Luz en tiempo y espacio
Escrito por Antonio José Monagas | @ajmonagas   
Jueves, 09 de Marzo de 2017 00:42

altEl amanecer de cada día, se convierte en nueva oportunidad para poner a prueba mayores posibilidades que la vida bien sabe brindar

toda vez que a través de su esencia puede disfrutarse  un mejor vuelo, siempre en ascenso. También cada amanecer es momento para seguir sorprendiéndose no sólo de cuánta capacidad hay en todo ser humano para emprender renovadas decisiones. Sino además, para admirar la reciedumbre del horizonte cuando el día despierta encumbrado por un Sol cuya luz ocupa todo espacio posible y tiempo en curso. Y con ese ímpetu, cada quien ilumine sus caminos. Y asimismo, encender sus pensamientos, afectos y recuerdos.

Hace treinta años, el noveno día del tercer mes del año, sucedía un despertar con la misma algarabía que regala la naturaleza a través del canto matutino de sus pequeñines alados que ocultan su nido en árboles de exuberante frondosidad. Aquella mañana, la ciudad de Mérida amanecía resplandeciente. No había nube alguna que tapara un rayo de sol lo cual hacía que el cielo despuntara con un azul profundo de hermosa tonalidad. Sin embargo, al interior de la casa que daba cobijo a la naturaleza de José Miguel Monagas, la tristeza embargaba a cada miembro de la familia que bien había sabido construir aquel hombre desde su llegada a Mérida, cuarenta años atrás. Tiempo aquel, cuando en Comisión del Ministerio de Educación, hacía su debut como jefe del programa de alfabetización que para entonces había ordenado el gobierno nacional como parte del plan de reconstrucción social del país.

Fueron largos cuarenta años durante los que José Miguel supo rendirle a Mérida y a Venezuela, su aporte de luz académica desde la Universidad de Los Andes. Pero también, desde las trincheras que las circunstancias políticas le permitieron allanar para que así, desde cada posición magisterial, compartiera y divulgara sus ideas políticas, proyectos educativos e inquietudes humanas entre los tantos amigos que logró conquistar y apuntalar. 

A treinta años de la partida de José Miguel Monagas, quien supo vivir el magisterio de la vida y la militancia de la humildad, su recuerdo ensancha vivencias capaces de valorar el recuerdo sembrado con la hondura que puede crearse desde el amor. Así que al recordar al eximio maestro y hombre grande en bondad y visión, el tiempo se detiene, pues desde su suspensión se hace posible abrir el camino que conduce a su reencuentro en sus libros, opiniones, lecciones, consultas y conversaciones. Sobre todo, en el abrazo que solía entregar en nombre de la amistad, del afecto y del compañerismo. Así que con justa razón, puede decirse que su recuerdo es luz en tiempo y espacio.


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