| Síndrome de Estocolmo |
| Escrito por Ox Armand |
| Martes, 15 de Abril de 2014 13:52 |
Se manifiesta de distintas maneras en la vida cotidiana, pero su mejor figuración y caracterización es en los casos de secuestro. No hay curandero, psicólogo o psiquiatra que no advierta una relación
crecientemente afectiva con los victimarios hasta llegar a otra de complicidad con la idea primaria de superarlo o derrotarlo, colaborándole directa o indirectamente. Siguiente paso, la víctima intenta comprender a su agresor, creyéndose más hábil. Resulta que el instinto y ánimo de supervivencia cuando es éste el comprensivo, convierte quizás indefectiblemente a aquélla en partícipe de sus ideas y acciones. La generalización nos lleva a aproximarnos así al fenómeno del malandraje tolerado por necesidad y después ambientación, porque se impone la adaptación y la costumbre bajo mínimas reglas (¿no lo es callar ante lo que se ve y cumplir con un horario restringido de circulación por el barrio?). Dijimos, el asunto muy bien lo sintetiza y dramatiza el secuestro para arribar a las más conocidas referencias históricas, como la aventura de Patricia Hearts, comprometida con el Symbionese Liberation Army que antes la había raptado y solicitado unos millones de dólares por su devolución. Sin embargo, esta patología descubierta y acuñada por Nils Bejerot, como veremos, acepta otras manifestaciones. Asaz desgraciado el curioso que no intenta una interpretación que vaya más allá de las versiones oficiales, por ejemplo, como en el caso de la dividida oposición. Por ello, procuramos recomponer el tal diálogo de Miraflores no a partir de la huera diferenciación entre moderados y radicales, sino entre los que sufren más y sufren menos su Síndrome de Estocolmo. Entonces, el problema no es el de la argumentación, sino de su alcance convertido en un logro la transmisión en cadena nacional del evento que tuvo por mediador a quien se desempeña como Jefe de Estado (todo un síntoma del carácter de la reunión). El asunto estriba en los hechos constantes y sonantes. Sin condiciones, se va al encuentro y prosigue la insólita represión imposible de detener con el ejercicio socrático. Y, como no se puede detener, queda como saldo la coincidencia: se trata de normalizar a cualquier precio la coyuntura con la promesa del captor: elecciones parlamentarias donde toda la concurrencia puede alcanzar su cupo. Únicamente los concurrentes que aceptan la urgencia de restablecer el orden público. Se es más hábil que el equipo gubernamental y, por lo tanto, enderezando las cargas en el camino, respetuoso de las reglas mínimas, se verá obligado si no a rectificar, a respetar las fronteras por ahora marcadas. Digamos que todos se van a debatir en el parlamento en sana paz, nadie moverá un dedo para la protesta y, siendo tan calamitosa, la crisis económica forzará a la concertación de medidas más o menos sensatas, por las que lidia un Hirám Gaviria, a guisa de ilustración. Todo eso incliye un poco de cordialidad y una menor carga de ofensas personales ese u otros debates. Como se sabe que la comunidad internacional les pide la aceptación de una oposición, en ésta habrá los que padecerán un delirio erotomaníaco que es la ilusión delirante de sentirse amado. Tolerado, comprendido y respetado ya no por la firmeza de una posición, sino por la simpatía natural a desplegar. Otra vertiente puede ubicarse en la enemistad en el seno de esa oposición. Vale decir, a la coincidencia en el trato personal se añade otra: la de los enemigos y estos son los que se pueden catalogar como radicales. Por consiguiente, el desafuero parlamentario de Mardo, Aranguren y María Corina no será motivo de discrepancia, por lo menos, vehemente y convincente, sino de coincidencia: le resta unos nombres a la inexorable competencia en el territorio político de la oposición, dejando pendiente el social con la aparición circunstancial de líderes que no hacen el grado político. Al desactivar la lucha de calle, los tesistas de la acumulación de fuerzas y de la conversión de la minoría que somos en mayoría que será reconocida, caen en su propia trampa. Nada fortalece más la tesis que el activo, cívico y pacífico desempeño de la protesta estudiantil, aunque ésta se sabe expresión de la mayoría real que busca sus cauces y para eso está la Constitución, agregada una medición de fuerzas para la Asamblea Constituyente que sincere nuestra realidad histórica. Al parecer no hay soluciones terapéuticas a la mano, ya que los curanderos, psicólogos y psiquiatras solamente apuestan por la liberación de Simonovis para reforzar la acumulación-conversión de marras. |
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