| La batalla simbólica |
| Escrito por Nicomedes Febres Luces |
| Sábado, 29 de Octubre de 2016 06:54 |
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Fui feliz allí conviviendo con el riesgo, con la fraternidad que da el combate, con la pasión del amor a la democracia y la libertad, es sentirse vivo y sentirse útil. Una generación puede llegar a ser mucho más que la melodía de una canción o el uso de una moda o una jerga. Los que nunca lucharon por la causa que creían jamás conocerán sus propios límites ni habrán vivido su juventud a plenitud. Han pasado los años y los que fuimos la vanguardia entonces, así seamos de bandos contrarios, nos reconocemos como una misma generación, y en medio de recuerdos, chanzas y precisiones históricas, somos de una u otra manera el testimonio vivo de nuestro pasado. Hoy tirios y troyanos somos amigos y recordamos juntos. Siento un inmenso respeto y afecto por mis adversarios que dejaron allí sus ilusiones y perdieron, a título personal, hechos significativos de la vida porque su sacrificio fue en balde. Hoy todos esos hombres y mujeres que lucharon por sus ideales y que yo sin vacilaciones ayudé a combatir, son gente de un profundo talante democrático y cívico y lo han demostrado en estos largos 17 años. Esto que estamos viviendo es una perversión de lo que ellos a lo mejor soñaron, y en vez de acomodarse y dejarse querer como próceres, al contrario de lo que hace cualquier boliburgués, crápulas entre los crápulas, ellos desde sus inicios han combatido a este régimen verticalmente, y los he visto llorar y sufrir esta tragedia que nos acogota a todos. Eso habla de su integridad moral. Leer que sargentos de tercera categoría se atribuyen la épica personal de cualquiera de mis amigos es duro para el que lo vivió de verdad en carne propia. Por eso es que este régimen es un régimen de tercerones, de mediocres, de farsantes, sin pasado digno, así ellos quieran engañar a los incautos y a los jóvenes; como esos chavistas nuevo ricos que compran cuadros de retratos viejos para decir que son sus ancestros, y así justificar su riqueza súbita y su origen. De ese tamaño es esta farsa. Antier, oyendo los himnos marciales de la guerra civil española, de bando y bando, me percaté de la pobreza simbólica de este tiempo que vivimos. Imágenes hay por millares y eso habla bien de nuestros fotógrafos y llevo un registro de las obras de arte dedicadas a la lucha por la libertad y la democracia y sé que pronto veremos esa gran exposición en los museos venezolanos, cuando esta costra infecta salga del poder. Como este tiempo ha sido invadido por lo político, el arte de este tiempo también tiene mucho de político, y no se llamen a engaño, porque una obra de arte se debe a su sociedad y a su tiempo. Pero símbolos de este tiempo no son tantos, ni del gobierno ni de la oposición y debemos asumir nuestra cuota de deber. Ni el difunto es un ícono, así lo quieran reiterar hasta la náusea, y ello no pasa del culto a la personalidad, ni el Bolívar zambo tampoco. Que nuestros músicos escriban los himnos que nos movilizarán mañana a la reconquista de la libertad, y que cuando se oigan, nuestro cuerpo se electrice de emoción por esa música que honre nuestra gesta, la gesta de todos ustedes; ese es el deber del músico en esta lucha, que nuestros poetas escriban también sobre esta epopeya nuestra, que nuestros artistas plásticos sinteticen en una imagen estos años heroicos, y que las generaciones venideras acudan a esos textos, a esas imágenes y a esa música para que cuando ya no estemos aquí, esta lucha no caiga en el olvido y los venezolanos del mañana no repitan esta desgracia histórica y ese es el deber actual de los creadores. Esa es la batalla simbólica que también hay que ganar especialmente a Cronos, el Dios del Tiempo. No porque lo heroico haya abundado, deja de ser épico y esto debemos recordarlo. Por eso me he dedicado con denuedo a guardar la memoria histórica de nuestro pasado social para también usarlo simbólicamente y dar a conocer la verdad de nuestros ancestros, que es el pasado verdadero de los venezolanos. Los que hoy apoyan al régimen, no pasan de ser unos traidores a la Patria y están en el lado oscuro de la Historia y la memoria. Y nuestra lucha es testimonio de su indignidad. Vivimos tiempos heroicos y hemos sido del tamaño del compromiso, de allí la urgencia de reconocernos y honrarnos a nosotros mismos, porque honrar honra. |
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