Salud y Bienestar
¿Cómo prevenir el Alzheimer?
Escrito por Iván R. Méndez | @ivanxcaracas
Jueves, 18 de Septiembre de 2014 16:26

altEs una creencia errónea, incluso entre algunos médicos generales, asumir como “normal” que a un adulto de más de 65 años se le empiecen a olvidar sus rutinas y talentos, como el cocinar, así lo asegura el doctor Alberto Mendoza,

 
Sanidad universal
Escrito por Victoria Camps
Sábado, 13 de Septiembre de 2014 08:17

Sanidad universal
Una de las malas noticias del verano ha sido la epidemia de ébola. Del tema conocemos sobre todos el caso del religioso español Miguel Pajares infectado por el virus y repatriado bajo medidas de precaución excepcionales para recibir un tratamiento que desgraciadamente resultó infructuoso. La respuesta de Europa y Estados Unidos a una epidemia de estas características pone sobre la mesa unas cuantas preguntas de relevancia ética.
La primera tiene que ver con la legitimidad de tratar a pacientes con un medicamento aún no experimentado con humanos cuando no existen otros fármacos que puedan curar la enfermedad. La segunda se refiere a las obligaciones de los gobiernos nacionales para con los profesionales de la sanidad que acuden voluntariamente a estos países. Una tercera pregunta deriva de las dos anteriores: ¿Es de recibo, o es de justicia, utilizar los recursos disponibles para atender exclusivamente a los afectados nacionales? La última noticia es que la OMS se ha retirado de Sierra Leona para evitar más accidentes entre sus trabajadores allí desplazados.
Dado que el primer principio de la ética médica es no hacer daño, habrá que decidir si es éticamente aceptable dispensar a los pacientes infectados un medicamento que aún no ha sido probado en humanos. La respuesta a la pregunta ha sido unánime: es razonable utilizar un “tratamiento experimental” cuando el riesgo de morir es mucho más alto que el de sobrevivir y el paciente en cuestión consiente en ser tratado.
Pero los enfermos tratados hasta ahora han sido siete, solo dos de ellos liberianos. Los infectados en Africa son multitud. ¿Sería ético aplicarles también a ellos el tratamiento experimental? ¿Cómo hacerlo cuando se ha denunciado repetidas veces la explotación de pacientes de países pobres para experimentar con medicamentos? ¿Cómo evitar la apariencia de manipulación?
Las dudas ponen de relieve que la cooperación internacional en materia de sanidad se encuentra en mantillas. Es sencillo concentrarse en el problema de la legitimidad de dar un medicamento no experimentado a un paciente de un país rico, que plantearse una cuestión de más calado, relativa a la aplicación de la justicia distributiva a cuestiones de salud pública. Por mucho que consideremos un deber ético proteger a las personas que voluntariamente se dedican a la cooperación, con riesgo para sus vidas, el contraste entre el cuidado que estas personas han recibido y la visión impotente, o indiferente, hacia los miles de africanos, incluidos los profesionales de la sanidad autóctonos afectados por el virus, pone de relieve la inanidad de un derecho a la protección de la salud supuestamente universal.
Una plataforma ciudadana que agrupa a enfermos de hepatits C se dispone a denunciar al Ministerio de Sanidad porque no garantiza el suministro generalizado del antiviral más efectivo para tal enfermedad. Es un medicamento caro y, en tiempos de penuria, Sanidad se acoge al consabido argumento de que no hay dinero para un gasto de tal envergadura.
La hepatitis C es una dolencia grave. Si es un deber proteger la salud de todos los ciudadanos, ¿cómo puede justificarse que solo los que pueden permitírselo tengan acceso a la curación? ¿Hasta dónde los gobiernos han de condescender a la voracidad económica de la industria farmacéutica?
No son dos casos comparables, pero tienen un denominador común que es el que quiero subrayar. En materia de atención sanitaria se ha avanzado mucho en el imperativo de proteger la dignidad e integridad de los pacientes. Pero con respecto a la equidad queda mucho por hacer, a nivel nacional y no digamos a nivel internacional. Suscribo lo que Luigi Ferrajoli ha calificado como “la mayor antinomia que aflige a la historia de los derechos fundamentales”, a saber, la contraposición entre derechos del hombre y derechos del ciudadano. Con respecto al derecho a la protección de la salud, hay ciudadanos de primera y de segunda, no solo porque unos han tenido la suerte de nacer en un país rico y otros no, sino, cada vez más, porque los recursos públicos destinados a garantizar este derecho van menguando. Como escribe Gurutz Jáuregui en Hacia una regeneración democrática, para que los derechos sociales, que son los derechos de la igualdad, se respeten debidamente, la titularidad de los mismos no puede estar ligada a la pertenencia a una nación, “el demos ya no puede identificarse con las fronteras estatales”.
Victoria Camps
Profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona

