Hambre de paquidermo
Escrito por Guillermo Martín | @guimarcastel   
Martes, 28 de Marzo de 2017 00:00

altNo sé qué pensarán ustedes, pero desde niño el mapa de Venezuela siempre me ha parecido la silueta de un elefante con la trompa alzada.

Quizá padezca algún trastorno mental, pero ya cuarentón aún me atrevo a pensar en voz alta, sobre todo cuando leí en las redes sociales los comentarios y fotos de mucha gente preocupada por una elefanta africana –contemporánea mía- llamada Ruperta.

Los visitantes del Zoológico de Caricuao han retransmitido fotografías de algo hasta hace poco impensable: un paquidermo escuálido. Sí, no estoy siendo irónico; para quienes todavía lo ignoraban, escuálido significa flaco, macilento… o desnutrido; nada qué ver con convicciones ideológicas (o confusiones mitológicas). Aclaremos que un elefante africano adulto –sobre todo el macho- tiene un peso que puede ir de cinco a seis toneladas; Ruperta si acaso pesa cuatro; pues requiere consumir una dieta vegetal balanceada de casi 200 kilogramos diarios.

Sin embargo, el abandono de Ruperta no es un caso aislado entre los animales en cautiverio que habitan nuestros zoológicos o instalaciones similares; tampoco es excepcional en cuanto a preocupación de sus visitantes. Recordemos años atrás cómo el Acuario de Valencia vio truncado el intercambio de sus toninas por un pez mandarín de Corea del Sur; amén de la muerte por neumonía de las primeras en 2016 (incluyendo a Zeus, primer ejemplar del mundo nacido en cautiverio), debido a la contaminación del estanque.

Hasta 2012, otra elefanta desnutrida era el símbolo del Zoológico de Maracay. Ella sí tenía un nombre irónico: Lucky. Pese a que murió a los 62 años y se estima que en cautiverio podría haber vivido hasta los 70, nada tenía de sortaria: debiendo pesar más de cuatro toneladas, apenas alcanzaba los 3000 kilogramos. Advirtamos que Pancho, el chimpancé (2009) murió antes que la Gobernación de Aragua, en tiempos de Rafael Isea y cuyo compromiso refrendó el ahora vicepresidente ejecutivo, tomara control administrativo del Zoológico. Tanto la primera paquidermo, la hipopótama Kenia, como Lucky fueron víctimas de la desidia descentralizada.

Antes de escribir estas líneas, leí el comentario de uno de mis amigos con mayor sentido del sarcasmo: “Ruperta somos todos. Es decir, todos pasamos hambre”, así que tuve que drenar tanta indignación e impotencia. Lo grave de esta situación es que se criminalice la protesta y se persiga a la prensa libre, creyendo tapar el sol con un dedo. De cualquier modo, nada debería sorprendernos: que impidan a los visitantes de Ruperta llevarle comida es “normal” en las mismas instalaciones donde hace ocho meses fue descuartizado un caballo salvaje, ¿crimen famélico o “palérico”? También es “normal” que ahora se implore por medicamentos ante instancias internacionales cuando hasta hace poco se vociferaba que no había crisis humanitaria.

Pues sí, parafraseando a mi amigo Luis Enrique: “Ruperta es Venezuela”, esa gente que muere intoxicada comiendo yuca amarga o contrae enfermedades gastrointestinales por comer sobras de las bolsas de basura o beber agua no potable. Venezuela es esa elefanta furibunda que estrangula con su trompa a quienes ve como rivales por comida o territorio, como los pequeños delincuentes que tratan de sobrevivir en nuestras calles y puentes. Como el andar de un paquidermo, lento y pesado, podría ser el proceso de recuperación de nuestro país… Dios nos proteja e ilumine.


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