Salud y Bienestar
Todo influye
Escrito por Hugo Muñoz Arévalo
Viernes, 20 de Mayo de 2016 06:21

altDurante 75 años, la Universidad de Harvard llevó a cabo el Estudio de Desarrollo de Adultos. Este estudio se extendió tanto porque los investigadores

 
Incompetencia sin límites
Escrito por Marino J. González | @marinojgonzalez
Jueves, 19 de Mayo de 2016 06:15

altYa avanzado el Siglo XXI es inaceptable que no estén disponibles para todas las personas las tecnologías más sencillas.

 
Optimismo para la salud
Escrito por Marina Ortiz Mingot
Sábado, 14 de Mayo de 2016 00:54

altLas personas que son optimistas viven un 19% más que los pesimistas según concluyó un estudio de la clínica Mayo de Nueva York

 
Salud en picada
Escrito por Marino J. González | @marinojgonzalez
Viernes, 13 de Mayo de 2016 00:30

altEl deterioro de las condiciones sociales es marcado y sistemático. No puede ser de otra manera. Una economía en el tercer año seguido de recesión, con la inflación más alta del mundo por cuarto año en fila,

 
Al encuentro del yo
Escrito por Alfonso Echávarri Gorricho
Domingo, 13 de Marzo de 2016 07:32

Al encuentro del yo
¿Quién soy yo? Lo primero que me sale es dar todo tipo de detalles sobre lo que hago, el lugar dónde he nacido y, si me apuran, hablaré también de mis aficiones y hasta de mi equipo de fútbol del alma. Si quien ha realizado la pregunta no se queda conforme, pondré una de mis caras interesantes y diré: “bueeeeeno…lo que soy es una persona que esto y lo otro”. Y ahí es donde me doy cuenta de que mi respuesta es más fruto de la improvisación del momento que de una convicción interiorizada.
Tengo un conjunto de ideas, opiniones y percepciones acerca de una serie de características que reconozco en mi propia persona. Si soy generoso o un tacaño del quince. Si se puede confiar en mí. Si me enfado con facilidad o Job a mi lado era un aficionado. Si tengo habilidades de relación, iniciativas y destrezas o lo mío es la contemplación de las olas del mar.
A las características que yo pienso que me definen Burns las llama el “Autoconcepto”.  Este no entiende de la verdad o falsedad de los aspectos que me atribuyo a mí mismo. Puedo pensar que soy más duro que esos turrones por Navidad y, sin embargo, naufragar estrepitosamente en la mirada de un anciano. Y lo que yo pensaba sobre mí se viene abajo y me descoloca. El pensamiento tiene mucha fuerza y puede llegar a convencer a la persona, a través de un razonamiento contaminado, de que su yo sea de una manera o de otra en función de la situación.
Asimismo, las personas pueden descubrir a lo largo de su vida otra serie de atributos que pensaban que no poseían. Por ello, el yo explicado desde el pensamiento se queda corto. Para llegar al siguiente nivel, nos debemos plantear qué es lo que sentimos cuando pensamos lo que pensamos de nosotros mismos.
Las emociones y lo sentimientos no lo son todo. Podemos caer en la tentación de pensar que nuestro yo profundo está al otro extremo de la razón, junto al ser humano que siente. Y no sé si en el medio estará la virtud, pero sí que sé que no está en los polos.
Una persona no sólo es “auténtica” por la cantidad y calidad de emociones que tenga, también ha de usar la razón. Si no, se regirá por la tercera ley de Newton sobre la acción y la reacción. Sucede esto, siento esto. Me pasa aquello, siento aquello.  Y así, saldrá todos los días en una búsqueda sin fin de ese yo profundo, a intentar negociar el balanceo de un inmenso mar de emociones como un barco sin giroscopio.
No obstante, ante la acción el ser humano tiene la capacidad de responder, que no es lo mismo que reaccionar. La respuesta tiene su origen en la libertad y en la voluntad, la reacción en el automatismo. Un animal reacciona, el ser humano responde.
“Cada persona es el artífice de su propio destino”. Las personas manifiestan el yo a través de la conducta, que está condicionada por lo que pensamos y sentimos. Cuando no aceptamos dicho condicionamiento surgen las etiquetas que asignamos, nos asignan y en ocasiones nos colgamos.
Coherencia entre el pensar, el sentir y el actuar. Ahí está la clave para acceder al yo profundo. Pero no es suficiente. Porque Pol Pot, Idi Amin o Hitler  también eran personas “coherentes”. Sólo cuando esta esté inspirada en el bien, para uno mismo y para los demás, el ser humano no sólo estará capacitado para descubrir su yo profundo, sino que además podrá construirlo y cuidarlo.
Alfonso Echávarri Gorricho
Psicólogo, Teléfono de la Esperanza

alt¿Quién soy yo? Lo primero que me sale es dar todo tipo de detalles sobre lo que hago, el lugar dónde he nacido y, si me apuran, hablaré

 
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