Presencia del poder duro ruso en el ex espacio soviético después de 2008
Escrito por Jonathan Benavides | @J__Benavides   
Miércoles, 05 de Octubre de 2022 00:00

altSemanas después de la Guerra de Georgia de 2008, el presidente ruso Medvedev afirmó claramente que “Rusia, como otros países del mundo,

tiene regiones donde mantiene intereses privilegiados, estas son regiones donde se encuentran países con los que tenemos relaciones amistosas”. Esta declaración pretendía ser una advertencia a Occidente y especialmente a la OTAN, a la que Georgia y Ucrania habían expresado su intención de unirse, de que Moscú no aceptaría ninguna intrusión de poder duro de otros en el antiguo espacio soviético. Estas líneas las redactamos con la intención de comprender lo sucedido en el oriente europeo y dar luces en cuanto a lo que acontece hoy en Ucrania.

Atrapado en un pensamiento realista en materia de política exterior y obsesionado por el temor a verse rodeado de enemigos, el Kremlin percibe el control del poder duro de las ex repúblicas soviéticas como garantía de la seguridad de sus propias fronteras. Con una buena memoria histórica de las invasiones militares de los siglos XIX y XX desde Europa occidental, Rusia presta especial atención a los países que residen actualmente entre sus fronteras y las de la UE. Así, recordando que los invasores occidentales solían dirigirse hacia Rusia Central, Moscú y hacia Bielorrusia, el Kremlin mantiene este país lo más cerca posible como medida de precaución. Ucrania es vista como el ancla suroeste de Rusia y su talón de Aquiles. Y lo que Ucrania es para Rusia, se considera que Moldavia es para Ucrania. Por tanto, Moscú considera que si Ucrania no puede ser defendida, tampoco Rusia, ganándose así Chisináu una importancia estratégica también para Rusia. Y, por último, el Cáucaso Sur (Georgia, Armenia y Azerbaiyán) ha sido para Moscú zona de amortiguamiento y zona de rivalidad con Turquía, Irán y EE.UU.

La invasión de Georgia en 2008 y la guerra en curso en Ucrania han demostrado hasta dónde está dispuesta a llegar Rusia para mantener sus posiciones de poder duro en el antiguo espacio soviético. Estas guerras merecen un análisis especial no solo por su impacto en las relaciones de Rusia con Occidente sino también porque muestran cómo ha evolucionado el ejército ruso en los últimos tiempos en cuanto a capacidades y estrategia y táctica militar.

 

Proyectando poder en el “extranjero cercano”

Jonathan Markowitz y Christopher Fariss definen la proyección de poder como el despliegue de la fuerza militar más allá del propio capital, argumentando que la capacidad de un Estado para proyectar poder está determinada por dos variables: la cantidad de poder del Estado y el grado en que ese poder decae con la distancia. Cuanto más poderoso es un Estado y menos decae su poder con la distancia, mayor es su capacidad de proyección de poder. La capacidad de proyectar poder juega un papel importante para influir en los asuntos internacionales. Los Estados con una sólida capacidad de proyección de poder también pueden exportar seguridad, lo que les permite tranquilizar a los aliados y disuadir a los posibles adversarios. Cuanto más fuerte es la capacidad de proyectar el poder militar (más lejos, más preciso, discriminatorio y destructivo), mayor es la influencia de un Estado sobre los actores internacionales y sobre el sistema internacional en su conjunto. Sin embargo, la capacidad de proyectar poder determina qué Estados pueden competir por el liderazgo mundial o regional.

La intensidad de la proyección de poder depende de la proximidad geográfica. Es más barato desplegar, reabastecer y mantener soldados más cerca de las fronteras del Estado de origen y, por otro lado, un Estado primero está interesado en tener influencia en el área cercana a sus fronteras, tanto por razones económicas como de seguridad.

A lo largo de la historia, los imperios se han basado en bases militares extranjeras para hacer cumplir sus reglas, ya sea el Imperio de Alejandro Magno, Roma, los imperios británico o francés. Las potencias globales o regionales de hoy demuestran su fuerza a través de bases militares extendidas también en el extranjero: tanto para proteger sus intereses como para exportar seguridad. En este sentido, Pax Americana no difiere de Pax Romana o Pax Britanica. Sin embargo, las bases militares en el extranjero no deben verse únicamente en términos de fines militares directos, sino que también influyen en la seguridad, la economía y la cultura del país anfitrión, interfiriendo inevitablemente en la política interna. A veces, las bases militares extranjeras pueden dar lugar a grandes protestas sociales en los países de acogida. Un ejemplo reciente a este respecto es la protesta masiva de Enero de 2015 en Gyumri y Ereván, después de que un militar ruso estacionado en la base militar rusa en Gyumri fuera acusado de asesinar brutalmente a siete miembros de una familia armenia. El incidente generó una ola de sentimiento antirruso, los manifestantes exigieron la eliminación de la base militar rusa de Armenia. Sin embargo, como todas las potencias que poseen bases militares en el extranjero, Rusia siempre ha sido reacia a renunciar a cualquier base una vez adquirida.

Después de la disolución de la Unión Soviética, muchas bases militares nacionales (rusas) se encontraron repentinamente en el territorio de nuevos países vecinos independientes: en Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Tayikistán, Ucrania y Uzbekistán. A pesar de los problemas económicos internos, Rusia se ha esforzado por mantener estas bases, ya sea recurriendo a arrendamientos (en Kazajistán), acciones militares (en Moldavia y Georgia), presión económica y política (Bielorrusia y Armenia) o anexión territorial (Ucrania). De las diez ex repúblicas soviéticas donde Rusia tenía bases militares, Moscú “perdió” solo dos de ellas, Azerbaiyán (Bakú y Moscú no lograron negociar la continuación del contrato de arrendamiento de la estación de radar Gabala, que expiró a fines de 2012) y Uzbekistán (desde 2012, después de que Uzbekistán abandonara la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, la base aérea de Karshi Kanabad (K2) ha sido utilizada exclusivamente por el ejército uzbeko).

