La aproximación de Rusia a China: la calamidad geopolítica del siglo XXI
Escrito por Jonathan Benavides | @J__Benavides   
Miércoles, 04 de Enero de 2023 00:00

altDurante los últimos tres años hemos sido testigo del acercamiento de que Rusia y la República Popular de China han venido construyendo,

mismo que ha quedado reafirmado con la última cumbre entre Vladimir Putin y Xi Jinping la pasada semana, apenas dos días antes de culminar el 2022, y en la cual el presidente ruso, además, anunciaba su invitación oficial al premier chino a visitar Moscú en una fecha próxima ahora en 2023.  

Sin embargo no debemos considerar esto como una alianza formal; y es que Rusia y China son naciones donde el realismo guía todo su accionar tanto interno como en sus agendas internacionales.  Ambas están aprovechando una suerte de “ventana de oportunidad” en el acercamiento, pero llamarlo una “alianza” como tal, al menos en lo particular me genera mucho ruido. Esta “ventana” no es otra cosa que la comunión de intereses hoy manifiesta frente a tendencias surgidas en Washington que prevalecen, pero que pueden cambiar, o hacer presión para que cambien. Es así que mostrar acciones coordinadas sirve para poner presión sobre Washington, pero ambas naciones mantienen sus canales individuales a fin de preservar intereses vitales que hoy están siendo afectados por EE.UU.: La seguridad en Ucrania y Taiwán (básicamente). Tenemos entonces que cualquier cambio surgido en Washington que modifique a su favor alguno de ellos, la tensión sobre esos temas críticos de cada uno llevará a acuerdos que probablemente no tengan consideración sobre la situación de Moscú o Beijing según el caso. De allí mi argumentación que no estemos frente a una alianza hasta alcanzar una situación común.  

Hoy por ti, mañana por mí…

La dinámica de la guerra en Europa ha mostrado que pese a los pronósticos apocalípticos algunos analistas occidentales, China está apoyando estrechamente a Rusia, mientras Rusia por su parte ha acentuado su participación en patrullas con China en zonas del Lejano Oriente que son parte de los objetivos vitales de China. De lograr Rusia imponer sus objetivos en Europa por la fuerza, es altamente probable que ese tipo de pivot al Asia ruso se mantenga en relación a China, fundamentalmente en el campo naval y aéreo, difícilmente en lo que hace a despliegues terrestres. Este apoyo suma complejidades a las medidas de contención a China en esa región toda vez que Rusia está a las puertas de Japón y genera con ello mayores problemas a los planificadores estratégicos, sumando un actor nuclear de las capacidades de Rusia en una zona ya convulsionada con las amenazas de Corea del Norte.

El Ártico como gran tema…

Tal y como lo hemos señalado en diversas ocasiones en escritos y conferencias, el Ártico “abre” espacios inimaginados para la mente occidental en términos geopolíticos. Rusia (los invito a ver un mapa…) tiene naturalmente varias de las llaves para el control absoluto de buena parte de esos espacios, que serán críticos para China en su acceso a mercados globales. Rusia tiene una baza importante ahí para recibir una suerte de derechos de “servidumbre” por el uso del Ártico a China, no solamente en el pasaje sino en la asistencia a los buques en tránsito y su seguridad. 

Los “trabajos sucios” en África y Rusia como principal “ejecutor” 

China hace muchos años que tiene a África, toda ella, como una suerte de gigantesca fábrica de donde se surte de una parte enorme e indispensable de materias primas. En muchas de las naciones africanas la seguridad física de las inversiones chinas es un tema de alta densidad y debe decirse que a Beijing se le escapa a los modos duros de proveer la seguridad. Rusia con corporaciones militares privadas como el Grupo Wagner que ya opera en países de África como Libia, Mozambique, Malí, etc., puede ofrecer sus servicios de seguridad a China, asumiendo “privadamente” el costo de acciones muchas veces desagradables asociadas a la explotación de recursos en esa parte del mundo.

Evitar ser proveedor de materias primas 

Rusia ciertamente ha sido sumamente hábil en sortear las sanciones occidentales tras el inicio de la invasión a Ucrania. Sus líderes se ufanan abiertamente de cómo han conseguido mercados a sus materias primas a clientes de enorme demanda como China o India. Hemos señalado que la elite rusa asume que puede tener una relación de pares con Beijing, sin embargo consideramos que evitar ser un proveedor de materias primas únicamente para China será crítico para Moscú. Aún cuando Rusia parte con ventajas relativas en cuanto al desarrollo tecnológico y militar, no son muchos los nichos en los que Rusia tiene superioridad sobre China hoy. El balance de ellos será crítico.

El espacio, donde la guerra del futuro es ahora

Un punto donde China y Rusia pueden hacer sentir su presión en Occidente es en lo relativo al espacio. No veamos esto como un tema de si se instala una base lunar o una misión a Marte, pues en este sentido los Estados Unidos mantienen una inmensa ventaja sobre rusos y chinos con su Programa Artemisa y toda la inversión privada en materia espacial. Observen esto en el uso militar del espacio y el negar el acceso a facilidades existentes a otras naciones; acá temas tales como sistemas de posicionamiento global, tanto en la afectación de los occidentales como en la comercialización de los propios son solamente parte de la agenda, que incluye también misiles hipersónicos capaces de alcanzar satélites de comunicación y vigilancia en órbita. 

El acercamiento de Rusia a China se puede interpretar como una tragedia en términos geopolíticos para Occidente y las ideas de la libertad. Este acercamiento se retroalimenta por liderazgos occidentales alejados del realismo, con agendas “2030” y otras sandeces que hacen del mundo un lugar más inestable y por lo tanto peligroso. Profundicemos en esto. Un Occidente que busque imponer una agenda basada en principios morales lleva a la colisión y a la guerra. Es tan peligrosa como la que conduce el Irán de los dementes ayatolas. Se guían por alcanzar un mundo que solamente es posible si se impone por la fuerza esa cosmovisión a los otros. Lo que se puede alcanzar en términos de conducta en el interior de una nación por medio de las leyes resulta imposible de hacerlo en un mundo donde no existe autoridad alguna por sobre la de los Estados (lección que los actuales políticos occidentales, todos ellos jamás han comprendido, y no entenderán, y no pocos de mis colegas tampoco). Por el contrario los intereses permiten establecer bases concretas para coincidencias y estas últimas para, en el mejor de los casos alcanzar situaciones de mejoras para todos los participantes y, al menos, lograr un modus vivendi que respete las diferencias y eviten la guerra.

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