Salud y Bienestar
Aislamiento, enemigo de la salud
Escrito por Laura Zamarriego Maestre
Sábado, 28 de Noviembre de 2015 08:08

Aislamiento, enemigo de la salud
El daño producido por la soledad es equiparable a fumarse quince cigarrillos diarios. Lo sostiene Julianne Holt-Lunstad, autora del estudio Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review. La razón, apunta, se encuentra en que la falta de relaciones sociales y afectivas hace aumentar el estrés y empuja a la persona a un estilo de vida menos saludable. Por el contrario, “cuando alguien se siente conectado a un grupo, se sabe responsable de otras personas y ese sentimiento de tener un objetivo, de tener un propósito, se traduce en cuidarse más y tomar menos riegos”, afirma.
La investigación de la profesora Holt-Lunstad alerta sobre la gran cantidad de personas que viven solas en los países occidentales, en su mayoría ancianas. Solo en España, la cifra asciende a 1,5 millones, según datos de la Fundación Amigos de los Mayores.
“El derecho a un envejecimiento activo y saludable choca con la soledad a la que muchos se enfrentan y con las barreras arquitectónicas que tienen que sortear”, señala Carlos Miguélez, responsable de Comunicación de Solidarios para el Desarrollo, una organización con programas de convivencia intergeneracional. “Estas barreras, el aislamiento y el miedo a que les pase algo les impide salir de su casa para dar un paseo, hacer la compra u otras actividades que cualquiera da por sentadas en su vida diaria. Al aislarse, se van distanciando de la vida real”.
Es el caso de Jesús, que lleva 13 años sin salir de su casa por problemas de movilidad que le impiden bajar o subir escaleras. “Debido a mi patología paso mucho tiempo desconectado de la vida. Me ayuda una azotea grande que hay aquí, desde la que me asomo a la calle y respiro. Así es como conecto con el espacio exterior”, cuenta.
Según concluye una investigación recogida en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), las personas mayores que apenas reciben visitas tienen un 50% más de posibilidades morir de forma prematura que aquellas que mantienen lazos sociales. El estudio pone el foco en el efecto que tiene la soledad sobre el cerebro.
“La soledad y el aislamiento social están relacionados con el declive de las funciones cognitivas y el riesgo de desarrollar enfermedades mentales”, alega Andrew Steptoe, del University College London (UCL) y responsable de la investigación. “Debemos empezar a entender que la salud no es solo algo relativo al cuerpo, de si todos los órganos funcionan como deben, sino que también depende de la actividad social”.
Los expertos aseguran que la comunicación humana es la esencia del normal funcionamiento del cerebro.
“La soledad impide una buena estimulación cerebral y el cerebro necesita de estímulos para fomentar la aparición de espinas sinápticas y generar plasticidad neuronal”, explica José Luis Molinuevo, coordinador de la Unidad de Alzhéimer en el Hospital Clínic de Barcelona y director científico de la Fundació Pasqual Maragall.
Las relaciones sociales, advierte, son un poderoso estímulo tanto intelectual como emocional. Carecer de ellas, sin embargo, aumenta el riesgo de sufrir depresiones. Además, los efectos sobre el metabolismo y el sistema nervioso pueden empeorar la calidad del sueño.
A nivel fisiológico, la soledad también afecta el sistema cardiovascular. Se ha demostrado que sentirse aislado aumenta el riesgo de padecer enfermedades coronarias y que las personas solitarias tienen mayores valores de tensión arterial y frecuencia cardiaca. Los niveles de cortisol (hormona implicada en el estrés) también muestran valores superiores. Las  personas con un menor apoyo en su entorno quizá precisen estar en alerta para controlar las posibles dificultades que surjan. Si a esto le sumamos las pérdidas de capacidades propias del envejecimiento, las posibilidades de que la persona mayor perciba soledad y desamparo se intensifican.
Para la psicóloga Andrea Henning “el calor humano es como el alimento. Los vínculos son esenciales para el desarrollo. Desde que somos niños necesitamos los cuidados de otros seres humanos para sobrevivir. Si no tienes ese estímulo, merman tus capacidades cognitivas y no nace la motivación”, sostiene la especialista, quien repara en que la soledad en la que viven muchas personas mayores nos concierne a todos: “Nos afecta también a nosotros, a los jóvenes, porque nos estamos perdiendo un tesoro, que es su experiencia, sus biografías”.
“Jamás hallé compañera más sociable que la soledad”, decía el filósofo británico Henry David Thoreau. Así pues, la soledad es agradable cuando se tiene a alguien con quien compartirla.
Laura Zamarriego Maestre
Periodista
Twitter: @LZamarriego

