Cambio en la OEA: entra Cuba y sale Honduras
Escrito por Efraín Alvarado   
Sábado, 04 de Julio de 2009 21:05

altRómulo Betancourt estará revolcándose en su tumba. Y con él todos los grandes presidentes democráticos del pasado medio siglo latinoamericano. El chileno  Eduardo Frei Montalva entre otros, quien por cierto debería avergonzarse del triste papel que hoy desempeña su hombre en la OEA. Bajo la responsabilidad de quien transitó del socialcristianismo a la socialdemocracia y ha terminado por conducir a la OEA de ser bastión en defensa de las democracias en los años de la subversión y las guerrillas castristas de los sesenta, a dócil instrumento del neo fascismo castro-chavista del nuevo siglo. Y todo por un puñado de dólares y las reservas petrolíferas del Orinoco, puestas al servicio del encumbramiento del más zafio y brutal de los caudillos habidos en la historia de Venezuela. Un giro verdaderamente dramático, puesto de manifiesto con el caso Zelaya. La decisión de los demócratas hondureños de retirarse del organismo pone al desnudo su más intrínseca verdad: la OEA agoniza. En manos del chileno José Miguel Insulza sobrevive como un fantasma,  convertida en el instrumento de sumisión continental del teniente coronel Hugo Chávez. Y tras suyo la pandilla de quienes avanzan impertérritos tras la constitución de gobiernos totalitarios. Haciendo mofa y escarnio de los principios de su Carta Democrática.

No es mera coincidencia que en el momento en que las democracias continentales se postran ante los Castro y exigen la reinserción de su siniestra dictadura  en el organismo multilateral, su Secretario General apueste a la salida de Honduras. Es un auténtico enroque que apunta hacia el debilitamiento de la presencia del institucionalismo democrático regional y al fortalecimiento de la presencia del neo fascismo castro chavista. Todo lo cual favorecido por la llegada a la Casa Blanca de los demócratas tras la figura de Barack Obama, aparentemente decidido a complacer a los antiguos enemigos de los Estados Unidos sin saber exactamente el precio que deberán pagar por tan sospechoso cambalache.

Juegan los gobiernos y juega el secretario general con la voluntad democrática de la región. Y parecieran querer provocar a nuestros pueblos para que en un acto de legítima defensa vuelvan a apostar a la otra acera del espectro político. Juegan incluso a despertar la zozobra y la indignación de nuestras fuerzas armadas. Y ponerlas ante la disyuntiva de respetar sus imperativos constitucionales y actuar en el terreno que les está vedado para impedir el desbarrancamiento de nuestras instituciones o cerrar los ojos y asistir en silencio a su propia destrucción. En Honduras actuó la primera de las disyuntivas. En Venezuela, por ahora, parece imponerse la segunda: desde abril de 2002 nuestras fuerzas armadas se han plegado al sometimiento a la penetración cubana y han terminado subordinándose al G-2 y a la alta oficialidad del Ejército Revolucionario. ¿Por cuánto tiempo?

El joven hondureño que llevaba en alto un cartel que rezaba PREFERIMOS SEIS MESES DE AISLAMIENTO QUE VEINTE AÑOS DE DICTADURA expresa con absoluta seguridad el sentimiento que estará anidándose en nuestros cuarteles. Sería lógico: un soldado es formado en la religión de la soberanía y el patriotismo. Y en el juramento a la bandera, a la justicia, a la Constitución y a las leyes. De allí que la siniestra coquetería de los gobiernos latinoamericanos con el castro chavismo pueda en cualquier momento encontrar el castigo más inesperado. Nadie lo quiere. Pronto, de seguir imponiéndose de manera inescrupulosa e inmoral la zarrapastra bolivariana, podríamos toparnos con una gigantesca sorpresa.

Que entonces nadie se queje. Que cada cual asuma sus responsabilidades.

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