altUna de las malas noticias del verano ha sido la epidemia de ébola. Del tema conocemos sobre todos el caso del religioso español Miguel Pajares infectado por el virus

 
Las muertes en Maracay
Escrito por Nicomedes Febres (médico/politólogo)
Viernes, 12 de Septiembre de 2014 10:09
Los médicos son pésimos políticos porque no estamos entrenados para mentir y con la vida de la gente no se juega. La información que llega a través de El Nacional es francamente preocupante
porque se trata de una epidemia local de alguna enfermedad infecciosa. Lo primero que se hace es declarar la alerta epidemiológica y se envía recursos técnicos y materiales para estudiar y enfrentar la calamidad. Se apela además al Centro Mundial de Enfermedades Infecciosas ubicado en Atlanta y propiedad del gobierno norteamericano. Eso lo hace desde Liberia y Sudán hasta Rusia y China. Que la presidente de la red de Sociedades Científicas, a quién no conozco, pero que solo es representante de nuestros organismos científicos, haya exigido declarar la urgencia humanitaria para la crisis de la salud en nuestro país habla de la gravedad de la situación. El gobernador de Aragua, como vocero del gobierno, solo desmiente la situación y trata de ocultar la verdad, lo que permite que se extienda el problema sin ofrecer soluciones. El comunismo cayo así, la crisis generada por el desastre atómico de Chernobyl fue ocultada por el gobierno ruso, porque en cada nivel de alerta retrasaron la información de lo que estaba sucediendo hasta que la nube de radiación amenazó a afectar a Occidente. Fue en ese momento que Gorbachov, presionado por los gobiernos europeos y por Reagan, decidió reconocer la calamidad atómica y aceptar que el sistema comunista como un todo estaba basado en una gran mentira. Chernobyl fue conocido porque los satélites norteamericanos tenían las fotos con detalles de lo que había sucedido y todas las evidencias técnicas del caso. Gorbachov se fue al Kremlin y reconoció el desastre que era el sistema y el sistema se desplomó. La grandeza de Reagan estuvo en no hacer leña del árbol caído, pues entendía que algunos sectores del partido comunista de la antigua URSS se resistieron a reconocer la verdad. En este caso conocemos la verdad porque los pocos medios independientes lo han publicado, sino la epidemia hubiera crecido y el gobierno lo hubiese ocultado a la población o habría dicho que es un ataque sanitario como parte de la guerra del imperialismo, al igual que dice que la subida del precio del dólar es parte de una guerra económica que solo existe en su imaginación y cuyo desastre es producto del disparate económico que ha sido este largo gobierno de 15 años. Las Sociedades Científicas jamás usarán esta crisis humanitaria para hacer política porque ellos no se meten en ese terreno, pese a que la crisis humanitaria si tiene un componente político porque hace años le están quitando recursos al sector salud. Si un cargo en un hospital es dejado libre, lo clausuran y ese dinero o se lo roban o lo gastan en propaganda oficial. Aquí no se construyen hospitales desde hace años, porque el gobierno pinta el hospital, le cambia el nombre a otro más rimbombante y se gasta el 80% del dinero en publicidad o se lo roban. Tampoco se construyen clínicas por la inseguridad jurídica, la última fue el Hospital de Clínicas Caracas que se inauguró poco después del Viernes Negro de 1983 y la Clínica de Rescarven, que es la vieja clínica Santa Cecilia remodelada. Esa vaina es una verdad como un templo. El Centro Médico Docente La Trinidad fue un prospecto de hospital privado que se empezó a construir cuando yo estaba recién graduado y acabo de cumplir 45 años graduado de médico, y hasta hace poco fue un centro de consulta de referencia que no tenía hospitalización.
* Las fotos de hoy son Los niños de Chernobyl, aquellos que estaban en el vientre de sus madres y nacieron con problemas en los brazos (focomelia) producto de la radiación y la otra es la medalla a los obreros que construyeron el muro de cemento para sellar la fuga de la radiación y como lo hicieron con mala protección, muchos de ellos murieron, pero recibieron esta medalla, que hoy usted la puede compra en eBay por 7 dólares. Una vida joven a cambio de 7 dólares. Así pagan los comunistas a los pendejos que creen en ellos. A otro perro con ese hueso chimbo.