altEl daño producido por la soledad es equiparable a fumarse quince cigarrillos diarios. Lo sostiene Julianne Holt-Lunstad, autora del estudio "Social Relationships and Mortality Risk: A Meta-analytic Review."

 
Querer vivir o querer morir
Escrito por María Guerrero Escusa
Lunes, 05 de Octubre de 2015 01:23

Querer vivir o querer morir
Las crisis forman parte de la vida. Todas las personas atravesamos situaciones difíciles, problemáticas incluso límites a lo largo de la vida que nos sumen en estados de confusión y angustia. Pero sólo algunos recurren al suicidio como forma de salida de ese laberinto loco que enturbia la mente, otros buscan salidas para afrontar la dificultad fortaleciéndose en cada punto del camino y capacitándose para salir a un sitio nuevo de sí mismos.
En una crisis suicida, ¿qué es lo que hace la diferencia entre el deseo de vivir y el de morir? La vinculación y el sentimiento de pertenencia son el alimento del deseo de vivir.
Una persona sometida a diálisis me hablaba en una ocasión de su idea convertida en deseo de quitarse la vida. Respondía a mi intento de reflejarle el dolor que supondría para su familia su muerte, diciendo lo siguiente: “No le importará a nadie. Mi mujer y yo hace años que dormimos en camas separadas, apenas nos hablamos, sólo nos soportamos porque no hemos tenido el valor para romper nuestro matrimonio. Mis hijos ni me preguntan cómo estoy y, cuando se refieren a mí, lo hacen en términos despectivos. No tengo amigos que me visiten ni trabajo por realizar porque esta enfermedad me impide trabajar ¿Qué hago aquí? Solo soy un estorbo sujeto a una máquina que limita mi vivir diario y, sobre todo, ¡estoy tan solo!”
La dimensión social del hombre es fundamental para su desarrollo como persona. Necesitamos sentirnos pertenecientes e integrados en un sistema a partir del cual desarrollamos nuestra identidad personal. Cuando no es así y la desvinculación o el desarraigo dominan la relación con el entorno personal, aparece el aislamiento, falta de interés por los demás, comunicación escasa y encerramiento en sí mismo favorecido por mecanismos de defensa que acrecientan el muro ante la vida.
Los modelos aprendidos referentes al modo de afrontar las dificultades suponen un referente poderoso, así la imitación de repertorios de respuestas ante el estrés puede dar como resultado la muerte en los casos en los que personas significativas optaron por el suicidio. Recuerdo una adolescente de 16 años que hasta en dos ocasiones se lanzó por el mismo balcón de su casa del que se había lanzado su madre apenas unos años antes. En una de esas ocasiones, por un desengaño amoroso; en la otra, por un suspenso y el temor a decepcionar a su padre.
Las familias desestructuradas suponen otra fuente de riesgo por las anomalías en la estructura de la personalidad que la falta de amor, la comunicación abierta y las carencias de cuidado y afecto pueden generar en sus miembros.
Por tanto, lo que marca la diferencia entre querer vivir y querer morir es el sentimiento de pertenencia a un grupo, a partir del cual desarrollamos nuestra identidad personal.
María Guerrero Escusa
Psicóloga, profesora Universidad de Murcia

altLas crisis forman parte de la vida. Todas las personas atravesamos situaciones difíciles, problemáticas incluso límites a lo largo de la vida que nos sumen

