El negocio de la mente
Escrito por Raúl González García   
Jueves, 27 de Octubre de 2016 05:36

alt“El mindfulness no es una técnica de meditación ni un entrenamiento. Es una cualidad de la mente que todos poseemos y que consiste en estar atento al momento presente,

tanto en lo que acontece dentro de mí como en lo que ocurre fuera de nosotros mismos”. Así es como lo define Luis López González, director del Máster en Relajación, Meditación y Mindfulness.

No obstante, aunque es una cualidad que todos podemos disfrutar y aunque lleva ejercitándose desde hace más de 2.500 años, en los últimos meses se ha visto más expuesta como consecuencia del ritmo frenético de vida actual, lo que ha propiciado que se convierta en una moda que genera mucho dinero.

“Mi madre no hacía meditación, pero si le hubieran medido su nivel de mindfulness, estoy convencido de que hubiera sido muy alto. ¿Qué quiero decir con esto? Que del mismo modo que hoy buscamos mayoritariamente desarrollar la atención plena por este medio, mi madre y muchas otras personas obtienen de la vida y sus acontecimientos una pedagogía de aceptación profunda del momento presente, lo cual no es otra cosa que lo que llamamos mindfulness”, sostiene López González en declaraciones a El País.

El mundo occidental se ha apropiado de esta práctica y la ha desarrollado a su conveniencia, alejándose en parte de la idea milenaria que nace en el budismo, y antes en la tradición hindú. Cada vez son más los talleres, libros y guías que se venden y promocionan en torno al mindfulness y “el crecimiento del número de publicaciones científicas sobre este asunto ha sido espectacular, pasando de cuatro artículos en el año 2000 a alrededor de 500 en 2015”, según Ana Arrabé, experta del tema.

Como consecuencia de una idea mal transmitida los resultados que pudiera ofrecer el mindfulness no son siempre los deseados. Son muchos los doctores que aseguran que no se debería vender la idea de manera tan masiva, ya que esto no es recomendable para todas las personas. Advierten incluso que para algunos, por determinadas enfermedades mentales u otras circunstancias, solo traería consigo consecuencias negativas.

“Un instructor incapaz de detectar o tratar una patología dormida podría despertar los efectos adversos de la meditación. Por eso, es fundamental saber en manos de quién estamos ya que si son las erróneas es posible caer en el aislamiento o crear una relación de dependencia patológica”, advierte la psicóloga Marta Campos Ruano en El País. “En ocasiones, hay personas estresadas o deprimidas que dejan su tratamiento y se centran en exclusiva en la meditación, lo cual puede resultar, cuando menos, arriesgado”.

Por otra parte, y no la menos importante, está el precio de estos cursos y retiros que sólo están al alcance de profesionales de la medicina, psiquiatría, psicología, oncología, cuidados paliativos, ayuda en enfermedades incurables o terminales, en el control mental y aceptación en lo posible del dolor que tienen un determinado nivel de ingresos. Muchos profesionales jubilados no podrían asumirlos

Es evidente y causa de no pocos comentarios negativos la deriva crematística y dirigida a especialistas para “curar” a otros pacientes del mindfulness. Para un retiro de 4 días, sólo de matrícula 395 E y las tarifas de alojamiento y pensión van desde 348 E a 252E, uno 600 E, más el transporte hasta un centro en el sur de España. No creemos que sea algo asequible para estudiantes, universitarios, profesionales sanitarios y en general para personas que trabajan con un sueldo normalito… y no digamos para esos tres millones de españoles que tienen que subsistir con 300 E al mes, y cientos de miles… de la generosidad y esfuerzo de organizaciones de la sociedad civil. Se nos antoja y tememos que no fuera esta la intención y ejemplo de Sidharta Gautama, el Buda Sakyamuni. Y quizás lo más llamativo desde nuestra óptica universitaria, es que la convocatoria de ese curso de 4 días se haga desde instalaciones en el campus de la Universidad Complutense pero sin el control de sus autoridades académicas.

El viaje al interior de uno mismo es una experiencia única y enriquecedora, y aunque pueda ser otro quien te ayude a llevar el timón, es importante saber en qué barco se navega.

|*|: Periodista | CCS


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