| De la autoridad moral |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 17 de Febrero de 2014 07:28 |
Difíciles e indeseables son las circunstancias que explican al país, sumergidos en una crisis emblematizada por la inseguridad personal.
Somos una sociedad literalmente de sobrevivientes, en la que hay más balas que insumos básicos.Lo peor es la insinceridad galáctica del gobierno, pues, creyéndose relevado de responsabilidades, prácticamente culpa a la población. E, intentando esconder las realidades, decide un bloqueo informativo defendido con torpeza descarada en los propios medios internacionales. Suprimida la sesión especial de la Asamblea Nacional en Ciudad Bolívar, invirtió sus mejores esfuerzos en el sabatino mitin de la Avenida Bolívar, por cierto, escasamente concurrido, pues, amén de las fotografías expuestas en las redes sociales, la transmisión televisiva privilegió los planos cerrados y, al abrirse, la distancia revelaba el curioso movimiento de las personas. Faltando poco, en un país enlutado, el colorido y los motivos de la tarima central parecían diseñados por NiFu-NiFa, remitiéndonos a un suplemento de historietas. Huelga comentar lo referido por Nicolás Maduro, cuyos discursos, gestos y desplantes son predecibles. Importa subrayar la falta de autoridad moral para ofender a un país que ha sabido y experimentado el terrorismo de Estado, ejercido a través de los conocidos grupos irregulares. Desgarran sus impecables vestiduras, clamando a los cielos por la aparición de los encapuchados. No los justificamos, pero jamás podrán desmentir que la capucha fue una herramienta consuetudinaria que emplearon hasta el cansancio – incluso - para reclamar la banal suspensión de clases, en la vecindad de una fecha carnestolenda, en décadas pasadas. Décadas en las que hubo sendos dispositivos institucionales, ahora severamente lesionados, para expresar y canalizar las demandas sociales, como los cuerpos edilicios y parlamentarios, una prensa libre e independiente y los partidos que pocas veces tramitaban sus diferencias en los estrados judiciales. A modo de ilustración, no parece una casualidad que, desde 1999, el Instituto Pedagógico de Caracas no sea el escenario de los desórdenes semanales que antes colmaban la avenida Páez de El Paraíso, en Caracas, a pesar de la consternación que produjo el reciente homicidio de un profesor de esa casa de estudios.
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