 
Contra el olvido de las personas con Alzheimer
Escrito por Carlos Miguélez Monroy
Viernes, 18 de Septiembre de 2015 11:24

Contra el olvido de las personas con Alzheimer
Casi 50 millones de personas en el mundo malviven con alguna forma de demencia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Para 2030, ese número podría rebasar los 100 millones y, para 2050, los 150 millones.
Una de las peores manifestaciones de la demencia es el Alzheimer, la enfermedad neurodegenerativa que provoca la pérdida de memoria no sólo en el plano de los recuerdos y de la mente, sino también en el orgánico. Una persona con Alzheimer puede comer cinco minutos después de haber ingerido una comida copiosa. Semejantes desajustes de esta enfermedad provocan irritabilidad, soledad y distanciamiento de familiares, amigos y seres queridos. Del mundo.
Se pensaba que la mayor parte de las personas con esta enfermedad vivían en países ricos, pero la OMS advierte de que más de la mitad viven en países con ingresos medios y en países empobrecidos, donde hay incluso menos recursos para paliar los efectos de una enfermedad que le quita vida tanto a quienes la padecen como a los familiares y a los cuidadores profesionales.
Los avances médicos incrementan la esperanza de vida. Pero el envejecimiento por esos progresos aumenta las probabilidades de padecer esta enfermedad degenerativa para la que no se ha descubierto tratamiento ni cura.
Australia, Dinamarca, Reino Unido, Finlandia, Francia, Corea del Sur, Holanda, Noruega, Irlanda del Norte y Estados Unidos cuentan desde hace años con planes nacionales para sensibilizar a la población sobre el Alzheimer y otras formas de demencia. También dedican recursos para identificar los servicios de apoyo necesarios para cada etapa de la enfermedad, contabilizar los casos, mejorar la atención médica a los afectados y ofrecer un diagnóstico lo más temprano posible.
La OMS centra gran parte de sus recomendaciones a los países en desarrollar iniciativas para luchar contra el estigma que sufren quienes padecen alguna forma de demencia. La falta de información y de comprensión sobre estas enfermedades fomenta el aislamiento del enfermo y de sus cuidadores. Esto retrasa la búsqueda de un diagnóstico y de apoyo sociosanitario. Por otro lado, urge una formación integral para un creciente número de cuidadores, especialistas y médicos para hacer frente al incremento de la población que sufre estos males.
Los planes nacionales abordan la necesidad de dar apoyo de los cuidadores, que en la mayoría de los casos son familiares de la persona con demencia. Estos “cuidadores informales” padecen con frecuencia ansiedad, depresión y otros problemas mentales y de salud física por cargar en sus espaldas una responsabilidad para la que nadie los preparó. Las dificultades que esto conlleva se suman a sus propios problemas diarios: trabajar, pagar el alquiler, hacer la compra, llevar a los hijos al colegio.
La falta de apoyos provoca una dedicación exclusiva a la persona enferma, lo que produce el aislamiento social de los cuidadores. Dejan de tener tiempo para ellos mismos y para otros seres queridos y amigos, lo que genera frustración e impotencia. Además les cuesta sobreponerse a las miradas perdidas, a los olvidos de nombres y de caras, a los repentinos retraimientos hacia otro mundo, con una tristeza dibujada en el rostro.
Cuando no se distribuye de forma equitativa entre los familiares el cuidado del enfermo se producen tensiones y conflictos acompañados de ira. Se remueven viejos rencores y surgen “cuentas pendientes”. Todos esos “sentimientos negativos”, las cosas que se piensan, dicen o sienten en momentos de mayor estrés conducen luego a sentimientos de culpa que desgastan la autoestima y ponen en peligro la estabilidad de la persona. A una persona que pierde estabilidad le resultará más difícil hacerse cargo de los demás cuando su propia estabilidad se resquebraja.
La puesta en marcha de iniciativas coordinadas redundará en una mejora en la calidad de vida de los cuidadores. Ese bienestar favorece los cuidados, la responsabilidad compartida entre los familiares, la búsqueda de apoyo y la apertura a los demás. Cualquiera puede acabar en una situación semejante
Distintas sociedades han conseguido dar años a la vida. Pero conviene no olvidar que ha llegado el momento de promover iniciativas para llenar de vida a los años. Hablar del Alzheimer y de la demencia supone un avance pequeño, pero fundamental.
Carlos Miguélez Monroy
Periodista y editor en el Centro de Colaboraciones Solidarias
Twitter: @cmiguelez