altLos médicos son pésimos políticos porque no estamos entrenados para mentir y con la vida de la gente no se juega. La información que llega a través de El Nacional es francamente preocupante

 
Un láser permite medir los niveles de glucosa sin pinchar al paciente
Escrito por Carlos Zahumenszky
Lunes, 25 de Agosto de 2014 00:40

Las desagradables pruebas actuales para medir los índices de glucosa en sangre, que implican pinchar el dedo del paciente, pueden tener los días contados. Un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton ha diseñado un nuevo sistema no invasivo que realiza esta lectura sin pinchazos. El secreto es un láser de cascada cuántica.
Una nueva técnica podría evitar el pinchazo diario a los diabéticos
Las personas aquejadas de diabetes tipo I o II saben bien lo molesto que puede llegar a ser…
Read more
Bajo este retorcido nombre se esconde un haz láser que utiliza una serie de semiconductores superpuestos para lograr emitir luz en el espectro infrarrojo medio, una capacidad que no tienen la mayor parte de láseres. Esta frecuencia permite analizar el fluido de las capas intermedias de la piel para determinar los índices de absorción de glucosa.Las desagradables pruebas actuales para medir los índices de glucosa en sangre, que implican pinchar el dedo del paciente, pueden tener los días contados. Un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton ha diseñado un nuevo sistema no invasivo que realiza esta lectura sin pinchazos. El secreto es un láser de cascada cuántica.
Una nueva técnica podría evitar el pinchazo diario a los diabéticos
Las personas aquejadas de diabetes tipo I o II saben bien lo molesto que puede llegar a ser…
Read more
Bajo este retorcido nombre se esconde un haz láser que utiliza una serie de semiconductores superpuestos para lograr emitir luz en el espectro infrarrojo medio, una capacidad que no tienen la mayor parte de láseres. Esta frecuencia permite analizar el fluido de las capas intermedias de la piel para determinar los índices de absorción de glucosa.
Para que el sistema funcione, basta con enfocar el láser unos segundos a la palma de la mano. El haz no provoca ningún tipo de incomodidad al paciente, aunque no es tan exacto como el impopular pinchazo. Después de probarlo varias semanas en voluntarios antes y después de comer 20 caramelos de goma, el sistema tiene una precisión del 84%.

altLas desagradables pruebas actuales para medir los índices de glucosa en sangre, que implican pinchar el dedo del paciente, pueden tener los días contados. Un equipo de investigadores de la Universidad de Princeton

 
Alabanza del paciente escéptico…: El médico como paciente
Escrito por Dr. Rafael Muci-Mendoza
Sábado, 09 de Agosto de 2014 09:29