En el "extranjero cercano" europeo, Rusia tuvo la tarea más fácil de mantener sus bases militares en Armenia y Bielorrusia. La pequeña república caucásica alberga dos instalaciones militares rusas: una base en Gyumri, donde estaba ubicada la 127 División de Fusileros Motorizados del ejército soviético y una pequeña base aérea en Ereván. La base de Gyumri tiene alrededor de 5.000 empleados permanentes y está equipada con misiles antiaéreos S-300 y cazas Mikoyan Gurevich MiG-29 SMT. En 2010, Rusia amplió el acuerdo para albergar la base militar en Gyumri hasta 2044. Moscú no paga ninguna tarifa de arrendamiento a Ereván, sino que proporciona armas y equipo militar para el ejército armenio y los guardias fronterizos rusos aseguran la protección de las fronteras de Armenia con Turquía e Irán.

Bielorrusia alberga actualmente dos bases militares rusas, ambas instalaciones técnicas. El Centro de Comunicaciones 43d de Vileyka (región de Minsk) de la Armada de Rusia ha estado en funcionamiento desde 1964. Asegura las comunicaciones de la sede principal de la Armada con los submarinos nucleares estratégicos de Rusia en los océanos Atlántico, Índico y parcialmente Pacífico. La base de Vileyka también se ocupa de la guerra electrónica de radio y la inteligencia técnica y de radio. La segunda base militar, la unidad radiotécnica Volga, se encuentra cerca de Baranavichy (región de Brest). Se trata de un sistema de alerta de ataques con misiles, que es capaz de detectar misiles y unidades espaciales a una distancia de 4.800 kilómetros, y que sigue también los movimientos de los submarinos de la OTAN en el Atlántico Norte. Bielorrusia no cobra ninguna tarifa de arrendamiento de Moscú. Rusia planea abrir una tercera base militar en Bielorrusia, una base aérea que albergaría aviones de combate rusos Su-27SM3 y Su-30MKM, capaces de transportar bombas y atacar objetivos terrestres tres veces más eficientemente que un avión Su-27 básico.

Rusia tampoco ha encontrado muchas dificultades para mantener sus bases militares en las antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central. En el socio de la Unión Euroasiática, Kazajistán, Rusia tiene tres centros de pruebas militares; alquila el cosmódromo de Baykonur, cuyo contrato de alquiler se prorrogó hasta 2050; tiene una estación de radar que brinda cobertura contra ataques con misiles desde el oeste y centro de China, India, Pakistán y la Bahía de Bengala; y un regimiento de la aviación de transporte.

En Kirguistán, Rusia tiene una base de pruebas navales donde realiza pruebas de armas antisubmarinas; alquila una base aérea, un centro de comunicaciones de largo alcance de la Armada, una estación sísmica automática y un laboratorio de radiosísmica diseñados para detectar los terremotos y cualquier uso de armas nucleares.

Tayikistán alberga la Base Militar Rusa 201 con alrededor de 7.000 efectivos regulares y un complejo optoelectrónico (Okno) que puede proporcionar monitoreo global para objetos en órbita sobre Eurasia, África del Norte y Central y los océanos Índico, Pacífico y Atlántico.

Las tareas más duras para mantener la presencia militar en el “extranjero cercano” resultaron ser los casos de Moldavia, Georgia y Ucrania. En los tres países, Rusia ha asegurado sus bases militares usando medios de poder duro: apoyando guerras secesionistas (en Moldavia – Transnistria), invadiendo un país soberano (en Georgia) o violando oficialmente la integridad territorial de un estado vecino (en Ucrania). En todos estos casos, Moscú justificó sus acciones protegiendo los derechos de las etnias rusas que vivían en las antiguas repúblicas soviéticas y por la necesidad de proteger sus propias fronteras del avance de la OTAN en su esfera de intereses privilegiados (la guerra en Transnistria estaba determinada por la política de acercamiento de Moldavia a Rumanía; sin embargo, el prolongado conflicto se ha utilizado últimamente como palanca para que el gobierno de Chisinau mantenga a Moldavia alejada de la OTAN, insistiendo en el estado de neutralidad del país).

En la República de Moldavia, el 14º Ejército soviético estuvo estacionado en la región de Transnistria en 1956. Después de la disolución de la Unión Soviética pasó a estar bajo la jurisdicción de la Federación de Rusia y en 1992 participó activamente en la guerra de Transnistria, determinando el resultado del conflicto. A pesar de las reiteradas demandas de Chisináu de que se retiren las tropas rusas, Moscú se ha negado con el pretexto de que los soldados rusos necesitaban proteger la gran cantidad de tecnología pesada y municiones almacenadas en Transnistria (en Colbasna) desde la época soviética. En la cumbre de la OSCE de 1999 en Estambul, Rusia acordó retirar completamente sus tropas de Moldavia antes del 31 de diciembre de 2002. Sin embargo, Moscú no ha respetado sus compromisos, vinculando posteriormente la retirada a la resolución pacífica del conflicto de Transnistria.