altCasi 50 millones de personas en el mundo malviven con alguna forma de demencia, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 
La intuición y nuestro otro cerebro
Escrito por Camila Serna
Jueves, 17 de Septiembre de 2015 06:00

La intuición y nuestro otro cerebro
Por: Camila Serna
Publicado en: Diseñando una nueva vía
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¿Sabias que tienes dos cerebros? El primero recibe mucha atención y estudio, esta en tu cabeza y lo protegemos diligentemente para que cumpla sus funciones como es debido. El segundo se llama el Sistema Nervioso Entérico, y se encuentra en tus intestinos. ¿Por qué le llamamos cerebro? Porque es un sistema autónomo que funciona con millones de neuronas que regulan el funcionamiento de los intestinos. Esta compleja red de neuronas regula los movimientos peristálticos, las secreciones biliares, pancreáticas, hormonales y enzimáticas, e inclusive se considera que tiene la capacidad de aprender y recordar. En el aparato digestivo tenemos el 80% del sistema inmune porque es uno de los pocos lugares donde el mundo exterior entra en contacto con el mundo interior de tu cuerpo. Adicional al tubo digestivo, solo la piel y los pulmones tienen contacto con el ambiente externo. En estos portales, nuestro cuerpo protege su sistema con diligencia, sobretodo en el tracto intestinal, por donde entran patógenos de todos los estilos a través de la comida que consumes.
Considero esta información relevante porque si no empezamos a cuidar nuestro aparato digestivo, nuestra salud se verá comprometida de una u otra forma. La medicina funcional vincula la salud de los intestinos con enfermedades como las autoinmunes, el cáncer, la depresión, las alergias, la fatiga e incontables más.
Adicionalmente, podemos confiar en los antiguos dichos que relacionan la intuición con las tripas, por algo en común esa frase en ingles que dice, “gut feeling”. En las palabras del doctor funcional, Alejandro Junger:
“Tu cuerpo tiene dos cerebros: uno en tu cabeza y otro en tus intestinos. Cuando tienes un pensamiento, pequeñas chispas de electricidad tienen lugar dentro de las neuronas en tu cabeza. El cerebro de tu cabeza es el hardware para tus pensamientos. Pero cuando experimentas un “gut feeling”o intuición, las pequeñas chispas de electricidad tienen lugar en las neuronas de tu segundo cerebro. Mientras tu primer cerebro cumple su función como tu hardware intelectual, tu segundo cerebro-tus intestinos-son tu GPS espiritual y emocional. Sin él, estas perdido.”
@camilasernah
Institute for Integrative Nutrition
Fuente: El Tiempo http://blogs.eltiempo.com/disenando-una-nueva-via/2015/09/10/la-intuicion-y-nuestro-otro-cerebro/

alt¿Sabias que tienes dos cerebros? El primero recibe mucha atención y estudio, esta en tu cabeza y lo protegemos diligentemente para que cumpla sus funciones como es debido.

