El monopolio no ejercido
Escrito por Guillermo Martín | @guimarcastel   
Martes, 18 de Abril de 2017 06:35

altCuando el régimen se vuelve autoritario, el estamento militar deviene en la guardia pretoriana de la camarilla gobernante

 

1.- El ejército y la economía

Del clásico “Economía” de Paul Samuelson, conviene recordar los conceptos de bien público y frontera de posibilidades de producción, pues sus ejemplos tienen que ver con el estamento armado. En primer lugar, Samuelson definió los bienes públicos como “aquellos cuyos beneficios se extienden de manera indivisible a toda la comunidad, independientemente de que los individuos deseen o no comprarlos… Para suministrar eficientemente bienes públicos suele ser necesaria la intervención del Estado…” Como ejemplo emblemático de bien público, el recordado economista propuso la defensa nacional; es decir, el ejército nacional se despliega para defender todo el territorio del país y a todos sus habitantes, no a dos ni tres individuos, sino a millones de personas (contribuyentes o no).

En segundo lugar, la frontera de posibilidades de producción es un gráfico que muestra el menú de bienes que puede producir una economía. Samuelson usó un modelo sencillo de dos bienes: cañones y mantequilla; las combinaciones de ambos productos que ilustra la frontera son eficientes, ya que se emplea óptimamente los recursos disponibles; producir fuera de la frontera es inviable y por debajo, ineficiente. Entonces debe decidirse cuánta mantequilla y cuántos cañones se producirá en un país: A mayor mantequilla, menos cañones y viceversa.

Adolfo Meisel Roca (El Espectador, 10-12-2010), en su artículo “¿Cañones o mantequilla?”, recordaba los orígenes del citado ejemplo:

“Los dos bienes que usó Samuelson para explicar el costo de oportunidad y la frontera de posibilidades de producción no eran aleatorios. Uno de ellos se refiere a la producción para fines militares y el otro a la producción para usos civiles. Aunque Samuelson no explicó el origen de ese ejemplo, los historiadores saben que hace referencia al discurso pronunciado por Herman Goering en 1936 en el cual le preguntó a una audiencia a la cual había arengado sobre la supuesta carrera armamentista de sus vecinos: ¿Quieren cañones o mantequilla?”

Más allá de lo que opinara el pueblo alemán, el régimen nazi optó por el armamentismo y la II Guerra Mundial. En pocos años, del III Reich se pasó a la “Guerra Fría” y las dos Alemanias.

Volviendo a Samuelson, aunque la defensa nacional –considerada bien público- requiere cañones, la producción de éstos sí es divisible y consume recursos limitados. Como el presupuesto es finito, hay que escoger cuántos cañones requiere el ejército para garantizar la defensa de la nación –y cuántos podría exportar, si fuese el caso, para generar divisas e importar comida.

Cuando estalla una guerra, aumenta exponencialmente la demanda de cañones, bazucas y fusiles; en el supuesto que la economía se halle estatizada, será el gobierno quien decida efectivamente cuánto se destinará en producir armamento y cuánto se invertirá en comida. Eso sí, lo que nunca imaginó Samuelson fue a generales comprando tractores u oficiales vendiendo productos agropecuarios.

 

2.- Un monopolio natural y legal

Pese a que la provisión de la defensa nacional genera economías de escala, lo cual por sí mismo sería argumento para que el Estado la reservase como monopolio natural, Max Weber en “Economía y sociedad” definió al Estado como el instituto político caracterizado por ejercer el monopolio de la violencia legítima.

No en balde el constitucionalismo establece que el uso de armas de guerra debe ser materia exclusiva de las Fuerzas Armadas. Un Estado reconocido está facultado para garantizar el orden público mediante el recurso excepcional de la coerción.

Sólo en situaciones extremas, como amenaza de guerra, puede optarse por el arsenal militar. En ausencia de ejército nacional, con múltiples facciones armadas, no puede haber Estado. De allí el peligro de que proliferen grupos paramilitares y guerrilleros.

 

3.- Los dos escenarios

En una democracia, hay libertad de expresión y las elecciones –con voto universal, directo y secreto- son competitivas; es decir, existe la posibilidad real de alternancia. Dado esto, las Fuerzas Armadas –me refiero al Estado Mayor Conjunto, con cuatro comandantes, uno por cada arma  y subordinación al poder civil- están para proteger a todos los ciudadanos.

Cuando el régimen se vuelve autoritario, el estamento militar deviene en la guardia pretoriana de la camarilla gobernante. Más que subordinación al poder civil, se trata de ejercer un control personal sobre las Fuerzas Armadas; por eso se tiende a adoptar el modelo de Estado Mayor General donde las cuatro armas dependen de un líder, diluyendo la cadena de mando (especialmente cuando hay cientos de generales sin tropa). Como las Fuerzas Armadas se politizan, se mina su profesionalismo y pierden el sentido de defensa nacional. Peor aún es cuando ni siquiera ejercen el monopolio del armamento bélico, sino que éste es distribuido –sin control- a hordas partidistas.

Entonces de bien público, las Fuerzas Armadas no profesionales se convierten en mal público, ya que su accionar irresponsable puede causar muchísimo daño a todos. Ni hablar de los grupos irregulares que constituirían focos anárquicos.

 

4.- Metralla y migajas

En febrero de 2014, Génesis Carmona fue víctima de una bala perdida tras el “contraataque fulminante” que habría ordenado vía Twitter el gobernador de Carabobo, Francisco Ameliach. Dicho orden coincidió con el despliegue de “colectivos” con la aparente complicidad de la Guardia Nacional. Pero no fue un episodio aislado, hace siete meses ocurrió lo propio en el centro de Maracay, incluyendo el asesinato del dueño de una cauchera y su hija, cuando el gobernador era el actual vicepresidente ejecutivo. Ahora la cooperación Guardia Nacional y “colectivos” fue ratificada por el comandante de la Zona Operativa de Defensa Integral en Lara y allí van tres asesinatos…

Mientras que la población apenas sobrevive, con poca comida y medicamentos, el presidente amenaza con aumentar la Milicia a 500 mil individuos, cada uno con su fusil (y pensar que dejaron pudrir cientos de toneladas de víveres en puertos y almacenes). A su vez, el ministro de la Defensa ratifica que la Fuerza Armada Nacional –Estado Mayor General- sólo defiende a la camarilla y el diputado Diosdado Cabello anuncia el despliegue de 60 mil motorizados previo a la movilización opositora del 19 de abril.

Estos irresponsables gritan consignas de guerra contra “presuntos traidores a la patria” –porque la patria se reduciría a sus clanes- y cabe preguntar si las denuncias de “Control Ciudadano”, reproducidas en un reportaje del diario “ABC” de España (04-04-2017), son ciertas. De serlo, el gobierno habría adquirido de Cuba nada menos que 150 mil fusiles y 400 mil minas personales, así como 5 mil misiles portátiles de Rusia. Y pensar que Cabello, tal como lo hizo Hugo Chávez, manipuló una bazuca incautada en Maracay dizque a grupos de extrema derecha, ¡como si la evidencia policial se exhibiera en programas televisivos y mucho menos por alguien ajeno a los órganos policiales!.. Lo que no deja dudas es que hay bazucas y fusiles, cuántos son, dónde están, quiénes los tienen y cuándo serán usados son otras interrogantes obligadas.

 

 


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