Los datos oficiales indican que en este momento hay alrededor de 1.500 militares rusos en Transnistria y la base militar comprende una brigada de fusileros motorizados, un regimiento de misiles antiaéreos, sistemas de comunicación del regimiento y un grupo aéreo. Oficialmente, los soldados rusos están desplegados allí bajo el estatus de operación de mantenimiento de la paz; de hecho, sin embargo, mantienen el carácter prolongado del conflicto y ejercen una gran presión sobre el gobierno de Moldavia, influyendo en gran medida en la política exterior de la antigua república soviética.

En Georgia, antes de 2007 había cuatro bases rusas: en Akhalkalaki (en la frontera sur con Turquía), Batumi (Adjaria), Gudauta (Abjasia) y Vaziani (cerca de Tbilisi); y fuerzas de mantenimiento de la paz en Abjasia y Osetia del Sur. Según las disposiciones del Tratado de la Cumbre de Estambul de la OSCE de 1999, en Julio de 2001, Rusia retiró oficialmente las bases militares de Gudauta y Vaziani, y antes de finales de 2007 también cerró las bases de Batumi y Akhalkalaki. Sin embargo, las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz permanecieron en Abjasia, donde continuaron utilizando la base de Gudauta. De hecho, la base militar en Abjasia siguió funcionando y Moscú insistió en que las instalaciones fueran utilizadas únicamente por las fuerzas de paz rusas.

Así, a pesar de los compromisos oficiales, Rusia no estaba dispuesta a renunciar a su presencia militar en Georgia. Además, una vez que Tbilisi aceleró sus esfuerzos para unirse a la OTAN, Moscú ya estaba haciendo planes para reforzar su presencia militar en la república del Cáucaso. En Agosto de 2012, Putin le dijo a un periodista que a fines de 2006 y principios de 2007, el Estado Mayor ruso desarrolló el plan de invadir Georgia y lo negoció con el presidente ruso, y que la milicia de Osetia del Sur fue entrenada por rusos bajo ese plan. Por lo tanto, no sorprende que después de la guerra de 2008, Moscú desplegara bases militares tanto en Abjasia como en Osetia del Sur, las regiones separatistas que ha reconocido como estados independientes. Por lo tanto, actualmente, Rusia tiene oficialmente alrededor de 3.500 soldados en Abjasia dentro de la 7ª Base Militar Rusa, equipados con tanques de batalla, vehículos blindados de transporte de personal y aviones de combate Su-27 y MiG-29. En Osetia del Sur, Moscú desplegó la Cuarta Base Militar Rusa con unos 3.800 soldados, tanques, vehículos blindados de transporte de personal, misiles tácticos y cohetes de lanzamiento y antimisiles. Ambas bases se alquilan por 49 años con posibilidad de prórroga automática por 15 años (en 2010 Abjasia amplió el arrendamiento de la base militar de Rusia hasta 2059 con posibilidad de prórroga de 15 años).

Rusia ha reforzado recientemente aún más su presencia militar en Abjasia y Osetia del Sur, lo que complica aún más los planes de Georgia para unirse a la OTAN. El 24 de Noviembre de 2014, Vladimir Putin y el presidente abjasio Raul Khadzhimba, ambos ex oficiales de la KGB, firmaron el Acuerdo entre la Federación Rusa y la República de Abjasia sobre Alianza y Asociación Estratégica que establece la creación de una fuerza conjunta de tropas rusas y abjasias y un centro conjunto de información/coordinación de los órganos de asuntos internos. El 18 de Marzo de 2015, en el primer aniversario de la anexión de Crimea, Vladimir Putin firmó un acuerdo similar: el Tratado de Alianza e Integración con su proclamado homólogo de Osetia del Sur, Leonid Tibilov, que prevé la creación de una defensa común y espacio de seguridad. En otras palabras, Rusia formalizó sus intenciones de mantener y defender su presencia militar en Georgia.

De manera similar al caso georgiano, Rusia ha utilizado el poder duro para asegurar su presencia militar estratégica también en Ucrania. La anexión de Crimea, justificada en nombre de la defensa de los rusos étnicos que vivían allí, procuraba, de hecho, asegurar la presencia militar rusa en la península. Vladimir Putin declaró claramente que la toma de Crimea era necesaria para evitar que Rusia fuera prácticamente expulsada del área del Mar Negro y para evitar que los barcos de la OTAN atracaran en Sebastopol. Para evitar este peligro, Rusia tuvo que reaccionar en consecuencia. En juego estaba la principal base militar rusa en el extranjero. La península de Crimea ocupa una posición estratégica en el Mar Negro, estando prácticamente en el medio, lo que le confiere considerables ventajas para los despliegues tanto navales como aéreos.

Antes de la anexión de Crimea, la Base Naval Rusa de la Flota del Mar Negro empleaba a unos 13.000 soldados y 13.000 especialistas civiles. De acuerdo con el Acuerdo de 1997 entre la Federación de Rusia y Ucrania sobre el estado y las condiciones de la permanencia de la flota del Mar Negro de la Federación de Rusia en el territorio de Ucrania, la flota rusa estaba limitada a 388 barcos (incluidos 14 submarinos) y 161 aviones y helicópteros. El contrato de arrendamiento inicial debía expirar en 2017, sin embargo, en 2010 el acuerdo de “gas por flota” extendió el arrendamiento de la base militar rusa hasta 2042.

