Bases militares: autonomía, verificación y transparencia
Escrito por Editorial El Comercio (Perú)   
Martes, 01 de Septiembre de 2009 09:14

altLa presencia de Estados Unidos en bases militares ubicadas dentro del territorio sudamericano es, sin duda, un tema complejo, polémico y de penosa recordación en la historia del continente. De allí lo explicable del debate que el tema desató en la región y que originó la reciente cumbre presidencial extraordinaria de la Unasur.

Al respecto, se han hecho planteamientos diversos; unos muy adjetivados —para condenar sin más la iniciativa colombiana, como los formulados por Bolivia, Ecuador y Venezuela—, y otros más meditados y atinados, como el expuesto por el Perú. Nuestro país abogó por respetar la autonomía e independencia de Colombia, pero además propuso como primera medida la verificación in situ de las bases colombianas y, en realidad, de todas las instalaciones militares de los países vecinos, en un acto de transparencia y de confianza que permita revelar el potencial real de cada uno.

Prueba de lo acertado de la propuesta peruana es que tuvo repercusión en el acuerdo final de la Unasur y, luego, sirvió para poner en agenda el postergado tema del armamentismo, medida que no cuestiona la soberanía de los estados, sino que busca mantener el equilibrio connatural en nuestro continente.

Lo que sí está en discusión es que hasta el momento se desconoce en detalle cuáles son los alcances de las cuestionadas bases, en materia de logística y objetivos. De acuerdo con lo dicho por el presidente Álvaro Uribe y sus colaboradores, no se trataría de instalaciones administradas por militares estadounidenses, sino por las fuerzas armadas colombianas.

Resulta indispensable, por ello, que el vecino gobierno brinde mayor información sobre sus acuerdos con Estados Unidos. Incluso políticos colombianos reconocen que la comunicación de Uribe no ha sido muy clara, a pesar de que el presidente viajó a todos los países —con la excepción de Bolivia, Ecuador y Venezuela—, para explicar hacia dónde iba el proyecto. Como se recordará, en ese viaje, el Perú respaldó la iniciativa colombiana, mientras que Argentina, Chile y Brasil ni la aprobaron ni la rechazaron, al parecer considerando las amenazas del terrorismo que padece.

Así las cosas, queda claro que la salida a este problema hoy regional se hallaría en la siguiente ecuación: respeto a las autonomías, verificación y transparencia de los potenciales militares.

A ello, algunos analistas suman con explicable suspicacia la equidad en el siempre polémico tema de las injerencias que otros países ejercen dentro de algunos estados de Sudamérica.

El razonamiento es el que sigue: así como a Colombia se le pide explicaciones respecto de su relación con Estados Unidos, también habría que pedírselas a Bolivia, Ecuador y Venezuela. Allí está el caso de Venezuela, país líder en la carrera armamentista en el continente, con compras e inversiones elevadas en suministros bélicos y ejercicios militares que nadie ha cuestionado, pese a los riesgos que involucran.

Y es que aunque hoy resultan lejanos los conflictos, corresponde prevenir y evitar que Sudamérica sea escenario de cualquier escalada de pronóstico reservado, sobre todo cuando existe un bloque que, de manera abierta, no descarta el uso de la fuerza ante el primer problema bilateral o multilateral.


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