Alabanza del paciente escéptico…
El médico como paciente
Dr. Rafael Muci-Mendoza[1]
Con la edad y el envejecimiento en el ejercicio de la profesión cada vez soy más parco en mis recetas. Me he acogido siempre al imperativo de mi Maestro y amigo, el doctor Herman Wuani Ettedgui quien nos acosaba preguntándonos una y otra vez los efectos colaterales, farmacodinamia e interacciones de los medicamentos, y de paso, incitándonos a que empleáramos un número reducido de los mismos y al mismo tiempo que conociéramos todo acerca de ellos. La verdad es que a mis pacientes –creo-, no les ha ido mal con estas normas que siempre he agradecido. Me aterra ver esos récipes con ocho o diez drogas que, a diferencia de antes, no son inocuos guarapos, sino bombas de profundidad en los vacíos bolsillos del paciente pobre y hasta en las arcas del rico, o desafíos para el hígado y riñón que tienen que ingeniárselas para detoxificarlas y eliminarlas, y en muchos casos, pueden ser suerte  de tósigos o venenos disfrazados en cajas policromadas.
En lo personal, siempre he esquivado las drogas o procedimientos terapéuticos que algún médico ocasionalmente me ha recetado. Sólo quería que me dijera que mis quejas eran baladíes; y si así fueran, para qué medicarme. Creo a pie juntillas en la ¨vis medicatrix naturae¨ griega o capacidad de nuestro ser de defenderse solo y que funciona fielmente al resguardo de intereses económicos y efectos colaterales. De no haber sido así, nuestros ancestros trogloditas no hubieran llegado a evolucionar y transformarse en nosotros; por fortuna para ellos, entonces no existían antiinflamatorios, antibióticos ni vitaminas... ni médicos. Todo lo había bien dispuesto el Buen Señor en su entorno, sin contar con la botica que nos puso adentro contentiva de salutíferos neurotransmisores llamados endorfinas y encefalinas, pura morfina y marihuana de producción local endógena, liberada cuando hacemos una caminata vigorosa y que nos permite ¨coger una voladora¨ de bienestar, optimismo y vida sin quebrantar nuestra dignidad ni ley alguna …
Mi experiencia no fue buena en mis primeros escarceos con la enfermedad deparada de unos golondrinos que les dio por alojarse y guindarse de mis dos sobacos por allá en 1962, poco después de mi graduación de médico. Eran como ¨policías acostados¨ dolorosos bajo mi brazo, que impedían el movimiento y según comentaban viejas conocedoras de esos asuntos, nunca venían solos, siempre en comandita; así, que en el mejor de los casos, se sucederían seis veces –el número de ¨El Malo¨- sin que pudiera hacerse nada para evitarlo. El término médico apropiado es hidradenitis o hidrosadenitis supurativa que resulta de la obstrucción de los ductos excretores de sudor que conduce a inflamación, infección y absceso. Los factores predisponentes incluyen la alcalinidad del sudor, el exceso de transpiración, la diabetes, la obesidad, la depilación axilar, y les juro que yo no fui…, la falta de higiene.
Volviendo a mí, visité a un dermatólogo del Hospital Vargas de Caracas quien me recetó una poción local que olía a huevos podridos, que debía aplicarme varias veces al día, y que ante mi proximidad a una persona, esta se volteaba con un gesto facial de repulsión… Yo, a mi vez, volteaba también hacia atrás la mía, y adoptaba la misma expresión para hacerle creer que no era yo el del tufo…  El pestífero potingue (99/100 Unidades ¡Fo!), no hizo mella en mis dolorosas protuberancias. Cierto día, pasando por las cercanías del Servicio de Radioterapia, venía yo con mis brazos separados del cuerpo, como un parkinsoniano, sin balanceo de los mismos, mirando aquí y allá para no ser tocado, cuando de improviso me topé de frente con su Jefe, el doctor Rubén Merenfeld quien me saludó con afecto y con una palmada en el brazo; como era de esperarse, un rictus de dolor se pasó de mi sobaco a mi cara… Impresionado por mi miserable aspecto, a su pregunta le hice saber del diagnóstico y el pronóstico que viejas maledicentes me habían vaticinado… Del número 666 demoníaco, afortunadamente sólo me correspondería el primer dígito, un 6 aislado, pero en sucesión… Me convenció de aplicarme unas dos sesiones de la radioterapia de aquellos tiempos cuyos colimadores esparcían rayos como una regadera, pero sería a dosis antiinflamatorias...
