideológicas, quizá porque se mantiene intacta la herida del asalto violento que hizo el chavismo de esos lugares. Oportuno y necesario, circula el título digital de Anderson Ayala Giusti, “La universidad de izquierda” (CEDICE, Caracas, 2022). Tesis de grado ordenada y paciente, teóricamente bien fundamentada, que da cuenta de la propagación del marxismo en y desde la Universidad Central (UCV), en nada diferente a lo que ocurrió con el resto de nuestras casas de estudios. Tamaña influencia tiene correspondencia “al menos durante la única etapa democrática que se ha podido forjar en el país” (205), constituyendo la otra paradoja. Inevitable que el autor deseé saber si ha ocurrido algo semejante en las universidades de La Sorbona de París, la Complutense de Madrid o la de Buenos Aires. Pocos arriesgan con un novedoso trabajo de grado, frecuentemente convertido en un dolor de cabeza que posterga innecesariamente el licenciamiento, pero bien acota Andrés Guevara, tutor y prologuista: “ … Las tesis de grado que realizan los estudiantes no son meros trámites burocráticos o administrativos para obtener un título, sino que bien llevadas, hechas con empeño y tesón, pueden transformarse en obras que perduren en la posteridad”. Así ha pasado con Ayala Giusti, marcando una importante línea de investigación para el futuro. Producción de libros Entrada la presente centuria, aún podía encontrarse en los remates de libros, antiquísimos y numerosos ejemplares universitarios dedicados al marxismo, sin que asomaran otra opción. Incluso, todavía conservamos la edición de un título italiano dedicado al cine de mediados de los ´60 del ´XX, traducido a tiempo, intensamente marxista, que siguió ofertándose abundantemente muy después. Tempranamente, notábamos que unos docentes eran publicados, mientras otros no gozaban del favor de la imprenta universitaria por razones que supusimos estrictamente políticas e ideológicas. De pronto, un insigne lector de la prensa del siglo XIX, pasaba de cronista a historiador por el prestigio que, ciertamente, como refiere Ayala Giusti, daba el sello ucevista (69, 105). Siendo distintos y también farragosos los caminos para probar la influencia marxista, el tesista empleó uno que, por demasiado obvio, nadie se percató de su eficacia. Así, la producción editorial de la casa de estudios condujo a una prueba irrefutable de la hipótesis (55). El capítulo VI da cuenta de las entregas de las Ediciones de la Biblioteca de la UCV, Fondo Editorial de Humanidades y Educación, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, y Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas. Un elevado porcentaje de títulos y autores, directa e indirectamente, versa sobre el marxismo, reducidas o inexistentes otras alternativas. El testimonio de varios amigos que transitaron el aula en tiempos de la consabida subversión armada, nos lleva a un sectarismo e intolerancia hoy inimaginable respecto a las fuerzas que dominaban la Ciudad de Villanueva. De modo que tampoco pudo hablarse de libertad de cátedra en varias escuelas, anegadas también de un discurso panfletario.
Colonización Negada la pluralidad y el pluralismo (46), es necesario precisar qué se entiende por marxismo y, a la vez, sin que constituya su principal propósito, objetarlo. E, igualmente, delimitar el trabajo para evitar los extravíos a los que puede dar lugar: “La Universidad Central de Venezuela (sujeto), sobre todo desde mediados del siglo XX en adelante (contexto), ha difundido a través de sus publicaciones (canal) el conocimiento, las ideas y la información producidos (mensaje) en el seno de la propia institución, puestos así a disposición de la sociedad venezolana (receptor), con la intención de democratizar su acceso (intenciones) y contribuir con el desarrollo del país por medio de su aplicación práctica (efectos que se persiguen)” (69). Asistimos a un fenómeno que es el de la transmisión oral y bibliográfica, con proyectos de investigación, trabajos de ascensos y tesis de (post) grado, redondeado por la noción de hegemonía cultural, siendo indispensable Gramsci para el desarrollo del trabajo. Ha significado el refuerzo de valores e intereses, inscrito en la perspectiva y cosmovisión marxista (77), aunque también con las fallas de un egresado que aspiraba al mercado de trabajo sin haber visto la teoría de costos (129). Hegemonía que se expresa en una colonización o, mejor, una ocupación previa, descarada y brutal, porque la UCV conoció etapas de franca violencia interna, como puede apreciarse en la prensa más antigua, desde