Jorge Botti: Vivimos la anestesia del garrote
Escrito por Víctor Maldonado C. | X: @vjmc   

altEl entrevistado de esta semana es un émulo constante de Hamlet. Siempre dubitativo, columpiándose entre ser y no ser, balanceándose entre virtudes que en otros no se mezclan demasiado bien. Un intelectual dedicado y un empresario pragmático confluyen, no siempre apaciblemente, en su propia propuesta

misionera: predicar las bondades de la empresa, advertir cuando la economía se sale de sus cabales y denunciar formas de hacer políticas que sofocan las oportunidades del país. Fue presidente de Consecomercio en un momento muy difícil, cuando desde los rincones se asomaban la desolación y la desesperanza. Pero él supo explicar, argumentar, señalar salidas, consolar y mantener íntegra a la institución. Ser o no ser presidente de Fedecámaras. Sacrificar o no a la empresa, vapuleada por vientos de cola, ha sido un dilema recurrente que siempre ha sabido sortear con dignidad cada vez que se han barajado las cartas del liderazgo. Al final salvamos al empresario, pero perdimos al dirigente en la primera línea de batalla. En cualquier caso su duda hamletiana nunca ha significado dejar de hacer sentido. Aquí y allá se oye su voz, advirtiendo, señalando e indicando que aun en las circunstancias más terribles habrá un amanecerá, y veremos.  

Víctor Maldonado (VM): Al momento de hacer esta entrevista tenemos la imagen demasiado fresca de un presidente celebrando desde el balcón del pueblo los resultados de su gira mundial. Me llamó la atención que habiendo hecho el esfuerzo de tener contactos con lo más granado de la antidemocracia mundial, luego haya hecho escala “purificatoria” en España. Zapatero, el Rey y una librería le sirvieron para ablandar esa imagen de “mal acompañado” que fue el verdadero signo semiótico de ese tour. El presidente se solazó frente a su pueblo de nuevas armas, cohetes que pueden alcanzar un blanco que esté a más de trescientos kilómetros y la renovación de la caballería blindada. Sin embargo los problemas cotidianos de los venezolanos siguen allí, completamente divorciados de los afanes del gobierno. Allí están unos y otros, esperando un desenlace.     

Jorge Botti (JB): Efectivamente. Un desenlace que podría no ser el que unos y otros desean. Hasta hace 8 o 10 meses todavía se podía afirmar que el país estaba muy volcado a comprarle las ideas a la revolución; pero ahora, aún cuando el presidente conserva mucha popularidad, la realidad se está cayendo como un castillo de naipes delante de nuestras narices y el venezolano común se está dando cuenta de que la bonanza económica ya no existe. Pero era de esperarse. En algún momento íbamos a ver cómo paulatinamente se sustituiría la anestesia del billete por la anestesia del garrote y creo ese momento ya llegó.

Hace algunos años discutíamos, después de superados los conflictos y después de haber perdido el revocatorio de la presidencia, que para salir de una cosa como esta hacían falta dos condiciones fundamentales: una era, masa crítica (una población definida sobre lo que debía ser su futuro) y una alternativa real de poder; que mientras que las dos cosas no se dieran era ingenuo pensar que las cosas iban a cambiar.

En la actualidad, independientemente de que haya miedo o no, la gente está cansada del proyecto y siente que el país no tiene ningún rumbo, que la sensación de futuro se le escapa de las manos. Aunque la masa crítica está presente, falta en esencia la presencia de una alternativa de poder que pueda darle la pelea a un poder político completamente amarrado al lado del gobierno y un poder económico que cada día está más consolidado con el gobierno.

¿Hacia dónde vamos? Creo que estamos ya en un túnel que nos va a hacer conocer los días más oscuros que haya tenido Venezuela en el último medio siglo.  Afortunadamente no al estilo de las dictaduras del siglo XX, por las particularidades de una sociedad medianamente abierta como la nuestra, pero si tiempos muy oscuros, porque creo que el poder se está consolidado y no necesariamente porque la gente está en contra del presidente las cosas van a cambiar, hace falta un esfuerzo mucho mayor.

