Salud y Bienestar
Las brechas de la salud
Escrito por Marino J. González | @marinojgonzalez
Miércoles, 15 de Octubre de 2014 05:53

LAS BRECHAS DE LA SALUD
MARINO J. GONZÁLEZ R.
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Nada como mirar a los países que tienen alto desempeño para tomar más conciencia de la pérdida de oportunidades en este largo gobierno.
Mientras la actual gestión se preocupa por controlar, perseguir a los sectores productivos, evitar la definición de metas y su cumplimiento, en otros países se dan pasos determinantes para garantizar el mayor bienestar a la población.
Solo como referencia tomemos lo que ocurre en el ámbito de la salud. Comparemos las condiciones de salud de Venezuela con las que se tienen en los países europeos. Por ejemplo, la expectativa de vida de las mujeres en Venezuela es 80 años. Esto es cinco años menos que la de las mujeres en España y Francia. La expectativa de vida de los hombres en nuestro país (72 años), es 7 años menor a la de los hombres en España, Australia, Suecia.
En el caso de la mortalidad infantil las diferencias son también notables. La tasa de mortalidad infantil en Venezuela (14,4 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos registrados) es 14 veces mayor que la de Islandia, 5 veces más que la de España o Finlandia, solo por nombrar algunos países. Igual ocurre con la mortalidad materna. En Venezuela la mortalidad materna ha aumentado 40% desde 1998 y es 10 veces superior al promedio de los países europeos.
La magnitud de la brecha queda muy evidente cuando comparamos el gasto que realizan las personas para financiar la salud. En los países europeos el monto que pagan las familias por la salud (también llamado gasto de bolsillo) no pasa en promedio del 15% del gasto total de salud. En países como Holanda y Francia no llega al 8%. En Venezuela, el gasto de bolsillo es el más alto de las 15 economías más grandes de América Latina: más del 60% del gasto total.
Estas diferencias denotan el bajo desempeño del sistema de salud de Venezuela cuando lo comparamos con los países europeos, pero incluso cuando lo comparamos con países de América Latina. En líneas generales, Venezuela se encuentra en los peores lugares, sea en las condiciones de salud, o en los indicadores de cobertura de servicios. Se puede afirmar con toda fuerza que en estos quince años se ha producido una total involución en la gerencia de la salud pública del país.
El resultado final es muy lamentable. Se expresa en deterioro de las oportunidades para personas y familias, sufrimiento por las dificultades para la atención, pérdidas de productividad, ausentismo escolar, en fin, todas las restricciones derivadas de la afectación de la salud. Todo lo anterior sería completamente evitable si el gobierno fuera capaz de implementar políticas adecuadas. Ya es bastante obvio que no puede con esa responsabilidad.

altNada como mirar a los países que tienen alto desempeño para tomar más conciencia de la pérdida de oportunidades en este largo gobierno.

 
Encontrar el verdadero ‘yo’
Escrito por María Guerrero
Domingo, 05 de Octubre de 2014 01:46

altCuando andamos perdidos de nosotros, a menudo nos encontramos en los espejos de otros reflejos nuestros que nos devuelvan nuestra imagen y también, muy a menudo, sólo encontramos

 
Chikungunya, Ebola y otros virus, la agenda de la OMS
Escrito por Daniel Merchán | @Daniel_Merchan
Sábado, 04 de Octubre de 2014 08:10

altLa organización mundial de la salud (OMS) tiene en agenda una seria de variables que atender en el mundo de hoy, la proliferación de algunos virus en territorio americano y africano

 
Mecanismos psicológicos de la mentira
Escrito por Alfonso Echávarri Gorricho
Viernes, 26 de Septiembre de 2014 07:40