Después de la anexión de Crimea, Rusia denunció el acuerdo de arrendamiento de la base militar, se hizo cargo de forma gratuita de la instalación militar ucraniana en Crimea y anunció la modernización y el fortalecimiento de la Flota del Mar Negro. A partir de 2020, la Flota del Mar Negro de Rusia comenzó a recibir 30 nuevos buques de guerra, submarinos y buques auxiliares; se desplegaron sistemas de defensa aérea en Crimea y se incrementó el número de infantería naval (los “hombrecitos verdes”). El 26 de marzo de 2014 (menos de una semana después de la anexión de la península de Crimea), el Ministerio de Defensa de Rusia anunció sus planes de establecer un “regimiento de transporte de misiles” cerca de la capital de Crimea, Simferopol, que albergaría al Tupolev Tu-22M3 bombardero supersónico de largo alcance. Estos planes de remilitarización de Crimea muestran lo importante que es para Rusia mantener sus posiciones estratégicas en el Mar Negro, proyectar su poder en la región y que Moscú no tiene intención de devolver la península anexada.

 

OTSC: ¿una especie de “OTAN regional”?

Además de los esfuerzos anteriores para mantener sus fuerzas militares en las antiguas repúblicas soviéticas, Moscú se ha esforzado por fortalecer la legitimidad de su presencia en el “extranjero cercano” respaldando su propia organización de seguridad. La Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) fue establecida en 2002 por el Tratado de Tashkent y originalmente incluía nueve Estados miembros: Rusia, Bielorrusia, Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán. Es el sucesor del Tratado de Seguridad Colectiva, que fue fundado en 1992. La tarea principal de la OTSC es “brindar seguridad nacional a los Estados miembros de forma colectiva, brindar ayuda, incluso militar, al Estado miembro que se convirtió en víctima de agresión”. La organización está imitando a la OTAN tratando de imponerse como una alternativa a la alianza militar occidental para el antiguo espacio soviético: la OTSC tiene una estructura similar a la OTAN, la Fuerza de Reacción Rápida Colectiva corresponde a la Fuerza de Respuesta de la OTAN, así como el modelo de Defensa Cibernética Cooperativa de la OTAN, el Centro de Excelencia la OTSC tiene la intención de establecer un Centro para incidentes cibernéticos. Al igual que el artículo 5 de la OTAN, el artículo 4 de la OTSC establece que una agresión cometida contra un Estado miembro se considerará una agresión contra todos los miembros de la organización y los demás Estados prestarán al miembro agredido la asistencia necesaria, incluida la militar.

Sin embargo, además de las diferencias obvias en cuanto a la experiencia, el número de miembros, las capacidades militares y el presupuesto de las dos organizaciones, la OTSC se destaca por dos aspectos más importantes: contrariamente a su contraparte occidental, en lugar de expandirse, la organización dirigida por Rusia se ha reducido de nueve miembros en 1993 a solo seis hoy (Azerbaiyán, Georgia y Uzbekistán han dejado la organización); y aunque la OTAN no acepta miembros con disputas sin resolver sobre fronteras nacionales, la OTSC ha ignorado este aspecto, lo que solo ha debilitado la coherencia de la organización.

Hasta ahora, la OTSC no ha logrado ganarse la confianza, incluso entre sus miembros, de que puede brindar estabilidad y seguridad a la región. En 2010, la OTSC no logró aprobar uno de los exámenes más importantes: la crisis en Kirguistán. La organización no intervino durante las protestas que amenazaban al liderazgo político en Bishkek y se negó a enviar fuerzas de paz para calmar la violencia que estalló en el sur del país entre grupos kirguís y uzbekos. Era la primera vez que un Estado miembro pedía directamente el apoyo colectivo y la OTSC demostró que no podía hacer frente a las amenazas regionales reales.

Sin embargo, incluso si la OTSC nunca ha emprendido ninguna operación de seguridad colectiva y la utilidad y confiabilidad de la OTSC para sus Estados miembros es cuestionable, para Rusia representa un instrumento útil para proyectar su poder en la región. La OTSC ofrece a Moscú la justificación perfecta para las instalaciones militares rusas existentes en los Estados miembros, brinda motivación para que los militares de las ex repúblicas soviéticas cooperen con Rusia y permitan que Moscú extienda su presencia militar en el área. Por lo tanto, con el pretexto de proteger a los Estados miembros de la OTSC de la amenaza potencial de la OTAN, Rusia expandió sus bases aéreas en Armenia y Kirguistán y estableció una base aérea para aviones de combate en Bielorrusia. En 2016 el Secretario General de la OTSC, Nikolai Bordyuzha, describió esto como una respuesta a las acciones tomadas por los EE.UU. en el despliegue de activos aéreos en el Báltico.

Más allá de las antiguas repúblicas soviéticas, Moscú tiene actualmente solo una base militar en el extranjero: en Tartus, Siria (en 2002, Rusia cerró sus bases militares en Cuba y Vietnam). En Febrero de 2014, el ministro de Defensa ruso declaró que Rusia estaba manteniendo conversaciones con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Argelia, Chipre, Seychelles, Vietnam y Singapur para construir bases militares en esos países. En Febrero de 2015, Rusia y Chipre firmaron un acuerdo que da acceso a los barcos de la armada rusa a los puertos chipriotas y solicitaron oficialmente a Grecia que asignara terrenos para la construcción de una base militar en su territorio. Estos planes muestran las ambiciones de Rusia de aumentar su influencia en los Balcanes y a nivel mundial. Sin embargo, gravemente afectada por la crisis económica, está por verse hasta qué punto las ambiciones militares rusas pueden lograrse a nivel mundial. Por el momento, y a pesar de lo complejo que ha resultado el conflicto armado en Ucrania, Moscú sigue siendo una fuerte potencia militar regional.