— VM: Sabemos que este esfuerzo no se está haciendo, pero sí habría que evaluar por qué no hemos logrado consolidar ese esfuerzo en estos 10 años donde incluso hemos perdido terreno. Debemos comenzar a hacer un inventario de carencias…

— JB:  Yo siento que hay muchísima ausencia de coherencia en quienes están diseñando o dirigiendo, sobre todo dentro de la clase política. Creo que el país está dividido en tres: el oficialismo, la oposición y los que llaman “ninis”, que para mí no son “ninis”, sino que no se les ha parado al frente un líder político en el cual puedan poner sus votos y esperanzas. A mi juicio todavía no hemos sudado suficientemente este proceso, creo que hace falta sudar lo que estamos viviendo y me refiero a sufrirlo en carne propia; no solamente los líderes que en todos los sectores están siendo sometidos a persecución, exilio y diversas formas de hostigamiento. Toda la sociedad tiene que entrar en sintonía con esta represión, ya que lamentablemente no se aprende por experiencia ajena.

— VM: Es cierto que el pueblo venezolano está extrañamente inmunizado contra las malas noticias y las malas épocas. Aun sabiendo esto, me parece extraña la hipótesis de que todavía haría falta pasar por el requisito bíblico de los 40 años en el desierto. Sobre todo si sacamos cuentas. En 10 años ha habido 150 mil muertos, la inseguridad está desbocada, el costo de la vida está más allá de las posibilidades de las personas y por donde se indague, lo único que encontramos son las condiciones estructurales para el fracaso. Con una peculiaridad, ahora el fracaso se vive con pánico, porque el gobierno ha renunciado al monopolio de la violencia legítima. Todo esto lo hemos vivido en un momento de bonanza y la gente cree que tiene su oportunidad de oro en este gobierno, pero es increíble que haya una tolerancia tan alta al dolor social como para seguir trajinando este gobierno. ¿Qué falta?  

— JB: Yo coincido contigo en esto, pero es la realidad, uno no se explica porque las cosas están pasando como están pasando. Es una conducta social poco racional.

— VM: Por lo menos hemos comprobado la falsedad de la hipótesis política que planteaba la insignificancia de la conducción política. Luego de haber pedido su desaparición y de haber apostado a casi cualquier cosa, nos damos cuenta que sin estrategia no vamos a ningún lado. ¿Por qué la conducción política no ha logrado conseguir la coherencia suficiente y la fortaleza suficiente?

— JB:
La conducción política es como la de conducción deportiva. La disciplina de un equipo se explica por la presencia de un solo hombre, el capitán de equipo, que es capaz de coordinar con un director técnico y es competente para transformar ideas y estrategias en realidades exitosas, pero no siempre.  Si eso es así en un deporte donde además uno tiene obligada obediencia y solo algunos tienen éxitos y otros no, ¿cómo no va a ser todavía más compleja una sociedad donde además hay pluralidad de pensamiento? Creo que sin duda alguna el surgimiento de una figura con un liderazgo fuerte ayudaría mucho, así como el que hubiéramos podido consolidar por lo menos un partido con fuerza y arraigo social. Sin embargo esas dos condiciones todavía no se han alcanzado. El liderazgo está muy diseminado.

Por otra parte, el impacto político de la bonanza económica es importante, si bien es cierto que la mayoría de la población siente que se le escapó el futuro, todavía hay mucho dinero en la calle, y persiste la percepción de que las cosas no están tan mal, y culturalmente esa condición tiene mucho peso en la conducta social del venezolano. Malas épocas económicas son una condición para que el cambio de percepción del venezolano se exprese en otras acciones políticas, pero esta posibilidad no está demasiado cerca. Sin embargo el 2010 nos obliga a una prueba de fuego en la Asamblea Nacional; que a mi juicio tal vez sea la última oportunidad de buscarle a esto una salida política y constitucional, y que por lo tanto podamos alejarnos de  la salida de fuerza y los costos mucho más sangrientos para la sociedad, pero para eso hace falta una enorme coherencia.

— VM: Nosotros le conferimos al chavismo una inmensa incapacidad frente a los problemas del país, ellos no son capaces de resolver.  Resolver los problemas tiene dos componentes que son necesarios, ellos son los recursos y la capacidad. Ellos tienen muchos recursos, pero la verdad sea dicha no han demostrado tener mucho talento de su lado. Al parecer nosotros tampoco hemos logrado todavía consolidar la capacidad suficiente como para resolver el problema. El dilema sigue estando presente. Nos tardamos en reconocer la tiranía, aun cuando ésta no disimuló nunca lo que quería hacer del país. Ahora que tenemos ese acuerdo, ¿cómo lograr fuerza y unidad para enfrentar la gran amenaza que es la opresión y la extensión de la tiranía?