Mecanismos psicológicos de la mentira
En su etapa más infantil, la persona no posee determinadas competencias para gestionar todas las situaciones que le rodean. Es por eso que a veces recurre a lo que conocemos como “mentira”, un medio para sacudirse de ciertas responsabilidades para las cuales no está psicológicamente preparada.
La persona en edad temprana no posee estos elementos argumentativos relacionados con la ética acerca de la realidad ocurrente y es por ello por lo que “reacomoda” esta realidad desde su mundo limitado de experiencias. Por lo tanto, inicialmente la mentira puede convertirse en un medio para evitar una serie de consecuencias negativas.
Esto que podemos considerar como algo normal en los niños pequeños, sin embargo es materia educativa por parte de los padres. Enseñar desde edades tempranas acerca de la responsabilidad de las acciones es algo que posibilitará a este niño en su vida adulta para no “tirar balones fuera”. Corregir es educar. Corregir con cariño y recompensar la sinceridad del pequeño más que castigar la mentira, aunque en ocasiones también es muy educativo que asuman ciertas consecuencias en relación a sus acciones. Pero con medida.
El problema aparece cuando estos mecanismos de corrección no están presentes y el niño va creciendo integrando la mentira y el engaño en su persona, como un modo eficaz de consecución de determinadas ganancias.
Carl Jung hablaba del denominaba “yo social”, la parte de la persona que responde activamente a lo que se espera de ella, y por lo que se le recompensa. El ser humano puede acudir a la herramienta de la mentira para salvaguardar su propia imagen, tanto externa como auto percibida.
Es posible que para la persona sea más importante ser sincera que proyectar una imagen. Si esto es así, percibirá que las pérdidas asociadas a su percepción más genuina, más interna, superarán a las ganancias externas, por lo que es más que probable que no recurra a la mentira. Vamos, que es un tema de conciencia.
El problema llega cuando el uso de la herramienta de la mentira se convierte en abuso. Es aquí donde se pierden fácilmente las referencias y donde se suele producir con más facilidad la anestesia de la ética y de la moral. La persona que empieza a integrar la mentira en su vida de forma sistemática lo hace de tal forma que convierte en costumbre el hecho puntual, perdiendo la capacidad de análisis e instalándose en la inercia. Hasta los más pequeños asuntos están salpicados de medias verdades.
Este modelo de comportamiento tiene una directa implicación en el sistema de creencias de la persona, es decir, que de tanto practicar la mentira puede llegar a enmarcar su vida en una mezcolanza entre fantasía y realidad, de difícil resolución. Lo que se conoce como “se cree sus propias mentiras”. Así, estas personas adoptan un modelo de vida como si, construyendo un personaje irreal que les permita seguir recibiendo recompensas externas. Cuando este falso personaje llega a ser creíble para el propio individuo, es entonces el tiempo de los desequilibrios y de los trastornos mentales.
Mentir no está bien y tarde o temprano se pagará el peaje. Sin embargo acontecen situaciones en las que esconder parte de la realidad puede que no sea tan negativo. Y estas situaciones deben ser analizadas por la persona siempre en función del bien ajeno y nunca desde el beneficio propio.
Existen mentiras de todo tipo y condición. Cuando digo que en ocasiones la mentira puede que no sea dañina, me refiero a las que piensan en el bienestar del otro. Sé que esto puede ser cuestionable, pero hay ocasiones en que la no verdad trae más beneficios que la verdad completa.
Pobre Pinocho. Cada vez que mentía le crecía la nariz. A los seres humanos nos crecen los problemas cada vez que mentimos. Ya tenemos algo en común los muñecos de madera y las personas de carne y hueso.
Alfonso Echávarri Gorricho
Psicólogo y coordinador de Programas en el Teléfono de la Esperanza

altEn su etapa más infantil, la persona no posee determinadas competencias para gestionar todas las situaciones que le rodean. Es por eso que a veces recurre a lo que conocemos como “mentira”,

 
Un estudio vincula los edulcorantes artificiales con diabetes y obesidad
Escrito por Jaime Pratts
Viernes, 19 de Septiembre de 2014 07:53

