Salud y Bienestar
Incompetencia sin límites
Escrito por Marino J. González | @marinojgonzalez
Jueves, 19 de Mayo de 2016 06:15

altYa avanzado el Siglo XXI es inaceptable que no estén disponibles para todas las personas las tecnologías más sencillas.

 
Optimismo para la salud
Escrito por Marina Ortiz Mingot
Sábado, 14 de Mayo de 2016 00:54

altLas personas que son optimistas viven un 19% más que los pesimistas según concluyó un estudio de la clínica Mayo de Nueva York

 
Salud en picada
Escrito por Marino J. González | @marinojgonzalez
Viernes, 13 de Mayo de 2016 00:30

altEl deterioro de las condiciones sociales es marcado y sistemático. No puede ser de otra manera. Una economía en el tercer año seguido de recesión, con la inflación más alta del mundo por cuarto año en fila,

 
Al encuentro del yo
Escrito por Alfonso Echávarri Gorricho
Domingo, 13 de Marzo de 2016 07:32

Al encuentro del yo
¿Quién soy yo? Lo primero que me sale es dar todo tipo de detalles sobre lo que hago, el lugar dónde he nacido y, si me apuran, hablaré también de mis aficiones y hasta de mi equipo de fútbol del alma. Si quien ha realizado la pregunta no se queda conforme, pondré una de mis caras interesantes y diré: “bueeeeeno…lo que soy es una persona que esto y lo otro”. Y ahí es donde me doy cuenta de que mi respuesta es más fruto de la improvisación del momento que de una convicción interiorizada.
Tengo un conjunto de ideas, opiniones y percepciones acerca de una serie de características que reconozco en mi propia persona. Si soy generoso o un tacaño del quince. Si se puede confiar en mí. Si me enfado con facilidad o Job a mi lado era un aficionado. Si tengo habilidades de relación, iniciativas y destrezas o lo mío es la contemplación de las olas del mar.
A las características que yo pienso que me definen Burns las llama el “Autoconcepto”.  Este no entiende de la verdad o falsedad de los aspectos que me atribuyo a mí mismo. Puedo pensar que soy más duro que esos turrones por Navidad y, sin embargo, naufragar estrepitosamente en la mirada de un anciano. Y lo que yo pensaba sobre mí se viene abajo y me descoloca. El pensamiento tiene mucha fuerza y puede llegar a convencer a la persona, a través de un razonamiento contaminado, de que su yo sea de una manera o de otra en función de la situación.
Asimismo, las personas pueden descubrir a lo largo de su vida otra serie de atributos que pensaban que no poseían. Por ello, el yo explicado desde el pensamiento se queda corto. Para llegar al siguiente nivel, nos debemos plantear qué es lo que sentimos cuando pensamos lo que pensamos de nosotros mismos.
Las emociones y lo sentimientos no lo son todo. Podemos caer en la tentación de pensar que nuestro yo profundo está al otro extremo de la razón, junto al ser humano que siente. Y no sé si en el medio estará la virtud, pero sí que sé que no está en los polos.
Una persona no sólo es “auténtica” por la cantidad y calidad de emociones que tenga, también ha de usar la razón. Si no, se regirá por la tercera ley de Newton sobre la acción y la reacción. Sucede esto, siento esto. Me pasa aquello, siento aquello.  Y así, saldrá todos los días en una búsqueda sin fin de ese yo profundo, a intentar negociar el balanceo de un inmenso mar de emociones como un barco sin giroscopio.
No obstante, ante la acción el ser humano tiene la capacidad de responder, que no es lo mismo que reaccionar. La respuesta tiene su origen en la libertad y en la voluntad, la reacción en el automatismo. Un animal reacciona, el ser humano responde.
“Cada persona es el artífice de su propio destino”. Las personas manifiestan el yo a través de la conducta, que está condicionada por lo que pensamos y sentimos. Cuando no aceptamos dicho condicionamiento surgen las etiquetas que asignamos, nos asignan y en ocasiones nos colgamos.
Coherencia entre el pensar, el sentir y el actuar. Ahí está la clave para acceder al yo profundo. Pero no es suficiente. Porque Pol Pot, Idi Amin o Hitler  también eran personas “coherentes”. Sólo cuando esta esté inspirada en el bien, para uno mismo y para los demás, el ser humano no sólo estará capacitado para descubrir su yo profundo, sino que además podrá construirlo y cuidarlo.
Alfonso Echávarri Gorricho
Psicólogo, Teléfono de la Esperanza

alt¿Quién soy yo? Lo primero que me sale es dar todo tipo de detalles sobre lo que hago, el lugar dónde he nacido y, si me apuran, hablaré

 
Usar sombreros y lentes oscuros: moda para la protección solar
Escrito por Dra. Carmen Beltrán
Martes, 08 de Marzo de 2016 01:05

