Putin y el expansionismo imperial ruso
Escrito por Jose Rafael Lopez Padrino   
Jueves, 31 de Marzo de 2022 00:00

altTras más de 31 años del desplome de la Unión Soviética, la Rusia de Putin ha decidido restablecer sus fronteras

en el marco de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Bajo la excusa de asegurar su propia seguridad y de una vecindad apropiada, promueve la ampliación de sus fronteras como única solución de supervivencia. Putin parece inspirarse en las ideas expansionistas de la Rusia postsoviética de Dughin (The Essentials of Geopolitics 1997) y Ziuganov (The Geography of Victory. Introduction to Russias Geopolitics, 1999). Dughin desarrolló sus ideas con base al concepto de los radios abiertos, los cuales según el autor partirían desde Moscú hacia la periferia y cuya proyección territorial no se detendrían en las actuales fronteras rusas, sino que podrian extenderse a los países vecinos o inclusive ir más allá adentrándose en países bajo la influencia de la alianza atlántica (OTAN). Por su parte Ziuganov insiste que la URSS constituyó una forma geopolítica natural de la Rusia histórica, y que las actuales fronteras son artificiales impuestas por los países del Occidente.

Es evidente que las agresiones emprendidas por el jerarca ruso Putin en Georgia 2008, Crimea 2014, Ucrania 2014 y más recientemente la nueva agresión contra Ucrania en 2021 constituyen agresiones militares alimentadas por las pretensiones imperialistas rusas.

El Zar del siglo XXI ha justificado la feroz invasión a Ucrania alegando el fracaso de las gestiones diplomáticas y la necesidad de proteger a los ciudadanos rusos-parlantes en las regiones separatistas de Donetsk y Luhansk. La guerra total que libra Rusia en suelo ucraniano, es muy distinta de la acción militar rápida y aséptica de la que habló Putin. La agresión lejos de “desmilitarizar y desnazificar a Ucrania”, ha provocado el asesinato de miles de indefensos ciudadanos, la destrucción de hospitales, escuelas y zonas residenciales, y propiciado el desmembramiento territorial de Ucrania. El recreador del imperio soviético ha desencadenado la peor catástrofe humanitaria en la historia reciente de Europa. Según la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) el número de refugiados que han huido de Ucrania ya superó los 10 millones (25/03/22). La feroz ofensiva de Putin busca un cambio de gobierno y anexión de territorios ucranianos a la Rusia imperial, como ya lo hizo con Crimea en el 2014.

Lamentablemente la reacción de las democracias europeas y de los Estados Unidos ha sido timorata y permisiva frente a la invasión y chantaje ruso. Alentaron por muchos años la europeización y democratización de Ucrania, le generaron falsas expectativas sobre su incorporación a la comunidad europea y la OTAN, para luego sacrificarla ante la política expansionista del Kremlin. La falta de voluntad política (ingreso a la comunidad económica europea), la incapacidad de aprobar decisiones de carácter militar (establecimiento de una zona de exclusión área) y el pánico disimulado como “prudencia” (sacrificar a Ucrania para no molestar a Putin) presagia un trágico y sangriento final del país eslavo.

Las sanciones económicas y energéticas impuestas por la administración Biden y naciones europeas a la Rusia de Putin son inviables. La dependencia de gran parte de Europa del gas y el petróleo ruso hacen que las mismas sean más perjudiciales a los países centroeuropeos que las aplican (auto sanciones) que a la propia Rusia. Además, el celestinaje de muchos otros, como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos quienes se han mostrado contrarios a expulsar a Rusia de la OPEP, por considerar que “no hay que politizar las cosas a la OPEP” hacen muy probable que Putin sobreviva a las sanciones económicas, se anexe parte del territorio de Ucrania y continúe en su afán de reconstruir el pasado imperial soviético.

La invasión rusa a Ucrania es tan grave y condenable como lo fueron las invasiones de las tropas soviéticas a Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968), las rusas a Chechenia (1999) y Georgia (2008) y las norteamericanas a Panamá (1989), Granada (1983) e Irak (2003) por mencionar solo algunas. No hay invasiones buenas y malas, todas son perversas pues son sangrientas y atentan contra la libre determinación de los pueblos.

Tras el fracaso de la guerra relámpago, el ejército ruso ha intensificado los bombardeos sobre centros urbanos como Járkov, Odesa, Mariúpol y Kiev, sin escatimar las zonas residenciales e infraestructuras civiles como escuelas y hospitales. Lamentablemente los países del mundo contemplan pasivamente exterminio del pueblo ucraniano

Hay que parar la guerra ya.

Nota final: es lastimoso ver a gobiernos, figuras políticas e intelectuales referenciados de izquierda defender las atrocidades de Putin en Ucrania. La miopía ideológica que sufren no les permite entender el carácter imperial y expansionista de Putin (Ucrania es parte de Rusia). Para ellos todo imperialismo fuera del norteamericano es invisible, no existe y toda acción que “supuestamente” debilite la geopolítica del imperialismo estadounidense es válida, no importando que ello implique la violación de la soberanía e integridad territorial de otros pueblos. Para ellos las invasiones norteamericanas a Panamá, República Dominicana, Granada, Haití, Irak, Bosnia y Herzegovina, etc. son condenables e injustificables, más no las rusas en contra de Chechenia, Georgia, Siria y Ucrania las cuales suelen calificar como acciones militares (no invasiones) en “favor de los pueblos invadidos y masacrados”


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