Acepté como un canceroso cualquiera su intimidante proposición e hice cola con aquellos desheredados de la salud que esperaban cabizbajos por su sesión diaria, con sus cuerpos marcados con indeleble tinta morada en las áreas que serían irradiadas. A mí no me marcaron porque el enemigo simplemente estaba a la vista y era por demás protuberante. Ignoro cuántos de los rads de entonces o cGy de hoy me aplicaron, pero pienso que la dosis liberada no fue la de asar un ¨lomito término medio o ¾¨, sino ¨medio quemadito¨. ¿Qué  hacer?  Estaba en la olla y cocinándome, pero confiado y llevado de buena mano, de mano bondadosa... Estuve como en carne viva y ardido por algunas semanas, se me cayeron los pelos, dejé de sudar, pero eso sí los golondrinos no aguantaron la descarga y prontamente, cogieron sus bártulos y volaron a las axilas de otros. Y fue así como me ahorré para siempre, los desodorantes de bolita, de barrita o de espray. El doctor Merenfled, persona jovial siempre estuvo muy pendiente de mí y yo le agradecí su interés con una parodia de una conocida rima de Bécquer…
Desde entonces aprendí que las drogas y los procedimientos terapéuticos instrumentales como el que les comenté, eran dagas de doble filo; por un lado –el más mellado- te cortaba la enfermedad, pero por el otro –el más filoso-, te agredían el propio pellejo. Aprendí también pues a preservarme y a preservar a mis pacientes en estos tiempos donde un oftalmólogo vistiendo gafas te indica, sin escrúpulos, cirugía refractiva para quitar tu miopía, pero no la de él; o te manda al quirófano a operarte las cataratas cuando todavía tu visión es de 20/20, porque… no vaya a ser que el núcleo de tu cristalino que no el mío, se endurezca de repente y sea dificilísimo fragmentarlo. O que un ginecólogo te haga un ¨vaciado completo¨ a los 45 años porque ya lo que tienes en el vientre es una chinchurria inservible; o porque el otorrino te vea el septo nasal torcido y una temible ¨falta de oxigenación cerebral¨ sea la causa de tus desgracias; o porque el cardiólogo observe que tu colesterol HDL-c está bajo, es decir, cuando se perfile lo malo del bueno, te vaticine un infarto y te indique estatinas ¨de por vida¨ aunque se te dañen los músculos y te duelan las piernas, el hígado no soporte el envión, el pájaro se acurruque, o desarrolles daño cognitivo v.g., pérdida de la memoria, olvidos y confusión mental…
Teme a la vejez, pues nunca viene sola.
Platón
Pero no se crean que suelo ser mi propio médico; alguna vez escribí que ¨el médico que se trata a sí mismo, tiene por tonto a un paciente y un doble idiota por médico¨. Tengo mis médicos escogidos sobre la base de su ciencia, prudencia y paciencia. No abuso del laboratorio y prevengo aquellas serias condiciones que sé, son frecuentes a mi edad: hematología, glicemia, urea y creatinina, endoscopia digestiva periódica, ecosonograma abdominal, telerradiografía del tórax, antígeno prostático y tacto rectal: Hasta el presente no han mostrado nada vergonzante o amenazante. He tratado de balancear mi vida manteniendo intereses espirituales diferentes de los intrínsecos de mi profesión. La Academia Nacional de Medicina y su historia, me han brindado un motivo para luchar contra la intolerancia y la dictadura, la persecución de la medicina nacional, y para saciar mi sed de servir y escribir. Sinceramente, he tratado de hacer lo debido, a sabiendas de que no es fácil, pues son muy elevadas las posibilidades que tenemos los médicos de neurotizarnos o suicidarnos, hacernos adictos a las drogas que prescribimos a nuestros pacientes –cualquiera de ellas, pero especialmente hipnóticos y sedantes-, transformarnos en alcohólicos, divorciarnos, caer muy bajo o ser un buen ejemplo de lo que no deberíamos ser.
Pero además, y formando parte de mi vejez (los sesenta es la juventud de la vejez, pero de setenta para arriba, ya no hay palabras edulcoradas ni eufemismos, es plana y simple chochez, postrimería o decrepitud…), han aparecido síntomas efímeros aquí y allá; pero yo los tengo identificados… Desgraciadamente no se ha desarrollado todavía un examen que dosifique los niveles de ¨ácido viejúrico¨ -el más ácido de los ácidos-, ni un antígeno monoclonal o ¨bala mágica¨ que disminuya su concentración en la sangre y al menos aminore sus efectos deletéreos; de existir, podría demostrarme a mí mismo y a mis pacientes que tengo razón. En lo que a mí respecta, he ignorado mis malestares al reconocerlos como míos y como nimios, que como las olas, suelen ir y venir sin aviso, sin protesto y sin dejar rastro. ¿Qué mueble viejo no cruje de noche? –me pregunto-. Por ello,  me resisto a dejarme engatusar por las transnacionales del medicamento que te ofrecen multivitaminas ¨silver¨, precisamente para echarle más leña al fuego cuando nos encontramos en plena edad de los metales: cabello de plata, dientes de oro, y compañones y pito de plomo. O melatonina para poder dormir en la noche luego de todo un día dormitando de puro fastidio en una silla orejona; o tomar el sildenafilo para recordar artes perdidas sin quitarte la camisa ni las medias durante el ¨acto¨ porque te resfrías y estornudas en ese preciso momento…
