| Del enredamiento político (y nota previa) |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 04 de Enero de 2016 20:40 |
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La mayoría democrática que, por cierto, lo ha sido por mucho tiempo, ha de romper con la grosera manipulación oficialista que se hizo, por ejemplo, a través del portal digital y del Twitter, trastocados en recursos secundarios del principal partido de gobierno, dada la escasa audiencia y credibilidad que alcanzaron. Sugerimos, incluso, la publicidad electrónica no sólo de los Diarios de Debates que cursarán, sino de los que se sistemáticamente se omitieron en el ya concluido lustro. EN-REDO Y EN-REDAMIENTO POLÍTICO Generalizado el empleo de las redes sociales en proporción a lo poco o mucho que accedamos a los equipos, los asuntos políticos – no otros que los relacionados con el destino compartido – saben más de las estridencias del conflicto que de la polémica de sus motivaciones. La cultura iconográfica explica también nuestras vinculaciones con el poder y, así escribamos en 140 caracteres, constando un mínimo acto reflexivo, tendemos a trillar el camino de las predisposiciones redundando en la simplicidad del primer vistazo a los problemas. Los problemas políticos cuentan con una naturaleza y características muy propias, exigiendo un segundo o tercer vistazo, por lo que el ciudadano común – ocupado en otros menesteres – suele depositar su confianza en quienes le representan en cualquiera de los ámbitos donde se realiza, incluyendo la opinión pública. No significa que sea un fenómeno exclusivo de quienes la hacen u opinan por oficio o profesión, porque – al fin y al cabo – no sólo la padecemos todos, sino que el sentido común es su esencia. Sin embargo, precisamente, suele enredarse en las redes. Faltando el criterio más elaborado, requerido de una sostenida atención, los prejuicios pueblan nuestras incursiones – por mencionar algunas - en Facebook que, se dice, goza de mayor antigüedad y popularidad en Venezuela, aunque está limitado a cinco mil amigos por cuenta, con la ventaja de permitirnos elegir, delimitar y conformar la comunidad de nuestro interés; Twitter, de superior sintonía en los sectores medios, ilimitado y exponente de las más disímiles posturas; e Instagram, con una afiliación – acaso – más selecta y literal como resueltamente iconográfica. Por supuesto, el discurso maniqueo y brutal del gobierno ha bañado tales herramientas, abusándolas como un medio de provocación que, a su vez, ahorra toda la explicación hasta institucional que amerita su gestión, generando las reacciones del caso. Valga la hipótesis, el usuario suele responder con sus predisposiciones inmediatas, convertidas – igualmente – en un forzado acto recreativo, inherente a la virtualidad, por las cuales no responde o dice no responder. Y, realizando el fundamento de lo que concebimos como la cultura iconográfica, por las prisas de la vida cotidiana o, sencillamente, porque son otras sus ocupaciones e intereses, recurre a las ideas preelaboradas, a los gestos trillados y los ángulos que les resultan por consensuados, confiables, a objeto de expresarse esgrimiendo un recurso de autoridad. A modo de ilustración, creamos hacia 2008 el grupo Libros en Facebook [https://www.facebook.com/groups/13765738818/] con el sencillo propósito de reportar las reseñas personales de sus miembros, pero - combatidos ya inútilmente – ha sido prácticamente imposible impedir que suscriban sus preferencias con remisión a portales con opiniones ajenas, a motivos gráficos vistos hasta la saciedad y a la autopublicidad de obras no arbitradas por casa editorial alguna. Vale decir, una comunidad supuestamente “inteligente”, incurre en los vicios de la reiteración, sin el valor agregado de un genuino y modesto encuentro de lectores, reacios a la disciplina que lleve a una deseada autorregulación. Y, con mayor razón, los grupos que se dedican a la política de hoy, replican intensamente lo ya consabido, perdiendo – por más que la membrecía sea voluntaria y con fines precisos – la oportunidad de razonarla un poco más y mejor. Joana Ziller y Carolina Braga, en un trabajo sobre la participación ciudadana, integrante de la compilación intitulada “El uso de las redes sociales: ciudadanía, política y comunicación”, publicada por la Universidad Autónoma de Barcelona en 2014, con énfasis en la experiencia española y brasileña [http://incom.uab.cat/download/eBook_6_InComUAB_redessociales.pdf], refieren: “… Poco importa si lo que se publica en las redes sociales y en los medios de comunicación social es una producción original o una inserción en un flujo más amplio de la comunicación. Mediante la publicación de un videograbado en una manifestación o compartido, el internauta expresa opiniones propias, respalda otras, hace comentarios, recontextualiza o modifica”. La interconectividad refleja la realidad-real y el desbarajuste institucional de más de década y media, halla suficiente asidero con la polarización que la ha asaltado, el lenguaje soez y el revanchismo que no mide sus peligros, con la comodidad del teclado. Una fotografía nostálgica de la vieja ciudad, puede ocasionar u ocasiona comentarios muy distintos al objetivo de los grupos Caracas en Retrospectiva I y II [https://www.facebook.com/groups/14739997038/ y https://www.facebook.com/groups/24371473543/], duros e impertinentes que tienen por afán la actualidad política y, faltando poco, resistiéndose al llamado de los administradores que apelan frecuentemente a una enojosa y fuerte moderación. Hay excesos en los grupos especializados en política que imposibilitan el intercambio sensato de pareceres y no conduce a iniciativa alguna en el mundo-real, su terreno natural, por lo que, al menos, ahora dudamos que “los Foros (…) funcionan como espacios de diálogo, no de deliberación”, como observó María Eugenia Peña de Arias , coincidiendo en que “los grupos se usan como espacios para relacionarse con el hecho político, no para informarse sobre política”, sin que conduzcan al “compromiso con soluciones o acciones concretas” [“Las redes sociales como espacios para la discusión de asuntos públicos: estudio de los grupos sobre política venezolana en Facebook”, en: Anuario Ininco, UCV, Caracas, nr. 1, vol. 23 de 2011]. Twitter parece más propenso a la información que al relacionamiento luego personal que promete Facebook, y la política suscita respuestas más de las veces destempladas. Recordemos, ha sido el instrumento favorito del telegobierno venezolano, suerte de Gaceta Oficial que le evita hasta una rueda de prensa para explicar buena parte de las decisiones adoptadas, así como sus registros lo llevan a la represión directa de usuarios disidentes, con la cárcel o el despido del funcionario público que osa asomar sus discrepancias. Ciertamente, goza de una envidiable instantaneidad, aunque dificulta el intercambio coherente y duradero, propicio a un mensaje malicioso que, inevitable, lo distorsiona. Sentimos, como nos ocurrió recientemente, que también da ocasión para el razonamiento: lo ejemplificamos con un Tweed en el que nos etiquetaron, portador de un enérgico mensaje respecto al problema esequibano y, al redireccionarlo al blog personal, el remitente comprendió y asumió que nuestra posición no es en nada improvisada. La confusión política a la que tienden las redes, enfatizando la inmediata opinión del usuario, encuentra remedio – justamente, al tratarse de la política – en el mundo-real, como los recientes resultados electorales, premisa inevitable, aunque también con un empleo idóneo y pedagógico de las herramientas virtuales que haga la Asamblea Nacional. Ésta vez Twitter puede conocer de una diferente incursión y, por algo, a guisa de ilustración, a la fecha en la que suscribimos estas notas, la cuenta de la injustamente destituida diputada @MariaCorinaYA tiene 2,86 M de seguidores, frente a la de @NicolasMaduro , con 2,64, dejando atrás las cuentas de la Asamblea Nacional bajo predominio oficialista como @SecretariaAN con 367 K y @SecretariaAN con 367 K. @LuisBarraganJ |
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