 

De Blitzkrieg a “Nueva Guerra”

Desde la guerra de Georgia de 2008, el ejército ruso ha evolucionado no solo en términos de capacidades, sino también en términos de tácticas y estrategias militares. Si en 2008, el ejército ruso se basó en la táctica Blitzkrieg, que trajo la victoria sobre el ejército georgiano en solo cinco días, pero Rusia tuvo que asumir oficialmente su participación militar; en Ucrania, Moscú anexó Crimea sin derramamiento de sangre, primero negó cualquier participación, reconociendo que sus tropas participaron en la toma de la península solo un mes después de la anexión. Moscú también ha negó cualquier participación en la guerra en Donbas a pesar de múltiples evidencias de rebeldes que usaban armas rusas y soldados rusos muertos en los combates en el este de Ucrania. Además, Moscú siempre acusó a Kiev de genocidio y ha utilizó masivamente los medios de información para sembrar dudas y perturbar la realidad de los hechos en Donbas. ¿Es este cambio en el carácter de la guerra evidencia de modernización de la estrategia militar rusa o de adaptación al contexto internacional?. Para responder a esta pregunta primero debemos analizar las dos guerras.

 

La guerra relámpago georgiana

La palabra blitzkrieg ("guerra relámpago") se asocia clásicamente con las tácticas y operaciones militares alemanas en la primera mitad de la Segunda Guerra Mundial. Según el diccionario de Oxford, representa “una intensa campaña militar destinada a lograr una rápida victoria”. La guerra relámpago se centra en la noción de una decisión rápida en el campo de batalla y apunta a grandes logros en un período extremadamente corto.

La guerra de Georgia duró solo cinco días y, a pesar de las graves deficiencias de armamento y coordinación, Rusia logró una aplastante victoria contra el ejército de Georgia. La guerra fue planeada por Moscú ya en 2006-2007 y comenzó el 8 de Agosto de 2008 con el ataque de las fuerzas georgianas contra la capital de Osetia del Sur, Tskhinvali. En la primera semana de Agosto, Tiflis había sido provocada por frecuentes escaramuzas a lo largo de la línea de alto el fuego entre Osetia del Sur y Georgia, lo que determinó que el presidente Saakashvili iniciara la operación militar. Lo más probable es que las escaramuzas fueran parte del plan ruso para culpar a los georgianos por la guerra que seguiría. Rusia hizo evidentes preparativos para la invasión de Georgia desde principios del verano de 2008. En Junio y Julio Moscú había reparado las vías del tren en Abjasia; ya mediados de Julio, el ejército ruso desplegó 8.000 soldados, 30 aviones y helicópteros de combate, así como 700 vehículos cerca de la frontera con Georgia para el ejercicio militar “Kavkaz-2008”. El ejercicio terminó oficialmente el 2 de Agosto, sin embargo, según reportes de prensa, los puestos de mando permanecieron operativos y el 58 Ejército mantuvo estado de alerta.

Con sus tropas cerca de Georgia y recién terminando de ensayar “escenarios de una operación militar en Abjasia y Osetia del Sur” durante el ejercicio militar, la intensificación de las escaramuzas provocadas por las fuerzas separatistas prorrusas de Osetia del Sur llegó a tiempo y solo facilitó la implementación del plan militar ruso para obligar a Georgia por su terquedad a unirse a la OTAN.

Así, después de 12 horas desde que Tbilisi lanzó el ataque a Tskhinvali, las tropas rusas invadieron Georgia a través de Osetia del Sur. El 9 de Agosto, las fuerzas rusas abrieron un segundo frente en Abjasia. Los aviones rusos estaban bombardeando objetivos militares y económicos georgianos (puentes, vías férreas) mientras la Flota del Mar Negro partía de Sebastopol hacia las aguas territoriales georgianas para imponer un bloqueo naval. En cinco días, el ejército ruso derrotó al ejército georgiano entrenado por los estadounidenses con bajas mínimas. El 12 de Agosto, Moscú anunció el fin de las operaciones militares, sin embargo, al día siguiente las tropas rusas ocuparon Poti, el principal puerto de Georgia, de donde recién se retiraron el 22 de Agosto.

Rusia alcanzó los principales objetivos militares: tomar el control irreversible de Abjasia y Osetia del Sur. Moscú estableció bases militares considerables en ambas repúblicas separatistas y controla los cruces montañosos críticos, lo que ha mejorado significativamente sus posiciones militares estratégicas en el Cáucaso. Fue una victoria alcanzada en una guerra de poco tiempo, lograda no debido a tácticas o tecnología sofisticadas sino principalmente a la superioridad numérica del ejército ruso, y también a la cantidad más que a la calidad del equipo militar.

Durante la guerra de Georgia, Rusia trató de aparecer como la víctima y no como el iniciador de la guerra y para lograr este propósito trató de combinar las operaciones militares con la guerra cibernética y la ofensiva diplomática. Moscú se esforzó por crear una cobertura mediática prorrusa de la guerra y los ataques informáticos en los sitios oficiales georgianos. Sin embargo, estos intentos no han tenido mucho éxito, y los analistas rusos critican la gestión de información y medios del Estado Mayor por su ineficiencia y falta de personal calificado para la guerra de información. La guerra en Ucrania demostraría que Rusia ha aprendido de estos errores.