JB: Siento que para la mayoría de la población la amenaza no pareciera estar clara, aún cuando antes decía que hay una masa crítica que no le gusta mucho lo que está pasando. Apenas el 51% de la población siente que esto es una dictadura, sin que importe mucho al resto que estén perfectamente delineados todos los elementos que la hacen una dictadura muy al nuevo estilo del siglo XXI.  

Este gobierno ha demostrado tener una gran incapacidad de gestión, aún teniendo recursos en sus manos, pero por otro lado ha demostrado tener una excelente capacidad de gestión política.  Es bueno para la acción política pero muy malo para la gestión gubernamental.   

Y seguimos con los remedios mágicos. Creo que la sociedad está apostándole demasiado a la circunstancia de que Chávez quiere construir un modelo inviable, siguiendo el molde cubano, y que por lo tanto no hay que hacer demasiados esfuerzos porque éste se va a caer por si mismo; y creo que tenemos que empezar a entender que quizás el modelo final no sea Cuba, sino que sea una especie de Rusia tropicalizada donde el que gobierna no es realmente un presidente sino una clase que prácticamente se ha apoderado del poder por la vía de la mafia, donde hay relativos espacios democráticos y algunos espacios para la empresa privada. Muy probablemente el pequeño comercio seguirá allí pase lo que pase, e incluso algunas grandes empresas también, simplemente para proteger la fachada  de que no es un comunismo a trocha y mocha. Yo me temo que si el modelo es el ruso hay suficientes elementos de juicio como para pensar que a esto le faltan muchos años todavía.  Yo creo que allí radica un poco la falta de visión de nuestra clase dirigente, no solamente la política, sino nuestra clase empresarial; seguimos sin estar claros sobre la magnitud del  riesgo que nos toca enfrentar.

— VM: Creo que hay que hacer un esfuerzo para diagnosticar y comprender certeramente esta realidad, y entender cómo operan las transformaciones sucesivas que el proceso está sufriendo. Este caos tiene una configuración que no logramos ver con claridad, tampoco logramos apreciar cuáles son sus soportes sociales. Habría que hacer un inventario de los electores fuertes, que sostienen este proyecto del presidente Chávez, entre ellos, la nueva clase económica. ¿En qué consiste esa boliburguesía y qué fuerza podemos conferir a ese elector?

— JB: Creo que llegó el momento de conferirle una fuerza significativa como para que sea un actor político que puede ser crucial para la construcción de una solución.  Esto posiblemente no atañe solamente a las instituciones empresariales tradicionales, exige también que toda la sociedad logre conectarse con este otro lado.  Volvemos a nuestros viejos dilemas, porque ampliar los consensos y construir una nueva mayoría exige de un liderazgo con suficiente autoestima y reconocimiento social como para construir puentes sin el temor de ser catalogados automáticamente como traidores. Hay que montar la capacidad política para construir esa fuerza, con la nueva boliburguesía y con la política chavista; no toda la política que está aparentemente del otro lado está compuesta por actores políticos que están convencidos de que ese es el proyecto, pero para dar un viraje tienen que ver una pista de aterrizaje para un país distinto, y esto vale tanto para los actores económicos como para el resto de los espacios sociales.

— VM: ¿Cuáles serían las características de esa pista de aterrizaje?,  ¿qué garantían requieren los otros que aquí y ahora aceptan lo irracional de un proyecto conducido de esta manera y de esta forma por el presidente Chávez?

JB: Yo creo que es crucial que tengan suficiente certeza los actores económicos y los actores políticos que están en la periferia del gobierno, pero que entienden que esto es una locura que no tiene el menor sentido y muy probablemente avanzaron el proyecto porque pensaron que de verdad era un proyecto progresista, pero que también saben que hace mucho tiempo dejó de serlo.  Para esa pista de aterrizaje hace falta que entendamos que Venezuela no puede caer en una secuencia interminable de venganzas; una cosa es la que la justicia pueda dictaminar sobre las actuaciones al margen de la ley de parte de ciertos actores económicos y políticos, y otra cosa es que el futuro se especialice en la persecución  de aquellos actores que aprovecharon los escenarios de la revolución para hacer verdaderos emporios financieros. Creo que la sensatez política tiene que imperar y eso no se está dando. Mientras esto no se de, estos actores políticos y económicos se siguen amarrando a su única tablilla aunque al final sea un ancla.

