El Bolívar derrotado
Escrito por Dr. Ángel R. Lombardi | @lombardiboscan   
Miércoles, 01 de Marzo de 2017 00:00

altEs indudable que el padre del militarismo en Venezuela fue Bolívar (1783-1830). Sí bien no hubo en ese entonces la llamada “carrera militar”

en un sentido de Academia y que los “generales” se hacían en los campos de batalla; el hecho guerrero se constituyó en el lenguaje brutal y “reglamentador” de unos antagonismos demenciales ante la ausencia del orden y sus leyes. El genio militar de Bolívar nadie lo pone en duda; además siendo un citadino perteneciente a la aristocracia mantuana y blanca caraqueña, logró imponer su liderazgo político/militar a la legión de caudillos populares, rurales, analfabetos y provinciales cuya lógica de comportamiento eran las correrías y los saqueos en los límites fronterizos de sus terruños. 

Bolívar fue también nuestro primer “Gendarme Necesario” (Laureano Vallenilla Lanz, 1870-1936), aunque fallido. Su triunfo en la Campaña Admirable (1813) fue mucho menor a lo que consiguió en la Nueva Granada con la batalla de Boyacá (1819). Ambas victorias, (el triunfo no tiene sustituto); logró un consenso alrededor de su autoridad entre sus muy díscolos aliados. Carlos Marx (1818-1883), se refirió a Bolívar como el “Napoleón de las retiradas”, juicio éste extremadamente injusto porque el artífice militar del triunfo final de la Independencia se lo debemos a Bolívar.

No en obstante en 1828, “aliados de Bolívar” como Santander (1792-1840), intentan matarle en el palacio de Bogotá. Páez (1790-1873) se hace amo y señor de Venezuela y se distancia del Libertador. Sucre (1795-1830), el mejor y más competente general bolivariano, el natural sucesor de Bolívar, fue vilmente asesinado en Berruecos (1830). Mientras que la pardocracia exigió el cobro de sus sacrificios en los campos de batalla a través de una anarquía que hace del saqueo su principal programa social. 

El republicanismo de Bolívar terminó siendo una buena intención ilustrada. Sólo la dictadura militar podía garantizar una paz a través del ejército y la fuerza. Sólo que en 1830, Bolívar era ya un alma en pena, dirigiéndose al destierro. 
 
Bolívar le escribe a Flores (1800-1864), Barranquilla, 9 de noviembre de 1830: “Usted sabe que yo he mandado veinte años y de ellos no he sacado mas que pocos resultados ciertos: 1.La América es ingobernable para nosotros. 2. El que sirve una revolución ara en el mar. 3. La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4. Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5. Devorados por todos los crímenes y  extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6. Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América”. Desaliento, decepción y tristeza de un Bolívar deprimido que un mes después bajaría al sepulcro.

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