La indiscutible verdad de Yogi Berra
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs   
Lunes, 06 de Febrero de 2017 02:42

alt​El mundo se estremece, se derrumban las certidumbres y nadie puede estar seguro acerca de la estabilidad del sitio sobre el que está parado.

No es que en lo años que llevamosviviendo el mundo fuera ese paraíso terrenal del que cuentan las Escrituras o nuestros pueblos y ciudades esas apacibles campiñas que retratan las maravillosas ilustraciones del Libro de Horas del Duque de Berry. Durante mi vida ha tenido lugar la más espantosa y devastadora Guerra Mundial, han estirado sus brazos y han sucumbido los dos más aterradores totalitarismos – cosechando de cadáveres el sendero al paraíso de sus prometidas utopías – han tenido lugar conmociones telúricas, revoluciones, insurgencias, guerras coloniales, genocidios sin cuento y ya, cuando se asoma el final de esta personal aventura, Europa está siendo invadida por la barbarie de la Yihad islámica, como si no hubieran transcurridos casi mil cuatrocientos años de la Hégira y la posterior expansión del Islam en Europa, detenida por la fuerza de las armas y el coraje de Charles Martel. Para ser expulsados de la península ibérica muchos siglos después, en ese histórico y crucial año de 1492.

​Cuando en esos cinco días cruciales de mayo de 1940Winston Churchill asumiera el mando de Inglaterra y jurara combatir, así fuera de rodillas y hasta dar su última gota de sangre por frenar, detener y derrotar la más feroz invasión jamás habida de la barbarie nazifascista, pocos daban un centavo por la victoria aliada sobre las poderosas y aparentemente invencibles fuerzas de los ejércitos germanos. Europa había caído en sus garras. Francia capitulaba. Los Estados Unidos mantenían su aislacionismo y se negaban a entrar en guerra.  El mundo estaba a un paso de caer en manos de Alemania y el fin del reino de la libertad parecía consumarse.

Presiento que vivimos una situación semejante, sin sufrir las formas de aquellos enfrentamientos bélicos, que parecen pertenecer definitivamente al pasado. No son dos bloques de fuerzas globales las que se enfrentan: es un  mismo bloque globalizado el que se desmorona por la presión desestabilizadora de sus propios componentes. Es el agotamiento de un modelo de crecimiento, acechado por todos sus costados y sin aparentes salidas. Nos estamos hundiendo en nosotros mismos. Como con crudeza y singular lucidez lo escribiera en un dramático artículo llamado La guerra en curso, que más que un artículo es un ensayo de premoniciones, el novelista español Arturo Pérez Reverte: “una continuidad de enfrentamientos desde Maratón, Salamina, Platea, Lepanto, Viena, Nueva York, la era de las batallas decisivas enfrentando ejércitos ha terminado…Pero que estamos en guerra, no cabe la menor duda, y no es la guerra al estilo de Wateerloo o Normandía o Stalingrado, es una guerra de miles de hechos acumulados, esporádicos, de guerrillas, sin declaraciones ni banderas ni cargas de caballería, y a eso se enfrenta Europa y sus posibilidades, honestamente, no son las mejores…”

Desde este desfondamiento de nuestras certidumbres, que en Venezuela ha causado, en una guerra no declarada,muchas más víctimas que las habida durante los desórdenes y desmadres de las guerras de Independencia y las furias incendiarias de Zamora y sus “liberales”, también Venezuela es víctima de la Yihad, también Venezuela sufre “una guerra de miles de hechos acumulados, esporádicos, de guerrillas, sin declaraciones ni banderas ni cargas de caballería…” Es la guerra soterrada del castrocomunismo cubano, de la izquierda castrista latinoamericana, de los partidos y grupos que integran el llamado Foro de Sao Paulo y están consciente o inconscientemente imbricados con el mismo Estado Islámico que atropella Europa a la conquista del mundo. ¿O alguien cree que el ascenso y entronización de un agente de la Yihad en la vicepresidencia de la República es un hecho fortuito, una coincidencia ajena a la voluntad de Raúl Castro y el Foro, una mera repercusión circunstancial del embate del Estado Islámico sobre una Europa asediada y a la defensiva? Sobre el trasfondo de todas las guerras continúa, implacable e indiferente a los vaivenes de victorias y derrotas, la guerra de clases.

Roger Noriega nos acaba de anticipar el posible interés de los nuevos inquilinos de la Casa Blanca por volver sus miradas al patio trasero y detenerse a contemplar lo que sucede en Venezuela. No es el único. Otros analistas destacan el cambio en el campo de intereses de los nuevos asesores del Departamento de Estado y su nuevo jefe, un profundo conocedor de las habas que se cuecen en los círculos bolivarianos del poder, con los que siendo un alto ejecutivo de la Exxon en nuestro país tuvo tan serios problemas, que debió salir del país. 

​En pocas palabras, se acabó la alcahuetería filo castro musulmana  de Barak Obama. Las relaciones de poder entre los países del Caribe y Washington dejaron de ser lo que fueran durante los ocho años de los demócratas. Y tampoco el Departamento de Justicia y el Pentágono se mostrarán dispuestos a lavarse las manos ante el Cártel de los Soles y permitir que una región de la más alta importancia geoestratégica para los Estados Unidos siga en manos de corruptos narco generales castristas. Si los referidos anuncios sólo tuvieran una pequeña incidencia “a lo interno” de las fuerzas señaladas, es de imaginarse lo que podría estar sucediendo entre quienes se creían blindados y seguros llevando al país a las entrañas de la isla de la infelicidad. De allí que me asalte el recuerdo de la famosa sentencia de Yogi Berra: “el partido no se termina hasta que se acaba”.Y por lo visto, está muy lejos de haber terminado.

 

 


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