Las cadenas de la revolución
Escrito por Víctor Vielma Molina   
Miércoles, 22 de Mayo de 2013 00:50

altA 15 años, la cara de la revolución debería ser rozagante de salud, cargada de felicidad y complacida por su capacidad y eficiencia. Y por supuesto, el pueblo satisfecho

y complacido por el bienestar social. Pero ya el pueblo arruga el entrecejo, se lamenta de los malos servicios públicos, la escasez de artículos de primera necesidad y la inflación. En las interminables colas de mercados y supermercados, la gente hasta ahora se queja. Su queja es atrevida e hiriente contra el Gobierno. Se siente que su paciencia se está quebrantando, que comienza a identificar las causas y dónde se encuentra el verdadero problema de esta situación intolerable. Su discurso empieza a hacerse masa y pierde militancia política. Es allí precisamente donde está el peligro. La gente no resiste seguir viviendo en un país así.

Si durante la Cuarta República el pueblo  acudía con tranquilidad y seguridad al negocio de la esquina, al mercado o al supermercado, además de escoger y comprar un producto de entre muchos y de variadas marcas; disfrutaba sin agotarse física ni económicamente, ahora, ¿qué podrá decir? Si en la Quinta República, la revolución le niega ese derecho, le hace perder tiempo en colas, le da un tique para poder comprar -si es que hay- los productos regulados: harina de maíz, aceite, leche, azúcar, pollo, carne de res, crema dental y papel sanitario, entre otros. Y al salir lo marcan con una risible reseña o sello, casi al estilo de las ficciones distópicas de las novelas La rebelión en la granja y 1984, del escritor británico George Orwell.

Y después de este enorme castigo, la gente quiere llegar a su casa para ducharse y descansar, pero encuentra que le suspendieron el servicio de electricidad por dos horas o más. Y para colmo, el servicio de agua también. Ve el rostro avergonzado e indignado de su pareja, que ha sido despedida del trabajo por no militar políticamente en el régimen; oye que su hijo recién egresado como profesional le comenta: “Este tipo de Gobierno no crea oportunidades, las destruye”. Y por último, al llegar la electricidad, enciende la radio o el televisor y escucha que el Presidente de la República dice en cadena presidencial: "¡La revolución te hace feliz!".

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La Verdad


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