 
Otra manera de sentir
Escrito por Javier González Sánchez
Viernes, 26 de Junio de 2015 06:52

Otra manera de sentir
Con 24 años, Laura García trabaja como abogada y nació con una particularidad que afecta a solo el 1% de la población mundial: tiene sinestesia, una facultad muy poco conocida que consiste en la activación simultánea de los sentidos. A la vez que se activa el sentido de la vista lo hace también el gusto, o el oído. De esta manera los sinestésicos pueden `ver` el sonido en colores, `oír` el sabor de los alimentos, o asociar emociones a colores de forma automática. Este último es el caso de Andrea, un tipo de sinestesia que se conoce como grafema en color.
Su cerebro relaciona a cada persona, nada más conocerla, con un color y con la sensación que este le transmite. “Es una cosa integrada en mí que no me paro a pensar”. A la hora de conocer a alguien establece una conexión instantánea entre la sensación que le transmite esta persona: bondad, seriedad, tristeza… y el color que por defecto tiene esa característica para ella. De esta manera siempre que vuelva a ver a esta persona `sentirá` este color.
Según un estudio de la Universidad de Macmaster, en Canadá; realizado por la doctora Daphne Maurer, todos los niños menores de cuatro años presentan cualidades sinestésicas. A esta edad el cerebro aún no ha terminado de especializar las distintas áreas del cerebro que controlan los sentidos. En el caso de los sinestésicos esta asociación no se realiza por completo o no se llega a producir.
A pesar de que la sinestesia no se trata a de una enfermedad a muchos sinestésicos les supone algunos problemas en su día a día. A la hora de realizar operaciones matemáticas o grandes lecturas las palabras y los colores se les combinan y les dificultan la concentración. En cambio, otros aprovechan su particularidad para desarrollar reglas nemotécnicas asociadas a los colores que sienten en las palabras o para pintar cuadros a través de los colores que ven en la música.
Para esta joven abogada es muy difícil definir su tipo de sinestesia porque nunca pensó que fuera algo que había que explicar. Reconoce que la mayoría de la gente a la que intentar contar su forma de ver el mundo no lo entiende. Cree que el resto de personas no puede percibir las relaciones de una forma tan intensa como ella y por tanto es difícil hacerles entender algo tan emocional como esto. Afirma que este puede ser el único problema que le cause su sinestesia, el exceso de emoción. Puede vivir una amistad de una manera mucho más intensa si percibe un color en esa persona que le resulte muy agradable, aunque solo haya hablado con ella un par de veces.
Laura reconoce que su sinestesia la limita hasta cierto punto a la hora de conocer gente. Al sentirlas en un primer momento de un color desagradable de forma instintiva intentará alejarse de esa persona “Es muy difícil que, intentando evitar el contacto con personas del color del odio mi percepción sobre ellas llegue a cambiar, ya que nunca haré por conocerlas a fondo y las trataré lo mínimo imprescindible”. Existen casos en los que no puede asignar un color claro en el primer momento, lo que ella define como un color “en tierra de nadie” o de “desconfianza”. Con este tipo de personas el color se define poco a poco conforme las conoce y el contacto con ellas se acentúa.
Hasta hace unos pocos años Laura no sabía que era sinestésica. Para ella era normal entender el mundo a través de colores y  sensaciones, creía que todas las personas lo veían así. Un día su hermana le enseñó un episodio del programa Redes en el que hablaban sobre la sinestesia. “Cuando vi el programa me quedé en shock. No terminaba de entender cómo era posible que la vida no fuera así, porque jamás me hubiera parado a pensar que fuera de otra manera”.
La sinestesia es una particularidad muy difícil de explicar y de detectar. Para la mayoría de los sinestésicos su forma de entender el entorno que les rodea es la correcta y piensan que el resto de las personas lo ven de esta manera. Descubrir que son diferentes, especiales… que la nota musical do no es de color rojo para todos o que la tristeza no es de color azul supone un golpe muy duro para la mayoría.
Javier González Sánchez
Periodista

altCon 24 años, Laura García trabaja como abogada y nació con una particularidad que afecta a solo el 1% de la población mundial: tiene sinestesia,

 
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