A la gente le repugna ver un anciano, un enfermo o un muerto,
sin embargo, está sometida a la muerte, a las enfermedades y
a la vejez.
Jorge Luis Borges
Para los que arribamos al Siglo XXI con más de sesenta, no se harán esperar otras patologías que revolotearán sobre nuestras cabezas como zopilotes en ayunas. Una de ellas es la temida ¨sejuela¨, condición emparentada con el inclemente paso de los años que tiende a afectarnos con síntomas tan disímiles como aquel, donde todo te parece muy lejos o muy caro o muy tarde o muy difícil. O desprecias una computadora porque le tienes temor y le dices a todo el mundo que si la tienes, pero que está dañada. O cuando no haces el amor después de comer porque se te para… la digestión. O cuando a instancias de tu mujer te ves obligado a hacer pipí sentado. O cuando el cabello que todavía mantienes no se vuelve canoso sino sospechosamente amarillo, color de araguato viejo o profundamente negro. O cuando te dejas la bragueta abierta y alguien por allí en la calle te dice con sorna, ¨¡Jaula abierta, pájaro muerto!¨. O cuando comienzas a pedir que le bajen el volumen al equipo de sonido. O cuando no sales de noche porque le tienes miedo al "sereno", o entras y sales de la iglesia o del cine con el pañuelo en la nariz porque hay muchos entes virales flotando en el éter. O cuando te ventoseas con caldito. O cuando te afecta el connotado Franco Deterioro –versión italiana del otro, el alemán Alois Alzheimer- y metes las llaves del carro en el microondas, o insistes en no haber comido cuando aún estás masticando.
Bueno amigo, todo ello configura el cuadro clínico de la secular e infame Sejuela (del griego, ¨se jue la… juventud¨).
Colofón.
Los médicos, muchas veces, solemos ser escépticos de las bondades del oficio que profesamos. Enfermarnos como cualquier ser humano y, de nosotros, uno de cada diez hasta podemos llegar a padecer a lo largo de nuestras vidas vida adicciones y enfermedades, que no sólo ponen en riesgo nuestra propia salud, sino también la de nuestros pacientes. Somos los peores pacientes, bien porque somos autosuficientes, o tememos a la estigmatización implícita a la enfermedad, o somos omnipotentes y no tememos a nada, o sentimos culpa, o nos preocupa que no se nos preserve el debido secreto, o no queremos quitarle al colega su precioso tiempo –y muchas veces tampoco él quiere que se lo quitemos y nos trata con rapidez y displicencia-. No nos gusta enfermarnos, tenemos demasiado temor a la muerte, así que la consulta informal de pasillo y a la ligera, motoriza nuestros temores.  De ello, todos tenemos copiosos ejemplos. Al menos aceptemos este antiguo consejo,
¨Si te faltan médicos, sean tus médicos estas tres cosas:
mente alegre, descanso y, dieta moderada¨.
En sus primeros versos así rezaba un poema a la dieta, escrito en el  siglo X  en el famosísimo Régimen Sanitatis Salernitanum de la Escuela de Salerno. Aquellos y otros que vinieron luego, sí que eran hombres sabios como el médico inglés George Herbert en el siglo XVII quien afirmó,
¨Quien quiera que haya sido padre de la enfermedad,
una mala dieta fue su madre¨.
Debemos también recordar la frase de Juvenal,
¨mens sana incorpore sano¨
que rescata la importancia del cuidado del cuerpo para poder estar sano mentalmente… o viceversa.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ; Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
[1] Academia Nacional de Medicina de Venezuela. Individuo de Número Sillón IV. Presidente de la Academia Nacional de Medicina, médico internista y neurooftalmólogo, FACP. Dirección electrónica: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

altCon la edad y el envejecimiento en el ejercicio de la profesión cada vez soy más parco en mis recetas. Me he acogido siempre al imperativo de mi Maestro y amigo, el doctor Herman Wuani Ettedgui quien nos acosaba preguntándonos

 
<< Inicio < Prev 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 Próximo > Fin >>

Página 10 de 47
OpinionyNoticias.com no se hace responsable por las aseveraciones que realicen nuestros columnistas en los artículos de opinión.
Estos conceptos son de la exclusiva responsabilidad del autor.


Videos



opiniónynoticias.com