| Del tiempo que se congela |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 31 de Marzo de 2014 02:09 |
A menos que los tengan a escondidas en los estacionamientos cada vez más escasos, convertida la casa y su garaje en un riesgo prácticamente inhabitable,
ya no se exhiben en calles y avenidas los modelos más o menos recientes de vehículos. Ahora, imposibilitada la importación masiva, prevalecen las versiones de dos, cuatro o seis años atrás.Ya somos ajenos a las nuevas tecnologías y diseños para la transportación personal y colectiva, como a las referencias de confort y gusto estético. Solamente los que celebran sendos negocios con el gobierno y cuentan con un elenco inmediato de seguridad, recorren las ciudades y pueblos en una suerte de cuenta bancaria ambulante, tras los vidrios ahumados. Congelada, Venezuela puede emblematizarse en una autopista. Se va quedando en el tiempo, como ocurre con la Cuba representada por los sobrevivientes carros y camionetas de medio siglo atrás. Además, recobrada la importancia de sus reparadores, las maquinas o maquinillas de los barberos no se encuentran con la facilidad de antes. Está ocurriendo con todos los productos y servicios básicos y secundarios, pues, además de los alimentos y medicamentos, cada vez es más difícil reponer el instrumental médico y odontológico, las domésticas hojillas para afeitar, la telefonía fija y móvil, la línea blanca, los relojes de pulsera y pared, y hasta los bolígrafos y llaveros: debemos cuidarlos al extremo, ya anclados en la fecha de su adquisición. Se dirá que los petrodólares están destinados a los renglones prioritarios, añadida la corrupción gubernamental. Simplemente, tratamos de un veto que, por una parte, establece una arbitraria frontera entre los artículos calificados de lujo y aquellos que no los son; y, por otra, nos condena a la más burda supervivencia, sin que obedezca siquiera a una política sustitutiva de importaciones. De acuerdo a las leyes de presupuesto de los últimos años, la residencia (vice) presidencial de La Casona incurre en gastos domésticos vedados a la inmensa mayoría del pueblo venezolano. Y, subyacente en las campañas publicitarias oficiales, la electricidad y el agua para ducharse son bienes para una burguesa ostentación. En la isla caribeña, por ejemplo, el jabón, el desodorante, la pasta dental y el champú no existen, por lo menos, con la atractiva y actualizada ventaja que las empresas especializadas ofrecen en el resto del mundo, agregadas las razones médicas. Por ello, en el reino de la escasez y el atraso, no sólo se pelea por la amable donación que haga el turista de su vestimenta, calzados, lentes u otros implementos que, puede aseverarse, apuntan a la calidad de vida que también explica la justicia social. @Luisbarraganj |
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