 

La “nueva guerra”

La crisis de Crimea estalló en el contexto de la agitación política y los disturbios civiles (Euromaidán) en Ucrania, provocados por la negativa del presidente Yanukovich a firmar el Acuerdo de Asociación con la UE. El 21 de Febrero de 2014, Viktor Yanukovich abandonó la capital y al día siguiente, la Rada (parlamento ucraniano) votó para destituirlo de su cargo e intentó aprobar el proyecto de ley para la abolición de la Ley de idiomas que ofrecía al ruso y otras lenguas minoritarias el estatus de idioma oficial regional. Como reacción, estallaron protestas prorrusas en la península de Crimea. Mientras tanto, militares con uniformes verdes sin distintivos y armas rusas, los famosos “hombrecitos verdes”, comenzaron a tomar el control de la península de Ucrania, ocupando los objetivos estratégicos. El 27 de Febrero, pistoleros pro rusos ocuparon los edificios del parlamento y del Consejo de Ministros de Crimea y reemplazaron las banderas ucranianas por banderas rusas. El gobierno local fue disuelto y un miembro del Partido de la Unidad Rusa, Sergey Aksyonov, fue votado como nuevo primer ministro de Crimea.

Después de la toma del gobierno local y el parlamento, al día siguiente, las fuerzas pro rusas tomaron el control del aeropuerto de Simferopol y las estaciones de televisión locales. Luego instalaron puestos de control en la frontera entre Crimea y Ucrania continental y aislaron las bases militares ucranianas locales de su cuartel general. Fue una ocupación incruenta, Kiev ordenó a sus tropas que no resistieran. También cabe señalar que mientras las fuerzas pro rusas ocupaban Crimea, siguiendo un plan bien desarrollado, Rusia realizaba ejercicios militares cerca de sus fronteras occidentales.

Mientras Occidente condenaba la participación militar rusa en Crimea, Moscú negó cualquier implicación en las acciones en la península de Ucrania o que los “hombrecitos verdes” fueran soldados rusos, afirmando en cambio que se trataba de voluntarios locales de autodefensa. Solo después de la anexión de la península, el presidente Putin admitió que debido a que después de la salida de Yanukovich no había “una autoridad ejecutiva legítima en Ucrania […] nadie con quien hablar” y la población de Crimea, que se oponía al golpe, estaba amenazada con represión, Rusia “podría [no haber abandonado] Crimea y sus residentes en apuros. Esto habría sido una traición de nuestra parte”, y reconoció que “las fuerzas de autodefensa de Crimea estaban, por supuesto, respaldadas por militares rusos”.

El 6 de Marzo de 2014, el parlamento de Crimea votó para separarse de Ucrania y unirse a la Federación de Rusia. Apenas 10 días después se organizó un referéndum al respecto. Según los datos oficiales de Crimea y Rusia, el 95% de los participantes confirmaron la decisión del parlamento local. El 21 de Marzo de 2014, Rusia anexó oficialmente la península de Ucrania. Esta decisión del Kremlin sorprendió a la mayor parte del mundo. Mientras Occidente todavía estaba tratando de entender lo que estaba sucediendo en Crimea, Moscú actuó rápidamente, utilizando "tácticas de choque".

La operación de anexión de Crimea se llevó a cabo sin problemas. Los soldados rusos que participaron en estas acciones vestían nuevos uniformes modernos y portaban nuevas armas. Tenían radios encriptadas para hablar, equipos de navegación y miras térmicas y de visión nocturna para armas de fuego y demostraron profesionalismo en la realización de una operación encubierta muy bien organizada. No abrieron fuego, sino que utilizaron la persuasión y la intimidación. Tanto las capacidades como la estrategia diferían de las utilizadas durante la guerra de Georgia.

Sin embargo, la operación militar rusa en Ucrania no terminó con la anexión de Crimea. Semanas después de la pérdida de la península, las autoridades de Kiev tuvieron que enfrentarse a un problema más grave en el Sur-Este del país. El 6 de Abril de 2014, manifestantes prorrusos irrumpieron en los edificios de la Administración Estatal Regional en Donetsk, Lugansk y Kharkiv alzando banderas rusas y pidiendo un referéndum sobre la independencia. Mientras las autoridades ucranianas recuperaron brevemente el control de Kharkiv, los separatistas pro rusos continuaron ocupando edificios administrativos en Donetsk y Lugansk, que fueron proclamadas Repúblicas Populares. Las fuerzas de la llamada República Popular de Donetsk (RPD) comenzaron a tomar el control de la infraestructura estratégica en todo el óblast de Donetsk. Cabe mencionar que los líderes del movimiento separatista en el sureste de Ucrania eran nacionalistas rusos. Tanto Igor Strelkov (comandante militar supremo de la RPD) como Aleksandr Borodai (primer ministro de la RPD) son también ciudadanos rusos. Strelkov había sido oficial de los servicios de seguridad rusos y luchó en Transnistria, Bosnia y Chechenia, mientras que Borodai era miembro de la Unidad Nacional Rusa.

El 15 de Abril, el presidente interino de Ucrania, Olexander Turchynov, anunció el inicio de una “operación antiterrorista” contra los insurgentes, así como también iniciaron los movimientos que anularon los derechos políticos de los habitantes del Donbas, entre ellos la destitución de los representantes a la Rada de Donetsk, Lugansk, Zaporizhia y Kherson, la prohibición del derecho al voto de los habitantes de estas regiones y el asedio militar con el Regimiento Azov en primera línea de combate. En ese momento, las fuerzas de la RPD habían ocupado las ciudades más grandes de la región: Mariupol, Sloviansk, Kramatorsk, Horlivka, Makiivka, etc.