el impedimento por la fuerza de un homenaje postrero a Mariano Picón Salas en 1965, o la del indiscutible Herbert Marcuse, acusado como agente de la CIA. El llamado movimiento de renovación constituye una experiencia de marxización (39, 58, 131), sin que uno de sus albaceas – Néstor Francia - diga de su destino y del destino mismo del país, en medio de esta dolorosa travesía iniciada por Chávez Frías al que apoyó tan entusiastamente. Todavía la queja es simplista, maniquea e interesada en relación al allanamiento de la universidad que decidió el entonces presidente Caldera (41 ss.), ejemplificada por varios y dispersos comentarios, recientemente dispensados durante una sesión de la ilegítima Asamblea Nacional (https://www.youtube.com/watch?v=Rcj4bzOE8lI&t=5566s). Correctamente enfocada por Ayala Giusti, tratamos de una cultura de izquierda desinhibidamente anacrónica. Por prematuro que parezca, muchos – añadida la dirigencia estudiantil y profesoral – desean olvidar el allanamiento de Maduro Moros (141 s.). Por cierto, bastante particular respecto a la remodelación masiva que también hemos denunciado ante el legítimo parlamento. Una rosca política Apenas, faltando dos títulos referidos al movimiento estudiantil, el tesista en cuestión emplea nueve de Orlando Albornoz, equivalente a un merecido tributo al sociólogo que ya pocos refieren tan injustamente. De la universidad, hoy, no se habla en profundidad y ya está vedada la fuente periodística especializada, como nunca antes se había visto. Hemos pasado de la izquierda victimizada, por siempre, a la cínicamente victimaria, y disentimos de quienes ven un interés académico antes que una deliberada penetración (99) de las fuerzas que representaban el marxismo de entonces, alzado en armas y que, después, quedó burocráticamente entronizado; no fue casual que jamás pudiera impartir clases Guillermo Morón en la escuela de Historia bajo un absoluto control de la rosca marxista, por ejemplo (https://elestimulo.com/cultura/2020-04-23/guillermo-moron-aqui-no-pasa-nada-todos-son-unos-imbeciles). Además, que apenas fueran tres los rectores clara y abiertamente militantes del marxismo, obviando a decanos de facultad y directores de escuela, no significa que otros no hayan permitido y abonado a la penetración y entronización, pues, todavía esperamos por estudios que den cuenta del rol jugado por Jesús María Bianco, pretendido defensor de la autonomía universitaria, cuyo lenguaje público varió esencialmente de compararlo con el - por supuesto - joven diputado que fue en los años cuarenta del veinte. Camarillas que pelean con los libros o las armas, contra el sistema (58), siendo crucial el dominio del gremio estudiantil (105), conforman el poderoso status quo universitario, reconfigurado al superar el allanamiento realizado a principios del primer gobierno de Caldera. Confrontado con el bipartidismo que gira sobre el fortalecimiento exagerado del Estado (47), cuenta con el presupuesto público universitario, y un conjunto de profesores, investigadores y, muy importante, líderes de opinión que lo convierten, a nuestro juicio, en una suerte de partido o para-partido, junto a las Fuerzas Armadas. Valga acotar, creído como involuntario, Ayala Giusti ha cometido un error al señalar a Víctor Giménez Landínez, como profesor marxista o filo marxista (110). Por mostrar una faceta, la ausencia de sendos concursos de oposición, ayudó a la conformación de la rosca política, en principio de marcado fundamentalismo marxista (23, 128), cuyo sector más ortodoxo ha ejercido el poder (104, 138), abandonando los espacios universitarios que luego desea humillar y doblegar. Otra faceta, hubo voceros del mundo universitario muy calificados en la opinión pública que nos llevan a otra paradoja: Héctor Mujica fue un prominente marxista-leninista, defensor de las libertades en un tiempo en el que hizo una férrea oposición, primer presidente de un Colegio Nacional de Periodistas, cuyo hijo ejerce hoy la representación diplomática de Maduro Moros en Francia; gremio ahora perseguido e impedido de realizar sus libérrimas elecciones. Huelgan los comentarios. Finalmente, no sabemos si el libro llevará al estrellato a Ayala Giusti y a su tutor-prologuista, pero lo cierto es que marca un hito (15), como bien lo intuyó. El respaldo editorial de CEDICE ayudará a su promoción y, ojalá, lectura de los sectores universitarios y partidistas, aunque en nada les interesará a aquellos que gestionan un tal diálogo social con Miraflores.
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