| Revelación gravitacional |
| Escrito por Ox Armand |
| Lunes, 20 de Mayo de 2013 20:01 |
Por lo general, victimizándose, quienes denuncian continuamente toda suerte de conspiraciones suelen … conspirar, como la única fórmula para defenderse.
Esta concepción de la vida y de la historia, capaz de reinventar a cada rato los hechos de La Cosiata (además, sobreestimándose), los lleva a los más asombrosos actos de torpeza o (¿por qué no sincerar la acepción?) brutalidad que poco tiene que ver con Maquiavelo. Jamás lo leyeron y, mucho menos, los comentarios pretorianos que le concedió Napoleón Bonaparte, los marxistas que le prodigó Antonio Gramsci o los liberales que ensayó Rafael del Águila. Las gavetas de los servicios de inteligencia del país, o de los coleccionistas que las hurtaron, por no mencionar el recuerdo de las destruidas, están llenas de documentos que hablaron más de la prudencia y sagacidad de los viejos gobernantes que actuaban sin temor a la luz del día, que los de ahora, exponentes de una sagrada nocturnidad.Hay revelaciones impresas, iconográficas, magnetofónicas, fílmicas o digitales tan inevitables como la propia ley de gravedad, sobre todo por el apocamiento de las libertades públicas de información y de prensa, y la ausencia de toda rendición de cuentas, que las cotzan muy bien. Necesariamente subrepticias, porque no hay ocasión para ventilarlas con un mínimo de garantías personales: funcionarios de distinta categoría, impotentes, por indignación, rabia y náusea, las deslizan prestándole un anónimo servicio al país que también quieren, por más que luchen por su quincena o el viaje anual a Margarita. Sin embargo, las de ahora, valientemente difundidas por los diputados de la MUD, dejan en pañales los antiguos escándalos, como aquél donde CarlosTablante “conversaba” regularmente con la DISIP, o Ramón Escovar Salom perdía el ministerio de Relaciones Interiores por una infidencia telefónica de Miraflores. Sobrarán todas las interpretaciones que caben sobre el material revelado y más aún respecto a Mario Silva, quien gozó con Chávez Frías de una sorprendente inmunidad que llevó al propio Tribunal Supremo de Justicia a exculparlo y, como lección a los bobos académicos de la Lengua, a legitimar la mentada de madre como una ocurrencia de muchacho en piñata dominical. Los más avisados harán comparsa con los expertos para ofrendar floralmente el monumento a la chismografía nacional, mientras que el gobierno prefabricará una respuesta de fácil adivinación, empeñándose en devolver el trancazo.. Pero esto no me interesa por ahora, por más vendepatria y entreguista que sea el morboso supergante G-2 Mario Silva que ha triturado hasta el cansancio, la dignidad de las personas inocentes, añadido un amigo de modesta responsabilidad política que se descubrió en la televisión como autor de un crimen de opinión. Interesa resaltar el primitivo juego político en el que hemos caído, al que sólo le faltaba la literal lucha cuerpo a cuerpo, como acaeció en la Asamblea Nacional. Las triquiñuelas y obscenidades de república bananera que deja atrás una básica experiencia de civismo con la que llegamos a 1998, hasta que nos deslumbramos con esta versión de bolivarianismo a conveniencia. Porque estos camaradas enriquecidos por el Estado Petrolero que dominan, nunca se pasearon por eso tan leído o intuido como es la ética weberiana de la responsabilidad, creyendo que impunemente podían hacer los que les diera en gana. Y seguramente que incurrirán en otra torpeza, endiablando más la fortísima crisis social y económica que sufrimos. A lo mejor intentarán despojar de sus investiduras parlamentarias a los denunciantes, o – por lo menos – enjuiciar a los diputados suplentes que no la tienen, asistentes a la rueda de prensa. Cosas de la burguesía especulativa bolivariana que tiene sus reales en el exterior, y les importa un bledo este rincón del planeta. |
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