Mientras las fuerzas ucranianas retomaban el control de partes de la región de Donetsk, en Mayo estallaron enfrentamientos en Odessa; Donetsk y Luhansk declararon su independencia después de referéndums no reconocidos y firmaron un acuerdo para crear el Estado confederado de Novorossia, que debería haber incluido la mayoría de las regiones del sur y este de Ucrania. Los combates en el este de Ucrania empeoraron después de que Kiev firmara el Acuerdo de Asociación con la UE, el 27 de Junio. El 17 de Julio de 2014, la guerra alcanzó un nuevo nivel, cuando el vuelo MH17 de Malayasian Airlines fue derribado en territorio rebelde, matando a 298 civiles a bordo. Rusia ha negado cualquier participación en la guerra y estaba llevando a cabo una agresiva campaña mediática contra las fuerzas de Ucrania, sembrando dudas en los países occidentales de que las fuerzas pro rusas derribaron el avión de Malasia.

A principios de Agosto de 2014, Rusia desplegó tropas en la frontera con Ucrania y organizó una serie de ejercicios de entrenamiento después de que cientos de soldados ucranianos cruzaran la frontera hacia Rusia forzados por el fuego de artillería de los separatistas. Más tarde ese mes, Moscú envió un convoy de ayuda de 100 camiones a Lugansk sin el permiso del gobierno ucraniano, mientras que las autoridades de Kiev y la OTAN publicaron evidencia de la implicación de la artillería y los vehículos blindados de los soldados rusos en la guerra en el este de Ucrania. El Kremlin volvió a negar su participación alegando, en cambio, que los soldados fronterizos rusos cruzaron a Ucrania por error durante unos simulacros de rutina. En un contexto de creciente tensión, el 5 de Septiembre, los representantes de Ucrania, Rusia, RPD y la República Popular de Luhansk (LPR) se reunieron en Minsk, donde firmaron un acuerdo de alto al fuego.

Sin embargo, la lucha estalló incluso en la noche del 6 al 7 de Septiembre, y ambas partes se acusaron mutuamente de la violación del acuerdo de Minsk. Los combates empeoraron a principios de 2015, principalmente cerca del Aeropuerto Internacional de Donetsk. En febrero de 2015 tuvo lugar otra ronda de conversaciones de paz. Entró en vigor el acuerdo “Minsk II”, estableciéndose el alto al fuego efectivo tras la captura por parte de los separatistas de Debaltseve, un importante punto estratégico. Según la ONU, más de 14.000 personas habían muerto en 2021 desde que estalló la guerra en el este de Ucrania en Abril de 2014.

La guerra en Ucrania difiere de la de Georgia no solo en la duración, sino especialmente en la estrategia y las tácticas militares: Rusia ha luchado por poderes en Donbas y ha reconocido su implicación en Crimea solo después de que se completó la anexión de la península. Paralelamente a las operaciones militares, Moscú ha llevado a cabo una guerra de (des)información, tanto en casa vilipendiando a las autoridades ucranianas como a sus aliados occidentales, justificando su apoyo a sus hermanos rusos de Crimea y el este de Ucrania; y en el extranjero, difundiendo dudas y confusión a través de la presentación de una realidad alternativa y la construcción de teorías de conspiración. La presión económica ha sido otro instrumento utilizado por Rusia durante la guerra, que además de obstruir las exportaciones ucranianas, amenazó a Kiev con interrumpir el suministro de gas. Estas características indican la complejidad de la guerra en Ucrania, que una gran mayoría de especialistas calificó de guerra híbrida.

Hay muchas definiciones de la guerra híbrida. Fiodor Lukianov lo entiende como el enfrentamiento no declarado que combina medios, desde militares hasta económicos y propagandísticos; John McCuen define las guerras híbridas como una combinación de guerra simétrica y asimétrica en la que las fuerzas que intervienen llevan a cabo operaciones militares tradicionales contra fuerzas y objetivos militares enemigos, mientras que deben intentar simultáneamente, y de manera más decisiva, lograr el control de las poblaciones indígenas de la zona de combate asegurando y estabilizándolos ellos, mientras que en opinión de Frank Hoffman las guerras híbridas incorporan una gama de diferentes modos de guerra, incluyendo capacidades convencionales, tácticas y formaciones irregulares, actos terroristas que incluyen violencia y coerción indiscriminadas, y desorden criminal. Así, para resumir, las guerras híbridas combinan diferentes tipos de guerra: convencional, insurgente, cibernética; a lo que se suman medios militares asimétricos, presión económica, difusión de desinformación y propaganda.

La guerra híbrida no es nueva ni invención rusa. En la Edad Media, sobornar a un traidor para que abriera las puertas de un castillo sitiado o envenenar pozos representaba tácticas híbridas. En el siglo pasado, también se utilizaron tácticas híbridas en la guerra de Vietnam. La invasión soviética de Afganistán en 1979 comenzó con 700 tropas especiales vestidas con uniformes afganos que se apoderaron de edificios militares, gubernamentales y de los medios de comunicación clave, incluido el palacio presidencial, acciones sorprendentemente similares a lo que sucedió en Crimea en Febrero de 2014. Se utilizaron tácticas híbridas en las guerras recientes en Afganistán e Irak también.

