| De la protesta social y política |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 28 de Abril de 2014 06:28 |
Inevitable en todos estos años, la protesta social ha adquirido una intensidad y visibilidad que el régimen supo anteriormente evadir y administrar, como si reportara apenas
una anécdota adicional a las gloriosas hazañas políticas que incansablemente prefabrica. Los “protestógrafos” cuentan por miles los eventos de disconformidad que, en los últimos años, conocieron de los más variados escenarios, aunque – demostrando su insinceridad - el sistema aparentemente no se resentía, dada una incansable manipulación propagandística y publicitaria. Siendo tan numerosos los testimonios, actos y sucesos protestatarios, requirieron de una natural conversión, naturaleza y trascendencia política. Tratándose del poder sordo, mudo y ciego, no era otra la dimensión urgida que la del desafío en el esfuerzo inevitable de atajar las consecuencias de la crisis criminalmente desatendida. Es de una ingenuidad descomunal pretender que basta únicamente con el malestar y la irritación de la sociedad para el logro del cambio, como si no necesitáramos de una pronta interpretación y respuesta política. Vieja tesis de los estudiosos de la opinión ajena, encuestólogos y afines, una aparente neutralidad y hasta omisión política constituye la mejor garantía para que la sola protesta social arrolle toda resistencia continuista, aunque – consabido – el alegato esconde la postergación del conflicto político y su riesgosa intensidad, en nombre de las futuras, limpias, transparentes y pulcras elecciones del futuro que tienden a la inexorable confusión cuando esas mismas condiciones no se dan, sorprendiéndonos con nuestras vergüenzas al aire. Ha ocurrido que, socialmente soportada, la protesta política desafía a todos los actores, incluyendo a los de la oposición, que desean – como todos – la normalidad, a pesar de que ésta no la alcanzamos por obra del azar. Comprobado, las instituciones fallan y no siendo probable, a modo de ejemplo, debatir e investigar los más sonoros casos en el ámbito parlamentario, resulta indispensable canalizar la indignación, procurándole la prestancia de una legítima estrategia política. Nada pasaba con las mil veces escenificadas protestas sociales, por faltar ese reto político que las explicara y expresara. Un elemental razonamiento, ya no basta con denunciar la altísima tasa de homicidios en el país y de formular las recomendaciones por siempre desoídas, pues, tratándose del asesinato de personas inocentes, la dirección del Estado que no vela por ellas, ameritamos de un cambio y ahí están las alternativas que asoma la Constitución de la República. Igualmente, el sosegado ejercicio de la política luce propio de los sistemas convincentemente estables, cuyos dispositivos institucionales realmente funcionan y cumplen con su cometido. Caso contrario, son los arbitrarios y zozobrantes, los que exigen de un mayor coraje físico para la actividad política y, sin pretensión alguna de un infatigable heroísmo personal, como si estuviésemos vacunados contra el miedo, por lo demás natural, precisamente, de coraje físico es que experimentamos la conversión de la protesta social en protesta política, con todos sus desafíos. Embargados por el miedo, afrontamos las situaciones en la medida de lo posible: sólo pedimos que el régimen no se apodere del nuestro, como nos hemos apoderado del suyo para parafrasear al poeta carabobeño Carlos Ochoa. Coincidimos, la cuestión no reside en quién o quiénes somos más y menos valientes, pero hay que reconocer que ante el arrojo, la gallardía y la audacia de la protesta social, la de carácter político no puede comprenderse en los cauces de una serenidad imposible. Y casos como el de la colega parlamentaria María Corina Machado, así lo demuestra, dando testimonio – valga la nota jocosa – de los ovarios que lleva por fuera, como dijera un dirigente estudiantil al compartir momentos difíciles en Ciudad Bolívar. La consabida y reciente decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), coloca el acento en nuestra modesta reflexión. Lejos de responder a las dramáticas circunstancias que vivimos, las agrava por un firme y demencial mandato gubernamental. COLETILLA: Finalizando el mes, cumplirá un año la consabida golpiza del parlamento. ¿Ha cambiado la situación? @Luisbarraganj |
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