— VM: El fiscal de New York acaba de hacer señalamientos muy importantes que dejan ver lo que hasta ahora han sido agendas ocultas, intenciones solapadas y relaciones de bajo perfil. En todos esos nichos hay oportunidades extraordinarias para hacer grandes fortunas.  Creo que hay que construir una masa crítica con conciencia, que tenga presente al presidente que dice estar extremadamente preocupado por su pueblo, pero que también permite la construcción de fortunas increíbles.

— JB: Es importante que la masa crítica no confunda fortunas económicas hechas posiblemente a través de comisiones o con dinero mal habido con estructuras nuevas empresariales.

— VM: Hay que separar el trigo de la paja, como en todos los casos, pero resulta odioso que este proceso cuente con tanta opresión y con tanta indiferencia mal repartidas. Pero aceptemos que hay boliburguesías buenas y malas ¿Cuál es la razón del susto de la boliburguesia buena?

— JB: La boliburguesía buena está asustada porque piensa que el modelo puede terminar siendo cubano y entonces su fortuna no les sirve de nada. Temen una salida rápida y un cambio radical de vientos en el país, donde las cosas de la noche a la mañana puedan variar y termine siendo destruido su imperio, temen que venga un vengador errante  a quitarles todo; a eso me refiero cuando digo que tiene que imperar la sensatez política.

— VM: Y sobre todo tiene que imperar  un mensaje absolutamente contrario al redencionismo milenarista de Chávez que todo es venganza, todo es odio, todo es negativo.

— JB: Si hay algo que está clarísimo en la Venezuela actual es que el venezolano está experimentando de nuevo la venganza como forma de hacer política. Los que como yo hemos vivido esta coyuntura como ciudadanos contemporáneos, y tuvimos por tanto tiempo suficiente para apreciar en lo bueno y en lo malo a “la democracia de los 40 años” llegamos a pensar que estaban consolidadas las instituciones más importantes del país y resultó que no. Los que llegaron a gobernar,  vinieron con una experiencia de exclusión que trajeron consigo desde la década de los 60´s y ahora llegaron a vengarse, como si eso fuera posible. Entonces, ¿Venezuela va a seguir siendo una historia de venganza de grupos de fuerza o de grupos de poder contra otros? ¿El “no volverán” contra quién es al final?

— VM: No hemos cambiado mucho, porque esas son las mismas montoneras, con las mismas consignas, además con la misma saña y la misma disposición al saqueo que exhibimos desde la fundación de la República.

JB: Lo más preocupante es la destrucción de todo vestigio de institucionalidad en el país, y a veces me pregunto si seremos capaces de reconstruirlo.

— VM: Si Jorge Botti fuese al que la sociedad venezolana le encargase la reconstrucción del país o la dirección de este proceso político.  Si Jorge Botti fuese el dictador democrático que va a hacer la transición de los próximos 20 meses, ¿cuál sería tu mensaje?

— JB: Hay que ofrecer  en este momento nuevas emociones y nuevos sueños. Imagínate qué tan importante será en un momento donde además no hay instituciones. Creo que en estos momentos, en un escenario como el que tu estas pintando, sería fundamental seducir al país con un nuevo orden en el cual el ciudadano común sienta que con su trabajo y su actuar diario, puede contribuir a reconstruir la nación. El líder, junto con un gran equipo de hombres y mujeres, deberá encargarse de crear una nueva institucionalidad.


Fotografía y producción: : Yessenia Pérez Cuetos.


altDesde la cámara

Espacio de entrevistas y opinión de Víctor Maldonado C., director ejecutivo de La Cámara de Comercio, Industria y Servicios de Caracas. Ha sido consultor para Ediciones Especiales del Grupo Editorial Producto y Consultor Asociado Externo de proyectos como Identificación de consensos en las políticas públicas orientadas al Combate de la Pobreza, con el Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas de la Universidad Católica Andrés Bello y el USAID-ISPD.  Es  profesor de pregrado y postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y la Universidad Metropolitana. Maldonado  es  politólogo egresado de la Universidad Central de Venezuela con una maestría en Desarrollo Organizacional de la UCAB. Ha publicado trabajos en la revista Temas de Coyuntura del IIES UCAB, y es articulista especial de la Revista Dinero, y articulista semanal del Diario El Mundo, Diario Notitarde, Diario El Correo de Caroní y el Diario El Siglo.

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