Sin embargo, existen algunas diferencias entre las guerras híbridas “antiguas” y las “nuevas”. Estas diferencias vienen determinadas principalmente por dos factores: la globalización y la tecnología. En apoyo a esta idea, Mary Kaldor presenta la valoración de los teóricos que sostienen que la globalización ha transformado a los Estados cambiando su rol en relación a la violencia organizada: el monopolio de la violencia es erosionado tanto desde arriba por las reglas e instituciones internacionales, como desde abajo otros Estados se debilitan bajo el impacto de la globalización. Luego, el desarrollo de la tecnología militar, que se hizo más precisa y destructiva, ha hecho que la guerra simétrica sea cada vez más destructiva y, por lo tanto, más difícil de ganar. Si a esto se suma la implicación de las nuevas formas de comunicación (tecnologías de la información, televisión y radio, vuelos baratos), que se convirtieron en una herramienta importante de las guerras actuales, facilitando la propagación del miedo y el pánico o la difusión de un conflicto local entre océanos; las conexiones globales, incluidas las redes criminales; enlaces de la diáspora; y la presencia de agencias internacionales, ONG y periodistas, entonces podemos hablar de “viejas” y “nuevas guerras”. Llama la atención que en las “nuevas guerras” es difícil distinguir entre lo estatal o no estatal y lo externo o interno y dado que muchos combatientes son policías, milicianos, contratistas privados, mercenarios, paramilitares o delincuentes de diversa índole, las cifras de otras bajas militares y civiles son muy difíciles de identificar.

Analizando la guerra en Ucrania podemos notar que los elementos presentados por Mary Kaldor pueden identificarse fácilmente allí: Rusia como Ucrania con el apoyo occidental han llevado a cabo una intensa guerra de información, sembrando confusión y miedo, construyendo una realidad alternativa, desdibujando la frontera entre agresor y agredido; a pesar de la amplia evidencia de intervenciones militares rusas en el sureste de Ucrania proporcionada tanto por Kiev como por Occidente, Moscú ha negado cualquier implicación, así como también las exageradas crifras de bajas rusas presentadas por Kiev, manteniendo de esta manera la confusión sobre las fuerzas internas y externas involucradas en la guerra; las imágenes en los territorios controlados por los rebeldes también han mostrado la presencia de la tecnología militar más avanzada y se presentó evidencia de pruebas de nueva tecnología en Donbas, incluida la cósmica por parte de las autoridades rusas.

Si durante la guerra en Georgia, Rusia no ha tenido problema en invadir abiertamente el país vecino bajo el pretexto de la protección de los ciudadanos rusos que viven en Osetia del Sur, Moscú se abstuvo de utilizar las mismas tácticas en Donbas o Crimea, prefiriendo en cambio las acciones militares delegadas y negar cualquier participación (Rusia admitió su implicación en Crimea solo después de que se anexó la península). Esta estrategia se puede atribuir a la primera característica de las “nuevas guerras”: el contexto de la globalización. Moscú es miembro de la CEI, Consejo de Europa, OSCE, Consejo de Seguridad de la ONU, etc. Aprendiendo las lecciones de la Guerra de Georgia, cuando Rusia pagó internacionalmente la invasión del país vecino, Rusia adaptó su estrategia militar al entorno internacional: reinterpretó el derecho internacional (invocando el caso de Kosovo, Crimea fue anexada tras un referéndum de la población local) y disimulaba su implicación militar en Donbas, evitando una guerra directa con Ucrania.

 

A modo de conclusión…

Rusia no está dispuesta a renunciar a la presencia militar en las antiguas repúblicas soviéticas, al contrario, pretende aumentarla. Con contadas excepciones (Azerbaiyán y Uzbekistán), Moscú ha mantenido sus posiciones militares en esta zona aunque ello implicara el uso de la fuerza o la violación de la integridad territorial de sus vecinos. Y a diferencia de las décadas de 1990 y 2000, el ejército ruso ha experimentado últimamente una modernización no solo de su equipo sino también de sus tácticas y estrategias militares.

Como se puede notar, hay similitudes pero también diferencias significativas entre las guerras de Georgia y Ucrania. Ambas acciones militares se planificaron con antelación: la invasión de Georgia se preparó en 2006-2007, mientras que la anexión de Crimea y la ruptura del este de Ucrania parece que se planificaron entre el 4 y el 15 de Febrero de 2014, semanas antes de que el gobierno ucraniano colapsara; en ambos casos, las guerras se llevaron a cabo bajo la etiqueta de protección de las minorías nacionales rusas, sin embargo, la forma en que se desarrollaron las acciones militares en Ucrania muestra una modernización significativa tanto de las capacidades rusas como de las tácticas y estrategias militares en comparación con 2008. Además, Moscú demostró ser más audaces en Ucrania que en Georgia. Rusia no solo se complació en crear y reconocer la independencia de una república afín en Crimea, sino que simplemente anexó la península de Ucrania invocando precedentes del derecho internacional (caso de Kosovo); provocó y apoyó una guerra a largo plazo en el sureste de Ucrania; para finalmente culminar con la anexión de todo el Este y Sureste de Ucrania (recuperando la memoria de la histórica Novorossiya).

La anexión de Crimea y la participación rusa en la guerra en el sureste de Ucrania han atraído la atención mundial sobre el poder duro de Moscú y su papel en la conducción de la política exterior en el antiguo espacio soviético. Lo que más sorprendió fue la velocidad con la que el Kremlin tomó e implementó decisiones políticas y militares en Crimea, la magnitud de la campaña de (des)información rusa y la sofisticación de la guerra híbrida en Ucrania. Todo esto muestra que el Kremlin ha aprendido de las lecciones de Georgia en 2008, ha modernizado su pensamiento estratégico militar y ha adaptado sus tácticas para engañar al sistema internacional. E incluso si Moscú no ha logrado convencer a Occidente con el “precedente de Kosovo”, el “derecho a la autodeterminación” de los ciudadanos de Crimea, el Kremlin ha logrado debilitar la solidaridad de Occidente, sembrando dudas y confusión entre los ciudadanos occidentales sobre la situación en Ucrania debido a la campaña de guerra de información que ha llevado a cabo con tanto éxito.

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