Un estudio vincula los edulcorantes artificiales con diabetes y obesidad
El trabajo, publicado en 'Nature', relaciona estos aditivos con cambios en la flora intestinal
Las conclusiones más concluyentes se han obtenido de experimentos con ratones
JAIME PRATS Valencia 17 SEP 2014 - 18:16 CEST64
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Los edulcorantes artificiales se usan en cada vez más bebidas refrescantes y alimentos preparados / JESÚS CÍSCAR
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Los edulcorantes artificiales que se emplean frecuentemente como sustitutos del azúcar acompañando al café, en refrescos y alimentos preparados quizás no sean el aliado que aparentan ser contra la obesidad, el sobrepeso y sus trastornos metabólicos asociados como la diabetes. Un estudio de investigadores del Weizmann Institute of Science (Israel) sostiene que el consumo de estos aditivos provoca, al menos en algunas personas, intolerancia a la glucosa, una fase previa a la diabetes en la que hay una mayor concentración de azúcar en la sangre, y alteraciones metabólicas relacionadas con la obesidad; es decir, el efecto contrario al que pretenden conseguir.
El trabajo, que publica la revista Nature, explica esta paradoja apoyándose fundamentalmente en los cambios que estas sustancias –se han analizado tres, la sacarina, la sucralosa y el aspartamo- provocan en la flora intestinal de ratones y que derivan en alteraciones tanto de la composición como de la función de las bacterias del sistema digestivo.
Como consecuencia de ello, los autores del estudio, Eran Elinav, del departamento de inmunología del centro de investigación israelí, y Eran Segal, del departamento de computación, sostienen que la expansión del uso de los edulcorantes artificiales en bebidas y alimentos se puede considerar, entre otros motivos, como una de las causas de la epidemia de diabetes y obesidad que se extiende por el mundo. Casi un tercio de la población padece sobrepeso.
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Otros especialistas son mucho menos contundentes y matizan seriamente las conclusiones a las que ha llegado el grupo israelí. Es el caso de Miguel Ángel Rubio, secretario de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, quien destaca que la mayoría de los estudios realizados hasta el momento no han encontrado problemas para la salud por el consumo de edulcorantes en las dosis habituales. El matiz es importante, ya que, añade, en el artículo que publica Nature se ha administrado la cantidad máxima permitida por las autoridades sanitarias estadounidenses (FDA), 5 miligramos por kilo de sacarina. “Esto supondría 350 miligramos en una persona de 70 kilos, lo que supone una dosis exagerada, nadie consume estas cantidades”, comenta. Además, censura que la mayoría de las conclusiones se han extraído de las pruebas hechas en ratones cuando, debido a las diferencias entre ambas especies, no son resultados que se puedan trasladar directamente a humanos.
Alberto Fernández, endocrino del hospital de Móstoles, es de la misma opinión: "Es prematuro extrapolar estos resultados a humanos, la flora de los ratones es distinta a la nuestra". Además, insiste en los estudios con cientos de miles de personas que avalan que "el consumo de edulcorantes es seguro".
Es cierto que el grueso de los estudios se ha practicado en ratones, aunque no exclusivamente. Los investigadores administraron a los roedores dosis de los tres edulcorantes más frecuentes: sacarina, sucralosa y aspartamo, y advirtieron en estos animales alteraciones metabólicas que se tradujeron en un aumento de sus niveles de glucosa en la sangre. Las tasas eran superiores, incluso, que las registradas entre los que habían tomado azúcar en lugar de sus sustitutivos.
Como los cambios en la dieta se asocian a alteraciones en la flora intestinal, los científicos centraron el foco en los posibles cambios provocados por los aditivos en las bacterias del sistema digestivo.
Implantaron bacterias intestinales de ratones que habían consumido sacarina –mediante un trasplante de heces- a aquellos que no habían probado nunca los edulcorantes artificiales y advirtieron que sufrían los mismos efectos perjudiciales, es decir, más glucosa en la sangre (prediabetes). Para los investigadores, esta fue la prueba de que el consumo de edulcorantes provoca cambios en la flora intestinal que, a su vez, derivan en alteraciones metabólicas vinculadas a la diabetes.
Al analizar al detalle la composición de la flora microbiana de los ratones consumidores de edulcorantes sintéticos, los investigadores observaron “profundos cambios en la población de bacterias, pero también nuevas funciones, algunas de ellas relacionadas con una mayor propensión a la obesidad y la diabetes”, lo que reforzó su tesis.
¿Y en humanos? Los investigadores defienden que se dan los mismos efectos que en ratones apoyándose en dos argumentos. En un estudio con 400 personas advirtieron que quienes decían consumir edulcorantes presentaban poblaciones bacterianas distintas y más propensión a tener niveles elevados de azúcar en sangre respecto a quienes no tomaban estos aditivos. Además, realizaron un pequeño ensayo con cinco hombres y dos mujeres que no consumen habitualmente estas sustancias. Durante una semana se les administró sacarina (de nuevo la cantidad máxima permitida por la ley estadounidense dividida en tres tomas diarias). Cuatro de ellos mostraron, solo cuatro días después, síntomas del síndrome prediabético, pero en los otros tres los valores de azúcar en la sangre se mantuvieron normales. Para los investigadores, esta diferencia responde a que la flora intestinal entre los humanos no es homogénea y en algunos casos reacciona ante los edulcorantes con una especie de respuesta inmune que se traduce en alteraciones en el metabolismo del azúcar.
Miguel Ángel Rubio, de la unidad de nutrición del hospital Carlos III de Madrid, destaca el hecho de que el ensayo en humanos sea muy limitado (solo siete personas) y no arroje resultados tan concluyentes como en ratones: “no se pueden sacar conclusiones de este trabajo de los efectos en humanos”, insiste.
Los autores del trabajo, sin embargo, destacan cómo el incremento del consumo de los edulcorantes es paralelo al aumento “dramático” de las epidemias mundiales de obesidad y diabetes. “Nuestros hallazgos sugieren que estas sustancias podrían haber contribuido a aumentar la epidemia que trataban de combatir”, concluyen.

altLos edulcorantes artificiales que se emplean frecuentemente como sustitutos del azúcar acompañando al café, en refrescos y alimentos preparados quizás no sean el aliado que aparentan ser contra la obesidad,

 
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