La piedra que era Cristo
Escrito por Dr. Ángel R. Lombardi | @lombardiboscan   
Jueves, 13 de Abril de 2017 00:00

alt¿Cómo es posible que un hombre bueno y manso, contrario a la maldad entre los hombres, muera precisamente de la forma más atroz? 

Para Valmore

Hace muchos años atrás leí ésta última novela de Miguel Otero Silva (1908-1985), uno de nuestros novelistas fundamentales. Me costó entender como un ateo comunista podía escribir con tanta pasión, admiración y sensibilidad sobre la vida y obra de Jesús. Hoy, creo entender, porqué lo hizo. Desencantado por las experiencias históricas de los llamados socialismos “reales” con URSS a la cabeza; y ya en el ocaso de su existencia, el fundador de El Nacional (1943), encontró, inesperadamente en la vida de Jesús los ideales de una esperanza para la humanidad.

Hablar de Jesús de una forma religiosa sólo es posible desde la fe del creyente. “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve", (Hebreos 11:1). En cambio un apostata como Fernando Vallejo (1942), enfrentado a todos los monoteísmos, no tiene reparos en señalar de Mahoma, el Profeta del Islam, lo siguiente: “Los anzuelos infalibles de Mahoma para pescar secuaces no fueron la bondad, la caridad o la piedad, virtudes ajenas a este perpetrador de infamias”. De Jesús, niega su existencia histórica, con lo cual contraviene al historiador judeo-romano Flavio Josefo (n. 37-38 – Roma, 101) en su libro “Antigüedades judías” en que da noticias del profeta nacido en Belén. Vallejo es lapidario: “Las profecías y milagros de las Sagradas Escrituras son ficciones y en los libros del Antiguo y el Nuevo Testamento hay muchos mitos, siendo el mismo Jesucristo uno de ellos”.

Vallejo realiza su ajuste de cuentas contra la Iglesia Católica desde el más acervo rencor. Algo que contradice Miguel Otero Silva que queda deslumbrado por la premisa: “Dios es Amor” (1 Juan 4:8). Friedrich Nietzsche (1844-1900), otro infame herético, decía que el único cristiano posible que podía cumplir con los preceptos evangélicos era Jesús mismo. En Jesús de Nazareth, alrededor de su calvario y pasión, que le condujo hasta la muerte en la cruz, hay una contradicción: ¿Cómo es posible que un hombre bueno y manso, contrario a la maldad entre los hombres, muera precisamente de la forma más atroz? El cordero de Dios mandado a un sacrificio brutal. ¿Qué padre en sus cabales permite esto?

Como creyente que duda, y considera al misterio como la textura principal de la existencia, todas estas inquietudes carecen de una respuesta racional porque terminan siendo creencias. Aunque lo que impactó a un agnóstico como Miguel Otero Silva fue el proyecto social de emancipación humana reflejada en un programa político/religioso de “armonía universal”; que podríamos señalar como utópico: El Sermón de la Montaña, al cuál se suscribe literalmente.

La resurrección de Cristo viene a representar para el autor su convencimiento de que el criterio de una auténtica fe es la del hombre sufriente. “El ha resucitado y vivirá por siempre en la música del agua, en los colores de las rosas, en la riqueza del niño, en la savia profunda de la humanidad, en la paz de los pueblos, en la rebelión de los oprimidos, sí, en la rebelión de los oprimidos, en el amor sin lagrimas”.

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