USAR SOMBREROS Y LENTES OSCUROS:
MODA PARA LA PROTECCIÓN SOLAR
Cuando vemos en las revistas de moda a personas usando sombreros, pañuelo, foulards y lentes de sol, las vinculamos con la realeza o el espectáculo y la alta sociedad. Pero, si viéramos a alguien de nuestro entorno o a nosotros mismos usando este tipo de accesorios, excepto los lentes, lo tildaríamos de extravagante y hasta ridículo, ya que no son propios de nuestra cultura. Ahora, ¿será realmente una extravagancia o somos nosotros los equivocados?
En la actualidad de nuestro país, donde lo único que abunda es la escasez, el uso de protectores solares de tipo químico (cremas, geles, spray) es cada vez más difícil, justo cuando son más necesarios por las colas al aire libre que debemos sortear día a día. Como consecuencia, la exposición prolongada a la radiación ultravioleta va dejando huellas en nuestra piel y ojos –no exactamente un lindo bronceado-, muy cerca de ser lesiones pre-malignas y malignas que atentan contra nuestra salud.  Con una premisa como ésta, el camino a seguir es la búsqueda de mecanismos de protección solar de tipo físico que si bien no logran el efecto de pantalla total por sí solos, mitigan los daños que pudieran aparecer.
Nos estamos refiriendo a accesorios del vestuario que han soportado los avatares de la historia de la humanidad y aún persisten adaptados a los patrones de la moda, con la finalidad de convertirlos en objetos versátiles, útiles para la salud y para nuestra buena imagen. Revisemos un poco de la historia de cada uno de ellos.
SOMBREROS: datan desde los egipcios, quienes lo usaban como elemento de adorno y jerarquía. Los griegos lo utilizaron para protegerse del sol, viento y lluvia y también, según el modelo usado, servía para señalar a los esclavos. En la Edad Media los campesinos que trabajaban la tierra lo empleaban para protegerse del sol, pero también empezó a utilizarlo la aristocracia como símbolo de distinción. Continuó su camino siendo adaptado a las modas de cada época hasta que a inicios del siglo XX, Cocó Chanel lo convierte en un accesorio de glamour para las mujeres. En la actualidad son utilizados con frecuencia en países donde predominan las tendencias de moda (Europa) y en las islas del Caribe, así como en Asia. Siempre con doble propósito: estético y protector. Para los hombres, tenemos igualmente la opción del sombrero, así como de la gorra con visera, tipo beisbolista, que actualmente se consigue con llamativos colores y estampados, pero que
ofrece una protección limitada al cabello y cuero cabelludo, tercio superior del rostro y
ojos.
LENTES DE SOL: Los primeros lentes para protegernos del sol se remontan a hace 12.000 años aproximadamente, creados por los esquimales para evitar la ceguera que producía el reflejo de los rayos UV sobre la nieve. Los mismos eran fabricados con trozos de madera a los cuales les hacían una abertura pequeña por donde podían ver pero disminuía el campo visual. No es sino hasta inicios de la 1ra guerra mundial, cuando los pilotos de la base aérea de USA piden al gobierno que les fabriquen algo que los protegiera del sol en las alturas, ya que les generaba mareos, vértigos y hasta accidentes mortales. Es así como se crean los famosos Ray-Ban Aviator, dando estatus y signo de fuerza a quienes los usaban, por lo que se popularizaron y dieron una herramienta de trabajo a los diseñadores de moda para incluirlos en su catálogo de productos. En la actualidad, los lentes de sol son de los artículos que se mantienen en el top de la moda, pero no así de la protección ocular. Esto es debido a la venta indiscriminada de productos baratos y calidad dudosa que lejos de proteger, producen daños a la vista a corto y largo plazo.
FOULARD O PAÑUELO: son accesorios que nos han acompañado desde los inicios de la historia de la humanidad, con diversos fines. En muchas épocas se utilizó para evitar dejar al descubierto áreas corporales que eran consideradas prohibidas a la vista de los otros. En algunas culturas de países árabes se mantiene este uso. Lo cierto es que también es considerado un elemento de protección solar, viento y frío para el rostro, el cuello, escote y hombros. También fue popularizado como un signo de glamour por famosas como Jacqueline Kennedy-Onassis, la princesa Grace de Mónaco y la mismísima Marilyn Monroe, a quienes las empresas de diseño de modas usaron como sus musas para disparar las ventas de estos artículos. En la actualidad encontramos un sinfín de texturas, tamaños, modelos y diseños, tanto para mujeres como para hombres.
Es evidente que todos estos accesorios, incluyendo la sombrilla o paraguas, tuvieron un inicio funcional y posteriormente, con la finalidad de perpetuar su uso y hacerlo más cómodo, cobró importancia su componente decorativo. Lamentablemente se conoce su uso ornamental, dejando de lado los beneficios que puede aportar a nuestra salud.
Entendiendo que vivimos en un país que goza de un eterno verano, aún en épocas de lluvia, con una incidencia de rayos ultravioleta (UV) casi perpendiculares todos los días, y que la protección ante los daños solares debe realizarse de manera química y física conjuntamente, pero que actualmente existe una gran dificultad de acceder a  cremas con Factores de Protección solar (FPS) altos, invito al lector y lectora a utilizar el doble beneficio de cuidar nuestra salud y vernos bien, que ofrecen los medios físicos de protección solar: el sombrero, la gorra, los lentes de sol, el foulard y la sombrilla. A la vez podemos aprovechar la oportunidad y apoyamos a algunos diseñadores venezolanos que ofrecen estas opciones. En mis redes sociales les iré comentando sobre esta idea. Busquemos soluciones a nuestros problemas y no problemas a nuestras soluciones.

altCuando vemos en las revistas de moda a personas usando sombreros, pañuelo, foulards y lentes de sol, las vinculamos con la realeza o el espectáculo

 
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